Ante los bárbaros: 02

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Prefacio

Hora de las desolaciones, y, de las lamentaciones;...

ellas, llenan el Mundo, como gritos de profetas, sepultados bajo las ruinas de los templos, sobre cuyas murallas profetizan...

murallas que se derrumbaron, como para aplastar con ellos, el horror de sus propias profecías;

ese gemido llena el mundo, con el rumor lamentable de un huracán, que solloza en el corazón de una vieja selva;

sordos están los cielos y la Tierra, para oír ese gemido formidable;

sordos y ciegos;

las manos de la Muerte, les tapan por igual los oídos y, los ojos;

y, hacen de ellos unos cadáveres más, entre los millones de cadáveres que empastan la atmósfera con un olor de entrañas en descomposición;

el Templo de la Justicia, está cerrado, y, la imagen de la diosa, yace, rota en pedazos, al pie de sus altares;

montones de muertos, limitan los horizontes, como si la Eternidad no pudiera recibir en sus dominios, esta invasión inesperada;

nubes de cuervos velan las nubes de los cielos, ocultándolas a los ojos de aquellos que los ven morir...

la hora es de los grandes carniceros...

los unos se encargan de devorar, a aquellos que los otros empujan brutalmente al sacrificio;

ellos se alimentan de cadáveres;

cadáveres de hombres, y, cadáveres de pueblos;

es la hora de su festín;

¿quién consolará al Hombre sobre la tierra, en esta hora de Dolor, en que todo, hasta las lágrimas, ha perdido su prestigio?

¡llorar!...

y, ¿para qué?

en ninguna hora de la vida del mundo, la inutilidad, y, la esterilidad de las lágrimas, fueron puestas más de manifiesto...

llorar, es, envilecer su dolor, y, el dolor de los otros;

hoy se llora tanto, que permanecer sin llorar, es una excepción;

el Dolor, ha envilecido al mundo;

el Dolor y, la muerte, son los únicos soberanos de esta hora..

llorar...

y, morir...

esos son los únicos gestos que cumple el Mundo...

y, de ellos, solo el de morir, es fecundo;

la Muerte, es inexorable, en su grandiosa misión de fecundar y renovar la Vida;

los hombres muere, para el Hombre viva;

el Patriotismo, mata al patriota, para salvar la Patria;

¡cómo la vida es absurda!

absurda y fatal;

durante medio siglo, el Mundo, no engendró hombres sino para el Sacrificio, y, las entrañas de las madres, no los parieron, sino para la Muerte;

Dios ha desertado del Cielo, y, los hombres no lo encuentran en ninguna parte, para pedirle justicia;

espantado del crimen de los otros, que es su propio Crimen, ha huido muy lejos, donde sus ojos no ven este campo de las desolaciones, y, sus oídos no oigan este gemido formidable que se alza del corazón de la tierra, castigada por él...

él, puso de nuevo la carraca del asno, en las manos de Caín, y volvió el rostro, para no ver el sacrificio de Abel;

huérfano de la Divinidad, el hombre se halla solo; en manos de la fatalidad...

solo, frente a su Destino...

y, el Destino, se obedece; no se vence;

morir, es, el Decreto Inexorable del Destino, en este momento histórico, en que los dioses mismos parecen ebrios de sangre;

el Horror, es uno como ser vivo, que ha tomado formas, y, mutila los hombres y, decapita los pueblos;

el mundo agoniza con las venas abiertas, sobre sus campos ardidos, al pie de sus dioses inútiles, incapaces de protegerlo, y de vengarlo;

en esta fosca Tragedia, como en los poemas de Homero, los dioses han bajado a combatir sobre la Tierra;

y, son vencedores;

y, son vencidos, como los hombres;

el viejo Dios, semita, salvaje e inverecundo; el dios del Asesinato, del exterminio y de la Guerra; Jehová, el dios de Moisés, que cubre con sus alas empapadas en sangre, todas las páginas del Pentateuco, ese Moloch, embrionario y retrospectivo, que llenó de espanto, el alma de los hombres, en los primeros días de la Historia, guía hoy, como ayer, las hordas de la barbarie a través de las ciudades destruidas y de los campos incendiados;

es el dios de los teutones, el dios bárbaro que empuja sus hordas migratorias, por los campos del Asesinato y de la Devastación...

