A un buque náufrago

De Wikisource, la biblioteca libre.
Ir a la navegación Ir a la búsqueda

A un buque náufrago
de Vicente Wenceslao Querol



Ahí, tendido en la desierta arena,
cual gladiador vencido,
náufrago buque, con amarga pena
contemplo rotos tu poder, tu gloria;
y el mar sañudo, que a tus pies resuena,
parece, al son de sus movibles olas,
celebrar tu desastre y su victoria.

¿Quién lo temió cuando por vez primera,
al viento dando las tendidas lonas,
soberbia nave, el resguardado puerto
dejaste y, altanera,
de las aguas sin fin por el desierto,
buscaste audaz las apartadas zonas?
¡Qué bello entonces, nave, hubiera sido,
cuando en bonanza el mar sus olas tiende
y el sol de fuego, hasta el cenit subido,
en cambiantes de luz el agua enciende,
tu vela hinchando las saladas brisas,
que blandas rizan la nevada espuma,
verte llevada, como leve pluma,
por sus extensas superficies lisas!
O bien, al rebramar las tempestades,
cuando imponente el huracán conmueve
las inmensas, cerúleas soledades,
y apiña el manto de enlutadas nubes;
cuando la mar sus gigantescas moles
lanza de Norte a Sur, de polo a polo,
y un continente y otro estremecidos
pueden apenas sostener su embate,
¡verte a ti, buque audaz, verte a ti solo
ante el viento y la mar embravecidos,
trabar con viento y mar rudo combate!
Y ora mirarte allá en el horizonte
punto negro escondido;
ora avanzando al pavoroso empuje
del agua, tal como gigante monte
sobre ti desprendido;
y verte al fin, las olas y huracanes
venciendo, entrar en el seguro puerto
que en largos brazos se extendía abierto,
calma feliz brindando a tus afanes.

Hoy, escarnio del mar que dominante,
muestra eres fiel de la inconstante suerte,
muda lección que a los humanos dice
el fin cercano del poder más fuerte...
...Tal en la tierra míseros despojos
vemos aún de los pasados pueblos
que sobre el mundo han sido,
restos de los imperios naufragados
en el mar de la edad, que ella abandona
sobre las playas del eterno olvido.

[...]

Como tú, buque audaz, el alma mía
bogó al nacer por mares de ventura;
después la tempestad de las pasiones
cambió su claro cielo en noche oscura,
y airados aquilones
la combatieron con su furia impía,
hasta que al fin, del triste desengaño
sobre la arena fría,
náufraga mi esperanza se halla ahora,
sombra no más de lo que fue algún día.

¡Nave infeliz, si tu cortante prora
surcó la mar en busca de riquezas,
que la paz y el comercio te brindaron,
yo deploro tu fin! Mas, si sus iras
en ti escondió la tormentosa guerra,
que en sed de sangre y destrucciones vino
a conturbar el golfo cristalino,
estrecha siendo a su furor la tierra;
si obedeciendo, cruel, a tu marino,
aportaste a las líbicas arenas
para llenar tu seno, en su codicia,
con sus hijos cargados de cadenas,
que América por oro le trocase,
saciando su sacrílega avaricia,
o si buscate, oh nave, entre los mares
a la ambición del hombre un nuevo mundo
ignorado hasta aquí, donde la Europa
su germen lleve de dolor y horrores,
y de su vicio inmundo
derrame llena la nefanda copa,
bien hizo el ancho mar, el mar profundo,
en desatar su rabia y sus furores
para arrojarte sobre playa ignota,
donde la ira de tu Dios se lea,
y abandonada y rota
lección al hombre tu infortunio sea.