Al poeta mexicano D. Juan Ruiz de Alarcón

De Wikisource, la biblioteca libre.
Ir a la navegación Ir a la búsqueda
Nota: En esta transcripción se ha respetado la ortografía original.


AL POETA MEXICANO D. JUAN RUIZ DE ALARCÓN. [1][editar]


BROTÓ en el primer día
De la mirada del Señor radiante,
Cual torrente fecundo,
La luz que inunda el anchuroso mundo;
A sus reflejos mil, aparecieron
Nubes de vistosísimos colores
Que en el diáfano espacio se extendieron
A los primeros fúlgidos albores.

Sonrió naturaleza:
Y de entonces el hombre,
El bruto, el pez, el ave,
El reptil y el insecto imperceptible,
Con gratitud inmensa y alegría
Saludan en el mundo
El sonrosado albor de cada día.

Más bondadoso aún el Increado,
Al sér privilegiado
Otra luz quiso darle refulgente,
Y de su misma mente,
Lleno de amor profundo,
Un destello arrancó, y onmipotente
El génio vino á iluminar al mundo.

Lo alumbra, sí; pero también la envidia
Torpe, á sus pies, cual víbora iracunda,
Lucha en su encono y su fatal perfidia
Porque el génio inmortal en polvo se hunda.
¡Estéril anhelar! el vulgo frío
Indiferente huella
Las ricas flores del talento humano.....
Pero jamás del hombre el soplo vano

Atravesara el límpido vacío
Para apagar á la remota estrella.

Homero el inmortal cruzaba errante
Por los pueblos de Grecia: infortunado
Colón, que sabio y fuerte
Quiso á la España regalar un mundo,
Halló en España, por su infausta suerte,
El desprecio profundo:
Sócrates que en el seno
Vertió de Roma su saber un dia
Recibió de esa misma patria impía
Para sus labios el fatal veneno;
Y en calabozo oscuro
Murió quien vive de la fama encanto,
El gran Cervantes, el preclaro ingenio,
El mutilado ilustre de Lepanto.

Hoy de Alarcón la inmarcesible gloria
Venís á celebrar, ¡ofrenda justa
Cuando revive su olvidada historia!
¡Ah! también él, sentido y tierno vate,
Que enseñó la verdad, que denodado
Defendió la virtud, que independiente

El vicio combatió, bebió en el cáliz
Del amargo dolor. El vulgo torpe
Que el genio de Alarcón no comprendía,
Con escarnio y con mofa le pagaba,
Y Alarcón, aunque triste, no cedía.
Ni al eco de las burlas que escuchaba
Se amenguó su nobleza é hidalguía;
Pero su tierno corazón lloraba!

Triste destino el del talento! ¡oh cuántas,
Cuántas víctimas, todas inmortales!
Al cruzar por el valle de la vida
Sienten el alma de dolor transida;
En su existencia el genio en vez de flores
Encuentra llanto y luto y sinsabores;
Mas llega al fin un día
En que esos seres que tan solo alientan
Encono y osadía,
Con la cerviz doblada,
Al contemplar esos ilustres nombres
En los eternos fastos de la historia,
Se humillan al fulgor de tanta gloria.
Libre la fama por el orbe todo
¡Alarcón! repitiendo

Su alto triunfo pregona placentera,
Y orgullosa la patria en que naciera
El vate, vibra palmas de victoria
Y entusiasmada canta
Himnos eternos á su limpia gloria;
Venid á regar flores,
Venid á dar al viento vuestros cantos,
Ardientes trovadores,
Y del hijo del Tasco, del poeta,
Ensalzad el aliento soberano:
El mundo todo con respeto admire
La gloria del ilustre mexicano.
México ¡oh patria mía!
Cara á mi corazón y desgraciada,
Pláceme ver que rindes á porfía
Culto al saber, y al genio omnipotente
Tienes verde corona preparada.
Pláceme verte en tu dolor prolijo
Aunque el consuelo el porvenir no mande,
Llora, patria infeliz, era tu hijo,
Mas levanta la sien, porque era grande....!

  1. Esta composición fué escrita por encargo de la Academia de San Juan de Letrán para ser leída en la función de apoteósis que se preparaba al poeta.