A una maga

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Tú, que en las horas de congoja y duelo,
volando alegre por la oscura esfera,
cuando la suerte me persigue artera,
de visiones de paz pueblas el cielo;
tú, que, aplacando mi perpetuo anhelo,
siempre de mis desdichas compañera,
las turbias heces de mi vida entera
tornas en dulce filtro de consuelo,
fresca Imaginación, cuyo celaje,
de luz, de amor, de dicha y de bonanza
baña en alegres tintas mi follaje,
¡dame, pues tu poder a tanto alcanza,
un jirón de tu espléndido ropaje
para echar un remiendo a mi esperanza!