Bancos Nacionales y bancos particulares

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<< Autor: José Batlle y Ordóñez


Martes 1ro de septiembre de 1891, EL DIA

Editorial

BANCOS NACIONALES Y BANCOS PARTICULARES


La prensa constitucional y el Gobierno de consuno han lanzado el más terrible anatema sobre los bancos nacionales o de Estado. No sirven. Basta que tengan en ellos alguna intervención del Gobierno para que estén expuestos a hacer cuevas de las mayores trapizondas y objetos de las más profundas desconfianzas. En cambio se presenta a los bancos particulares como los non plus ultra de la probidad, del espíritu realmente progresista y de las garantías ofrecidas al público.

¿De donde salen estas doctrinas, estas creencias?... Si se tratara de gentes sin preparación científica, lo sabríamos. De la reciente ruina del Banco Nacional que ha impresionado hondamente, por lo mismo que no era esperada. Pero tratándose de espíritus cultos, que pueden comparar los hechos que se han producido en un momento poco feliz de nuestra historia económica y financiera, con los que se han producido y se producen en todos los tiempos en éste en otros países,- no lo sabemos.

Hemos visto la ruina de un Banco Nacional. Bien. Pero ¿olvidamos que en el mismo momento, antes y después, caían también en ruinas poderosos establecimientos del mismo género en que no tenía intervención alguna del Estado? La Compañía Nacional, y las numerosas instituciones de crédito que se crearon casi al mismo tiempo que el Banco Nacional, -¿dónde están? Han caído con desplomes más o menos estruendosos. Y ¿esto no dice nada contra los bancos particulares?... Pues en esas instituciones no tenía intervención alguna del estado.

Nuestra historia bancaria es breve. No hemos ensayado más que una vez el Banco Nacional, que no lo era por completo, y eso en una situación totalmente anormal. Pero hemos visto muchas lo que son los bancos particulares. La gran crisis del 68 bastaría por si sola para que fuésemos algo menos entusiastas al hacer su apología. El Banco Mauá, el Banco Montevideano, el Banco Oriental, el Banco Navia y el Banco Italiano cerraron estrepitosamente sus puertas en aquel año. -¿Tenía intervención alguna el estado en esos bancos?. Y citamos solamente nuestros ejemplos caseros. Si traspasáramos las fronteras de nuestro país hallaríamos que en todas partes, en Francia, en Inglaterra, en Alemania, en Bélgica, en los Estados Unidos los Bancos de Estado o aquellos en que tienen intervención el Estado son los que gozan de mayor crédito y ejercen más benéfica influencia. Los bancos particulares quiebran por centenares dejando en pos el recuerdo solo de sus ruinas y, con frecuencia, de sus escandalosas explosiones.

Está aún fresca, entre nosotros, la quiebra de uno de los que más crédito habían conquistado. Otro, el Banco de Londres ha resistido victoriosamente a una primera corrida. ¿Resistirá mañana a una segunda? Y si la resiste, ¿no nos sorprenderá el día en que más tranquilos estemos la nueva de que la casa matriz ha suspendido pagos, allá, en el otro hemisferio? ¿Qué garantías ofrecen estos bancos?... Del Comercial no hablamos, porque esta institución más que Banco es el local en que custodian algunos potentados, a expensar, comunes sus barras de oro.

¿De donde salen, pues, esas doctrinas que propagan los diarios y acepta el Gobierno sobre la existencia de los bancos particulares?... Es admirablemente halagüeña la perspectiva que nos ofrece el ultimo mensaje. Se le harán concesiones y se le darán privilegios especiales a un banco; pero, se pase bien, ese banco será de particulares y el estado no tendrá más intervención en su administración que la necesaria para fiscalizar su marcha dentro de sus estatutos. Es particular! Se anuncia esta no intervención del Estado, de la comunidad, en un banco que debía ser suyo, como si se hubiera ganado una batalla, como si se hubiera hecho una conquista!. Es decir que debemos regocijarnos todos porque vamos a entregar incondicionalmente casi urgidos por una situación económica angustiosa, a precio vil seguramente, las exenciones y privilegios que debieran servirnos para fundar nuestro gran banco de Estado!... Y... ¿a quienes?... a unos capitalistas brasileros, y, sino algunos de esos capitalistas nacionales que hace año y medio ven las penurias por que pasa el país, sin dar un solo paso para aminorarlos. Entre Seyla y Caribidis, como si dijéramos. Por una parte, capitalistas brasileros, venidos del país en que esta ahora en auge el delirio de las especulaciones bursátiles, a propósito para vincularnos a la crisis brasilera, como nos vincularon a la crisis argentina los que vinieron de la opuesta orilla del río a fundar nuestro primer Banco. –Por otra parte capitalistas nacionales, si, pero de esos acostumbrados a no ofrecer dinero sino a quien no lo necesita. Esto es: por un lado las especulaciones a lo Reus, en perspectiva; por otro el sistema alentador y progresista del Banco Comercial! Y para impedir los grandes extravíos en uno o en otro sentido, la influencia del Estado reducida a cero!

¿Ofrece todo esto algunas dudas? ¿Se teme por la suerte del nuevo Banco? ¿ Se prevé nuevas especulaciones desenfrenadas o que las concesiones y privilegios en cuestión vayan a hacer más inexpugnable la posesión de los que están encasillados en sus barras de oro y niegan todo crédito al que no las tiene?...Pues no temer. El Banco será particular. El Estado no tendrá ingerencia en él. ¿No es una garantía bastante?...

En Estados Unidos, en un solo año, -dice el doctor Costa en su libro sobre el Banco Nacional, -quebraron 959 bancos particulares, produciendo una de las crisis más grandes que se han visto... Pero estos hechos nada significan. La opinión esta hecha. Hay que entregarse a los bancos particulares. Son los únicos que ofrecen garantías de honorabilidad. Al menos así lo vienen aseverando algunos diarios en este país.