el fantasma de Atila les hace compañía;

el Dios, misericordioso, desarmado de rayos y, de castigos; el dios del Perdón y, el Sacrificio, aquel del cual los hombres hicieron un símbolo de Humildad, para crucificarlos en el Gólgota, ese Dios, en cuyo nombre se han cometido tantos crímenes, sin haber él, cometido ninguno, el dios Cristiano, aquel de las catacumbas y de los eremitas, se ha refugiado con su mortaja blanca, desplegada en forma de bandera, entre las legiones del Derecho y de la Libertad, entre los soldados de Francia y de Italia, y, en procesiones de mártires que tiemblan bajo el azote en los campos talados, y, entre las ruinas humeantes de Bélgica;

estos dioses combaten al frente de sus ejércitos;

el uno, es la Barbarie;

el otro, es la Civilización;

el uno, se encarna en el Amo coronado, que lleva a la batalla, su tropel de esclavos enfurecidos, que al morir, se vuelven hacía él, gritándole, como los otros en el circo: César, los que van a morir te saludan;

los otros, no tienen Amo;

los hombres libres, no son rebaños de siervos;

ellos, son pueblos; no son tribus encadenadas;

cabalgan en el Hipógrifo de fuego de su propia inspiración, no obedecen a la espuela del Amo coronado, que les rompe los hijares;

los esclavos imperiales del Rhin, han obtenido, es verdad, grandes victorias, pero, se han apresurado a deshonrarlas;

en la punta de sus lanzas, la Victoria se ha hecho: el Crimen;

ellos, no ha obtenido el honor del Triunfo, sino haciendo de cada uno de los suyos, un triunfo contra el Honor;

los otros, los libres, han sorprendido al mundo por sus virtudes tanto como sus victorias, encargándose de probar, que ellos tienen derechos al Triunfo porque son el triunfo del Derecho;

la Libertad está con ellos, porque ellos son la Libertad;

en esa marea de pueblos, que lanzan los unos contra los otros, para morir en un solo montón de ruinas y de escombros... ¿quién osará hablar de algo que no sea la Muerte?

Ahora, que los fantasmas de Tiro, de Babilonia, de Nínive, se alzan en el horizonte, humeantes y crepitantes, llenos de la profunda voz del trueno y del fulgor espeluznante de la llama;

Ahora, que Lovaina, Reims, Amiens, resucitan el horror de los lejanos incendios prendidos por los bárbaros en los lejanos límites de la Historia;

Ahora, que los pensadores y, los solitarios, profetas de los tiempos modernos, dicen mirando hacia las torres y, los palacios de Berlín y de Postdam:

Troya, también verá su último día....

ahora, que ante la quiebra estrepitosa de la Civilización, el Mundo no sabe sino lamentarse y morir entre sus ruinas;

ahora, que las tinieblas de la Muerte, ciega los ojos de la Humanidad y, le impide mirar hacía la vida;

¿quién dirá a la Europa en fuego, los dolores y, la agonía de la América Latina, asaltada y violada por un tropel de bárbaros no menos codiciosos, ni menos crueles, que aquellos, que a la voz implacable del Destino, salieron de los silencios de la Selva Negra, con el designio de pillar y degollar al Mundo?

¿quién contará a la Civilización Latina, amenazada de morir, en Europa, el Calvario de la Raza Latina, pronta a desaparecer en América?

también allí, la Odisea de la Barbarie, avanza nuevamente;

allí, la Conquista avanza...; pero traidora y, silenciosa, como las aguas de una inundación en la noche;

avanza, con los mismos caracteres de violencia implacable y de cólera asesina, que la que devasta los llanos de Picardía y los campos de Flandes y del Brabante;

también allí se degüella a los pueblos, sobre los altares de sus dioses y, las cenizas de sus hogares;

también allí la Justicia es violada, y el derecho no tiene otro refugio que los brazos de la Muerte;

también allí, el dios de los vencedores parece ser más fuerte, que el Dios de los vencidos;

en aquella zona, donde hay una confluencia de razas antagónicas, enemigas desde el vientre de su madre, como los gemelos de la Escritura, se lidia la espantosa tragedia de Etocle y, Polinice, y, en el silencio de las selvas, la carraca del asno hace en las manos de Caín, el mismo estrépito que en los bosques del paraíso, en los primeros días del Génesis;

allí, los corceles del Despojo, piafan sobre los campos vírgenes, que no son los suyos, y, el mundo no siente el tropel de las hordas de Alarico, marchando redivivas en la montañas latinas, ni ve el rumbo de las naves de los piratas del Norte, que navegan fijos sus ojos en las estrellas del Sur.

