Bellezas de la ciencia

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La ilustración española y americana (1870)
Bellezas de la ciencia
 de José de Echegaray

Nota: Se ha conservado la ortografía original.

BELLEZAS DE LA CIENCIA.

El arte es el más poderoso auxiliar de la ciencia; sin su eficaz ayuda no podria realizar su mision.

Envuelta en impenetrables misterios, recogida y austera, sin palabra para hacerse entender de los profanos, sin esa forma insinuante y cautivadora que detiene, admira y convence á las masas vulgares, tendria que vivir encerrada en el estudio del filósofo, ó en el laboratorio del alquimista, si el arte arrancándole sus secretos y adornándolos con sus hermosas vestiduras no los llevase por el mundo cautivando con ellos la inteligencia, ilustrando á las masas, contribuyendo á generalizar la civilizacion.

Por eso LA ILUSTRACION ESPAÑOLA Y AMERICANA se propone explicar bajo una forma artística todas las maravillas que la ciencia ha encontrado en el profundo y detenido estudio de la creacion.

Para que sirva de modelo, y al mismo tiempo para demostrar que la ciencia y el arte pueden vivir y florecer en una sola alma, inauguramos esta seccion reproduciendo un fragmento del inspirado discurso que el señor don José Echegaray, actualmente ministro de Fomento, pronunció en una de las Conferencias que con tanto éxito se celebran en la Universidad de Madrid, sobre la Influencia del estudio de las ciencias físicus en la educacion de la mujer.

De este bellísimo discurso tomamos el periodo en que la ciencia y el arte se reunen, se funden, se condensan para explicará la mujer, es decir, á la poesía, los fenómenos de

LA LUZ, EL SONIDo Y EL CALOR.

«Voy á explicaros, dice, en breves palabras, en brevísimas frases, unas "cuantas teorías de la física moderna, de las más elevadas, de las más profundas, de las más difíciles, de las más trascendentes; os voy á explicar lo que son el sonido, la luz, el calor, la electricidad, el magnetismo, y tantos y tantos otros fenómenos del universo. Y cuenta, que si no logro hacerme entender, si no me comprendeis, no será culpa vuestra, sino culpa del maestro; será por falta de claridad, órden y método en mí, no por falta de inteligencia en vosotras. De todos modos, pues, mi tésis quedará demostrada; si consigo que me entendais, porque me habeis entendido; si no me entendeis, porque la culpa será mia, esclusivamente mia, y la tésis quedará en pié ante vosotras; en pié respetuosamente, como debe estar ante concurso tan digno de respeto.

Os voy á explicar, repito, lo que son la luz, el sonido, el calor, etc. Tal vez me digais: «¿para qué esplicarnos eso, si lo sabemos perfectamente? Luz es la que brota de nuestros ojos; sonido, el que brota de nuestros lábios; calor, el que sentimos en las mejillas cuando el rubor acude á ellas?». Es verdad, no lo niego, no tengo nada que esplicar: por eso lo único que he de hacer será poner ante vosotras un espejo para que en ese espejo os mireis. Procedimiento muy natural tratándose de la naturaleza y de vosotras, porque puedo deciros con verdad que hay grandes puntos de contacto entre la naturaleza y la mujer: la naturaleza tambien es un tanto presumida, gusta de mirarse donde encuentra un pedazo de cristal, ya se lo ofrezca la pura fuente, ya el tranquilo lago, ya el mar inmenso en azulada superficie; y cuando así se mira (y en esto se parece á vosotras), en el Océano como en cristalino espejo, creedme, se encuentra hecha un cielo.

Digo, pues, que voyá esplicar qué son el sonido, la luz, el calor, etc., y para ello cumplo mi palabra: tomo un espejo. Imaginad un estanque, no el del Retiro, que es sobradamente prosáico, sino un estanque azul, ó, dicho con más poesía, un lago puro, trasparente, tranquilo; imaginad que está rodeado de verdes praderas, que forman como un bellisimo marco de esmeralda. (En rigor, para mi demostracion no necesito ni la pradera ni el marco; pero así resultará más bonito). Imaginad en la orilla de ese estanque un rosal, y suponed que una de las rosas, doblando su tallo y atraida por la frescura del agua, viene á sumergirse en ella. La cosa no es difícil hasta ahora: un lago puro, trasparente, etc., etc.; un marco verde de esmeralda, de puro lujo, y la rosa que se sumerge en el agua. Imaginad que arrojais una piedrecilla al agua de ese lago. ¿Qué sucede? Sucede lo que ya sabeis y habreis visto mil y mil veces: que alrededor del punto donde arrojásteis la piedrecilla habrá agitacion, habrá movimiento, nacerá una ola, un circulo de plata, una onda acuosa, que se irá engrandeciendo, ensanchando y dilatando, y que al fin vendrá á conmover dulcemente la rosa que se sumerge en la linfa del lago. ¿Habeis comprendido esto? No es muy difícil. Pues si habeis comprendido esto, habeis comprendido lo que es el sonido, la luz, el calor, y tantas otras teorías de las más difíciles de la física: hé aquí una ciencia pronto aprendida.

