A la opinión liberal, 20 de julio de 1936, Santa Cruz de la Palma

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A la opinión liberal



Unos cuantos jefes militares

acaudillados por el general
Franco, se han lanzado a los
gritos de ¡Viva España! y ¡Viva
la República! a un movimiento
revolucionario, poniéndose en
franca rebeldía contra de los
Poderes constituidos de la na-
ción, faltando a las promesas
más delicadas y a los deberes
más santos para cuantos visten
el honroso uniforme del Ejérci-
to, para sublevar a las tropas y

lanzarlas a una lucha fraticida.


Que no debe ser tan hondo

su patriotismo, lo pregona elo-
cuentemente que no han dudado
un momento en convertir el so-
lar de España en un charco de
sangre, sacrificando cuantas vi-
das sean precisas para saciar
sus apetitos de mando, halagan-
do de paso, con ello, a la alta
burguesía y a la reacción ne-
gra de los enemigos de toda li-
bertad; que no sienten el menor
cariño ni el respeto más insig-
nificante por las instituciones
republicanas, lo demuestra con
toda claridad la decisíón y el
coraje con que ponen en peli-

gro su seguridad.


Las comunicaciones todas

con la Península se hallan cor-
tadas; en Tenerife y Gran Ca-
naria se hallan en poder de los
facciosos y las únicas fuentes
de información con que conta-
mos son las emisoras de radio,
de algunas de las cuales se va-
len los rebeldes para lanzar no-
ticias falsas que tienden al que-
brantamiento del espíritu cívico
de la democracia española, dis-
puesta a defender la Repúbli-
ca a todo trance; pués sabe por
amarga y triste experiencia,
que la vida sin libertad no me-
rece la pena y que es preferible
una muerte honrosa a soportar


la vil servidumbre de la escla-
vitud. En medio de la confusión
reinante, nos es posible .irnos
orientando respecto de la situa-
ción por las noticas que facili-
ta constantemente el Ministerio
de la Gobernación y por las
que nos llegan desde el estran-
jero. La situación del Gobierno
de Madrid no es apurada, ni
mucho menos, pués cuenta has-
ta ahora con las asistencias ne-
cesarias para defender el régi-
men y reducir a los rebeldes,
imponiéndoles el castigo que
se merecen. Por otra parte, los
facciosos no han logrado los
objetivos que se proponían en
los primeros momentos, cuan-
do la sorpresa y la desorienta-
ción causan mayores extragos
que las bajas en estos trances;
bien por el contrario, el general
Goded, jefe de la rebelión en
Cataluña, que se ha tenido que ren-
dir a las tropas leales; así co-
mo otros jefes militares y el
comandante y oficiales del ca-
ñonero «Churruca» que fueron
apresados por la propia dota-
ción de este buque de nues-
tra Marina de guerra. Que-
dan focos de rebelión en las
provincias Canarias, en Ba-
leares, en Áfricam en Sevilla
y en alguna otra provincia,
que poco a poco serán re-
ducidos. Salvo algunas guar-
diciones, todo el Ejército está
con el Gobierno, incluso la
aviación, elemento de una im-
portancia extraordinaria, la
Guardia de Asalto y la Guardia
Civil, que mantienen una in-
quebrantable lealtad al Poder

público.


Poco o nada podemos cola-

borar desde aquí al triunfo de
la casua legítima, al manteni-


miento en toda su integridad del
régimen que se impuso volun-
tariamente el pueblo español
sin violencias ni sorpresas de
la fuerza, sin golpes de Estado
y sin pronunciamientos milita-
res, haciendo uso, exclusiva-
mente, del derecho del sufragio;
el medio más democrático con
que los pueblos pueden contar
para expresar su voluntad y su
deseo. Pero nuestro aliento cí-
vico, nuestra simpatía, que
constantemente acompaña a los
que se están jugando la vida
por la República. llegarán hasta
ellos por los hilos misteriosos
que ponen en constante comu-
nicación a los que tienen unos
mismos ideales e idénticas as-
piraciones y les infundirán ar-
dor y aliento para vencer, para
imponer el derecho y la justicia
frente a las brutales imposicio-
nes del militarismo, que intenta
pisotear la más gloriosa con-
quista de la democracia espa-
ñola para imponernos una Re-
pública corporativista a la ale-
mana o una República presi-
cialista, militarista a la por-

tuguesa.


Sin desertar del puesto que

el deber nos señala en esta ho-
ra rojo de lapatria y de la Re-
pública, tengamos serenidad,
mantengamos nuestro espíritu
en calma, dispuestos a defender
lo que nadie legítimamente nos
puede disputar y dejemos que
vibre en nuestas almas el nom-
bre de España, que para nos-
otros es santo y que otros, los
llamados a defender su honor
y la integridad de su territorio,
prostituyen con su conducta y

con sus perjurios.


¡Viva España! ¡Viva la Repú-

blica! ¡Viva la Libertad!


Santa Cruz de La Palma, 20 de julio de 1936.
El Comité de Unión Republicana

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