Washington, apuñala a Bolívar por la espalda; y roba sus tesoros;

los yanquis, se entregan al reparto y, al despojo de la América Latina y, el mundo ignora este reparto hecho por los piratas de Cartago, creyendo en la derrota de Roma;

y, allí, la raza vencida, es la misma que resiste al vencimiento en las orillas del Somme, en los desfiladeros del Carso;

y, sus hermanos de Europa, ignoran ese desastre, que no podrían por ahora, evitar si lo supieran...

el yanqui, ha escogido bien la hora...

esta hora trágica y, crepuscular, en que nadie puede ir en ayuda de los pueblos que devoran;

el yanqui ha explotado la guerra europea, como su fuera una mina...

ha engordado con la sangre que fecunda la Tierra;

pueblo sin corazón, él, no tiene sino vientre;

él ha amonedado la sangre y las lágrimas de Europa, y, ha hecho de este Infortunio, su Fortuna;

pero, ese crimen de judíos, avaros, no es el solo crimen, perpetrado por ese pueblo a la sombra de la guerra;

los mercaderes, se han hecho, merodeadores, y, aprovechando que los pueblos de Europa, combaten, ellos, roban;

el monroísmo, es, la consigna de ellos;

atracar, más que atacar, los pueblos débiles;

esa es la consigna de su cobardía,

mientras los pueblos de Europa mueren, ellos roban;

ellos, prendieron la guerra en México, creyendo poder pillar entre las llamas de ese incendio;

retrocedieron asustados, cuando las hordas de Zapata y Pancho Villa, tan bárbaras como ellos, les salieron al encuentro, y, los obligaron a buscar la Vida, más allá de las fronteras violadas;

su Cobardía, fue igual a su osadía;

para vengarse de esa derrota de su codicia, cayeron sobre Haití;

la Isla, verde y oro, los sedujo, como una joya caída de los cielos;

desembarcaron allí, se declararon amos de esa democracia turbulenta de negros retardatarios, los fusilaron en las plazas públicas, los asesinaron, en los campos, se apoderaron de sus aduanas, y, se declararon, amos suyos, aprovechando que Francia, su antigua Metrópoli, no podía ayudar a la Isla inerme caída bajo el escudo de Kir;

los merodeadores, meditabundos sobre el carro de sus conquistas, vieron que la mitad de esa isla no era bastante a su codicia, y miraron desde la frontera, la faja esmeraldina y luminosa, de valles y de montañas, la tierra próvida que se extiende hacía el mar: Santo Domingo;

vieron que ella, era tierra de promisión y de riqueza; y, cayeron sobre ella;

¿quién podrá defender la Isla gloriosa?...

la mano del bárbaro, la agarrota, y, la hace temblar bajo su peso;

la Europa, ahogada en sangre, no tiene tiempo, sino para llevar las manos a su herida;

la espada de Odin, le ha atravesado el corazón;

Francia, la madre de la Libertad;

Italia, la madre del Derecho;

ambas combaten por el derecho de la Libertad;

ellas son las dos grandes hermanas de estas repúblicas adolescentes, que los hipopótamos del Hudson, aplastan bajo sus pezuñas insatisfechas;

¿España?

¡amada y gloriosa España!

ella es nuestra madre, pero, no puede ya, ser nuestro apoyo...

le faltan fuerzas para ello...

solo una nación, o un grupo de naciones jóvenes y fuertes, podrían salvarnos;

las naciones del extremo sur de América;

eso, que ha dado en llamarse el: A B C;

sólo esa constelación de estrellas, podría iluminar la noche del Continente;

es el tropel de los corceles de sus pampas, y, las naves que cruzan sus mares, los únicos que pueden detener el carro de los bárbaros, y desviar la ruta de sus naves aventureras;

¿por qué permanecen ellos sordos al grito de la Raza que muere?