Y no es esto una vana imágen: si tuviera tiempo, si me atreviera, que no me atrevo, á molestar vuestra atencion, os demostraria que todos los fenómenos de la física, ó muchos de ellos, vienen á reducirse á este fenómeno elemental, sencillisimo, primitivo. Imaginad, en efecto, que pulsais la cuerda de un arpa: alrededor nacerá y crecerá una onda de aire, una esfera vibrante; la vibracion de la cuerda se esparcirá por el espacio; y así como por el choque de la Piedrecilla que se arroja en el lago las aguas se conmueven, y poco á poco se va estendiendo y engrandeciendo el círculo del movimiento, ó sea la vibracion acuosa, así alrededor de la cuerda del arpa se estenderán las esferas de la vibracion aérea; esferas que, llevando en suspenso, como misterioso ser alado, las vibraciones musicales, trasmitirán el sonido á todos los puntos del espacio hasta llegará vosotras; y vosotras os conmovereis dulcemente al contacto del sonido melodioso, como la rosa del lago se conmovió al llegará ella el bello circulo de plata que por el lago se estendia, Porque bien habreis comprendido que vosotras sois, y no Podíais menos de ser, la rosa de mi ejemplo.

¿Qué es, pues, el sonido? No es más que la vibracion, que se estiende, que crece, que toma forma geométrica, que es esfera de vibracion, y de esta suerte viene á conmover nuestro ser. Si yo pudiera, si yo tuviera tiempo, os haría comprender la diferencia que existe entre unos y otros sonidos, porque hay sonidos altos y sonidos bajos, que es lo que se llama intensidad del sonido, cual es el misterio físico, geométrico, mecánico de la melodía. Os podría explicar aun en términos claros, sencillos, evidentes, geométricos, qué es lo que se llama armonía; os haria ver que, así como arrojando diversas piedrecillas en el estanque se forman alrededor de ellas muchas olas, muchos círculos, que se cortan, y se tocan, y se unen, y se separan, y forman multitud de figuras geométricas de contornos estraños, de caprichosas labores, de rosas fantásticas en la superficie antes serena del lago, así alrededor del instrumento musical se forman, se cruzan, se cortan, se dividen, se confunden esferas sonoras, que, por decirlo así, pintan, dibujan, trazan en el espacio aquella misma música que viene á regalar nuestros oidos con sus divinos y maravillosos acordes, con su prodigiosa y sublime armonía.

Hay, pues, una relacion inmediata, profunda, entre los movimientos combinados y la armonía, entre el movimiento y el sonido. Y esto que digo del sonido, lo pudiera decir de la luz. Mas para esplicaros qué es la luz, necesito hablaros dos palabras de lo que es el éter. Existe en la naturaleza una cosa que se llama éter, pero no creais que es ese líquido á que acudis cuando estais atacadas de los nervios; es otra cosa. Es un flúido elástico, eminentemente sutil, un vapor que nadie ha visto, que nadie ha tocado; un aire, una especie de gas semi-espiritual; y sin embargo (creedme bajo mi palabra, que soy incapaz de engañar á nadie) este éter existe, ocupa el espacio infinito, estendiéndose por do quiera, penetrando por todas partes. Pues bien, ese flúido semiespiritual, ese vapor, ese aire, al vibrar, da origen á la luz. La vibracion del éter es la luz, como la del aire es el sonido, como la del agua del lago la ola, el círculo, la forma geométrica que en el lago se dibujaba.