¿no les importa nada la Raza, nada la Libertada, nada la república?...

en la reciente cuestión de México, dio la Diplomacia de esos pueblos, en los Estados Unidos, pruebas de una debilidad y de una ineptitud, rayanas en el prodigio;

muertos Julio Roca y, Sáenz Peña, que vivos vieron el peligro, y soñaron con afrontarlo y combatirlo, ¿no queda en la gran república pampera, un Político de talla, un Estadista eminente, un Hombre de Estado auténtico, capaz de abarcar la magnitud del problema, americano, y, buscar una solución victoriosa, a ese alarmante y vergonzoso desaparecimiento de pueblos?

no quiero creerlo;

aun hay almas de héroes y de pensadores bajo aquellos cielos diáfanos, de una azulidad difusa y transparente y, en aquellas praderas verdes, que proclaman a gritos su fecundidad, para producir algo más que ganados y pastajes...

aun hay algo más que rebaños en esas pampas;

aun hay hombres;

el alma de la América, vive aún en el gaucho; y yo, gozo en evocar la visión de un Héroe, surgido de aquellos campos, para contener la ola de los bárbaros, que casqueados de oro, avanzan en oleaje, sobre el Serapeum de la Raza y de la Historia...

y un día llegarán hasta la pampa... si el tiempo no se encarga de probar, que San Martín, murió sin herederos, y, que su mano, fue la sola capaz de manejar la espada en aquellas latitudes, para la libertad de los pueblos;

¿y, Chile?

su plutocracia autoritaria, no ha dado hasta hoy el Hombre de Estado, bastante perspicaz, para adivinar la victoria, reservada al destino de su país, más allá de los mares y de los montes que le sirven de frontera, y bastante audaz para ensayar un gesto trascendental, fuera de los diminutos y, asfixiantes gestos de la política parroquial;

el Brasil, amenazado directamente por la colonización alemana, apenas tiene tiempo de mirar con asombre, ese cáncer que crece en sus entrañas, y, no ve o no quiere ver, la lenta invasión de los búfalos, que vienen de las riberas del Hudson, ese río paternal del Despojo y, el Pillaje, los dos gemelos nacidos de su seno;

el Hombre o el Pueblo, llamado a salvar la América en estos días aciagos de turbación y de perplejidad, no aparece por ninguna parte...

ni hombres, ni pueblos trascendentales...

La Mediocridad, sin ojos para mirar, el mañana extenso y dominador, que naufraga tan cerca de ella...

esto llena de estupor y de incredulidad;...

esto llena el alma de pesimismo, sobre un tal conjunto de pueblos;

esta visión de caos, tiene los lineamientos insensatos de una alucinación;

es extraño;

perece increíble;

pero es evidente...

tierras apenas desfloradas y ya infecundazas para producir un Grande Hombre, o un Gran Pueblo...

fíjese bien, que de grandeza moral y trascendental, hablo, que de grandeza material, yo, nada dije...

tales cosas, bastante son, para hacer palidecer a un Hombre, sobre el cielo de sus visiones,, y meditar con tristeza, sobre el abismo de las tinieblas, ante esa fuga de almas de pueblos y, de hombres que huyen de la gloria...

¿Dónde encontrar la Fuerza para defendernos, en este torbellino de fuerzas que nos rodea?

En esos pueblos de América, que tal vez mañana no serán, sino una vaga nomenclatura en la Cronología de la Historia, hay un grado de inconciencia estupefaciente, que sirve a explicar, ya que no a disculpar, su abominable indolencia, ante el peligro real que los circuye...

¿es el fermento de la raza aborigen inerte y fatalista, el que los sume en este síncope de sueño en la Eternidad, que semeja una muerte real?...

yo, no sé lo que pase en el corazón inculto de esas selvas de hombres, sobre los cuales, la palabra, no tiene ya poder, y, nada, ni el recuerdo de la muerte puede despertarlos a la Vida;

y, sin embargo, lo único que hay de heroico, lo único que hay grande allí, es la Muerte;

casi podría decirse, que es lo único que hay vivo;

toda grandeza se ha refugiado en el Pasado...

sólo ellos habla, con sonidos que los vivos no oyen, pero que eclipsan por su elocuencia, todos los gritos sin trascendencia lanzados desde las tribunas de la Venalidad, en esa feria de pueblos...

la América, no está guardada sino por las tumbas de sus héroes...

y, ¡ay! Ellos desambulan también, porque sus tumbas no son libres...

ellas son rehenes de la Conquista...

la de Bolívar, yace en tierra esclava del yanqui, vendida, miserablemente vendida por un cacique bárbaro, por un Pretor analfabeto, que no sabe siquiera deletrear el nombre de su crimen;

la de Santander, el ¿Hombre de las Leyes¿ yace entre los hombres sin ley, en una patria mutilada por el yanqui; su piedra tubular hendida fue por la espada de la Traición, coronada de laureles;

la de Morazán, yace en ese campo atrincherado de la traición, que la hiena guatemalteca, cubre con su sombra fétida y, feral...

campo de yanqui es;

las de Hidalgo y de Morelos, altas, como tumbas de águilas, no han sido aún profanadas...

grupos de héroes, montan la guardia en torno a ellas...

y, el yanqui, retrocede ante esas tumbas inconquistables...

ese pueblo, tiene aún el recuerdo de sus Héroes, el recuerdo de su obra magnificente, de Independencia y, Libertad, que otros pueblos, en el colmo de la Degradación, no queriendo defenderla, se conformaron con venderla;

¿vendrá de México el Héroe, todo de Idealidad y de Verdad, que aprisionado por el rayo de Damasco, incendie con él, el ramaje virgen de nuestros bosques, y, a la luz de ese incendio, no tan grande como la suya propia, baje hasta nuestros pueblos ayuntados y descoyuntados, y, amarre como Bolívar, su caballo vencedor, a las columnas de los más lejanos Capitolios de América, profanados por el yanqui, o los pretores que reinan en su nombre?

¿será México el Pueblo Libertador?

Dejadme soñar a la sombra de mis banderas, vencidas...

Es esta hora trágica y sin ejemplo, la que escojo para la publicación de este libro...

él, sintetiza y, condensa, veinticinco años de batallas verbales, al pie de un mismo Ideal...

veinticinco años de profetización estéril, sobre esas mismas murallas, ya medio derruidas y, en parte ocupadas... por los bárbaros;

inútil, estéril, como todo Verbo de Profeta, que anuncia el castigo y no lo evita...

relámpago que alumbra la boca del Abismo y, no impide al ciego caer en él...

inútiles fueron mis palabras, ante los pueblos ciegos, que no supieron sino insultarlas...

y, la Isla Heroica, no hizo sino cambiar de Amo...

la fatal Elena, cambio de lecho...

no dejando a sus defensores, sino el triste derecho de cambiar de idioma...

el sacrificio de Martí, estéril fue, y, no tuvo Héroe Soñador, otro triunfo, que la suprema derrota de verse convertido en piedra...

y, dicen que en las noches, su estatua llora, sobre la tierra esclava...

yo, anuncie la separación de Panamá, cuando la inútil crueldad de José Manuel Marroquín, asesinando a Victoriano Lorenzo, estranguló en lo alto de la horca, la paciencia de aquel Pueblo...

un puñado de colombianos, arrancó después a Colombia esa estrella de su escudo...

y, esa estrella ha sido atraída fatalmente, hacía el sistema de las constelaciones del norte...

yo, anuncie la conquista de Nicaragua, y, la conquista fue...

y, como todos los profetas, fui lapidado a causa de mis profecías...

y, ellas perdidas fueron, como tragadas por la mar profunda o devoradas por la selva inmensa...

de esas profecías vencidas hago este libro...

es un tropel de gritos en la noche;

de gritos encadenados...

voces vencidas...

los hombres y, los acontecimientos me vencieron...

estoy tristemente orgulloso de ese vencimiento;

mis derrotas, valen más que esas victorias...

ser vencido con la libertad, eso es Gloria...

vencer la Libertad, eso es crimen...

y, yo, caí, vencido con la libertad...

los gritos de ese combate forman este libro;

permanezco fiel a ellos...

fiel a ese Ideal, de mi juventud y de mi edad madura;

entro en la vejez abrazado a él...

espero el triunfo lejano de ese Ideal;

creo en ese triunfo, que mis ojos mortales no han de ver...

esperar es la forma más bella de creer...

yo, he matado en mí la Fe, pero no he matado la Esperanza;

ella canta en mi corazón...

Yo espero;

arrojo la semilla en el surco, y espero el nacimiento del Sol, sobre los cielos remotos;

desde el fondo de mi soledad, yo saludo el levantar lejano de esa Aurora...

Vargas Vila

1917