¿Quién pone en movimiento el éter? El cuerpo que arde: la bujía que usais, el mechero de gas que veis en la calle, el rayo de luna en las noches tranquilas. en que hay luna, el sol que brilla en el espacio y así, la bujía, el mechero de gas, la luna, el sol, son cuerpos vibrantes, son las cuerdas del arpa, son la piedrecilla que arrojamos en miento, y alrededor de cada uno de esos centros luminosos se estiende la esfera de vibracion del éter; y así como tienden las esferas de las vibraciones sonoras, así las esferas que crecen alrededor del sol, y que á su alrededor se estienden, y se estienden en los ámbitos del espacio, llegan á nuestro planeta, iluminan las montañas, iluminan los valles, y van llegando á todas partes, y llegan á vosotras, y ¡mirad qué atrevidas! penetran al través del limpio cristal de vuestros ojos y despiertan en el fondo de vuestra retina la impresion luminosa.

Ya veis qué perfecta armonía, qué estrecha relacion existe entre todos estos fenómenos y otros muchos de que os pudiera hablar: relacion perfecta, admirable, matemáticas porque así como antes os hablaba de notas musicales, de melodía y de armonía en el sonido musical, pudiera hablaros de las notas de la melodía y de la armonía de la luz. Lo que son notas en la música ¿qué es en la luz? Son los colores, el azul, el verde, el amarillo, el anaranjado, todos los colores del iris, verdaderas notas musicales de esa sublime gama del espacio. Todos ellos son en relacion á la luz, lo que las notas de la escala musical con relacion al sonido. Tambien hay armonía en el cielo, orquestas sublimes y sublimes sinfonias.

¿Habeis visto alguna puesta del sol; aquel mar de fuego, aquellos esplendores indescriptibles, aquellos cortinajes de grana, aquellos flecos magníficos de oro, aquellos rayos de plata, toda aquella sorprendente combinacion de colores? ¿Sabeis qué es esto? No es otra cosa que una orquesta en el cielo, que una sinfonía en el espacio, que una magnífica inspiracion del Mozart de los cielos, con que despide al sol que se pone, ó con que saluda en la alborada al sol que nace.

¿Qué es el calor? No tengo tiempo para explicarlo; pero os diré que es la misma vibracion, el mismo movimiento de las moléculas que constituyen la materia; porque en la naturaleza, en lo que es materia (no me refiero para nada á las altas cualidades del alma, á la excelencia del espíritu; no me atrevo á llegar á esa region; solo me ocupo de los fenómenos materiales), porque en la naturaleza, repito, la mayor parte ó casi todos los fenómenos se reducen á movimientos, á vibraciones; pero acompasados, regulares, y sujetos á ley, número, peso y medida. Todo vibra en la naturaleza, todo se agita, y podria deciros para valerme de comparaciones familiares, pero en confianza, sin que lo oigan los que á este lado se sientan, y sin que tampoco os sirva de estímulo, que la naturaleza no es otra cosa que un inmenso ataque de nervios.

Ya veis, pues, que la ciencia no es tan áspera, tan repulsiva, tan seca, tan prosáica, como se imaginan algunos, no; la ciencia es reservada, es severa, es pudorosa, es virginal; la ciencia no la halla el que la busca á la ligera; tiene espinas como la rosa, para quien quiera cogerla al paso; la ciencia es solo para aquel que por ella se sacrifica, y se quema la frente con el pensamiento, y se abrasa los ojos sobre el libro, y se purifica el corazon y la rinde perpétuo culto, y pasa horas y horas, y dias y dias entregado á esa oracion sublime que se llama estudio; porque el estudio profundo, intenso, puro, es como una oracion al Dios de lo creado: la ciencia es buena, es tierna, es amorosa, solo que no se entrega á la ligera al primer amor que la solicita; ¡ejemplo digno de imitacion, señoras!

Y voy á concluir indicando una idea que varias veces he presentado ya. La ciencia, cuando sanamente se la estudia, cuando puramente se la considera, es eminentemente religiosa. Todos esos soles esparcidos por el espacio, y todos esos magníficos globos de fuego, son como liras gigantescas que con vibraciones de fuego y de luz cantan la gloria de su Dios. Y alrededor de cada uno de esos magníficos astros, como alrededor de la piedrecilla arrojada en el estanque del rosal, nacen ondas de luz, esferas sublimes, que vibrantes llevan la armonía por los espacios, que los la gloria de su Hacedor, se pierden inmensas en las profundidades infinitas del cielo.

José ECHEGARAY.-