Blasco en el teatro

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Obras Completas de Eusebio Blasco
Tomo I.
Blasco en el teatro
 de A. Sánchez Pérez


Nota:se ha conservado la ortografía original, excepto en el caso de la preposición á.

BLASCO EN EL TEATRO

Treinta y dos años han transcurrido desde que, refiriéndose al estreno de una comedia de Eusebio Blasco, decían los críticos: Este hombre se atreve a todo.

Y era verdad: a todo se atrevía Eusebio Blasco, el aplaudido autor de No la hagas y no la temas.

Nunca olvidaré el verdadero espanto que al inolvidable Manuel Catalina, aquel empresario entusiasta por el arte como muy pocos y desinteresado como ninguno, causaba el estreno de la susodicha comedia; ó llámase proverbio, ya que el autor lo titulaba de esa manera..

Que los recelos y las zozobras de aquel actor inteligentísimo y de gran cultura, tenían fundamento, se comprende con sólo leer algunas líneas de las que cierto revistero de antaño dedicaba a la obra:

«Eusebio Blasco—decía el aludido—ha descubierto un filón rico en situaciones cómicas, y que, bien explotado, puede conducirnos a la contemplación de los secretos más escondidos de la vida conyugal.

»Cuando comienza la representación del proverbio No la hagasy no la temas, encuéntrase al público, sin previo aviso, con que le han obligado a introducirse en el dormitorio de una mujer joven y hermosa.

»Allí está, en primer término, el lecho suntuoso, y en él, profundamente dormida, la Eva encantadora de aquel paraíso en miniatura; la susodicha Eva es, según llega á saberse en el curso de la acción, una señora casada que espera (cómodamente por cierto) a su esposo, y con este motivo alarmante suben de punto la intraquilidad y el desasasosiego de los espectadores. ...............

»El esposo calavera, el mismo de siempre, aparece por último; penetra en la alcoba como señor y dueño que es de ella; arroja en un sofá el abrigo, tira el sombrero sobre un velador, déjase caer en una butaca, frótase las manos con aire de satisfacción, poco agradable para quien lo ve, que instintivamente dirige su vista hacia la embocadura, presumiendo, con motivo fundado, que en aquel mismo punto bajará el telón discretamente.»

Pues, no señor; el telón no bajaba, y el proverbio que con tan alarmantes auspicios había comenzado, fué uno de los éxitos más ruidosos que Eusebio Blasco alcanzó en la escena. La cosa, aun hoy, después de haberse visto lo que se ha visto, principalmente a compañías extranjeras, habría sido extraña; entonces en aquella época de pudibundeces extremadas (en lo externo y aparente, por de contado, porque la procesión andaba por dentro; aquéllos hipócritas de ayer eran mucho peores que los de ahora), fué realmente maravilloso.

Maravilla que logró Eusebio Blasco, no con habilidad de maestro curtido en lides teatrales, sino a fuerza de ingenio, de gracia, de espontaneidad y de buena sombra.

Esto es precisamente el teatro de Blasco: gracia; mucha gracia, ingenio, mucho ingenio; desenfadada espontaneidad; chistes originalísimos, y como tales, inesperados, sin reminiscencias de chascarrillos fiambres. Inútil buscar en su obra pensamiento profundo, tendencia filosófica, emoción estética, conflicto dramático; si alguna vez por excepción ha pretendido llevar algo de eso al teatro, como sucede, por ejemplo, en Juan León, los resultados no correspondieron a tales propósitos.

Conseguía en ocasiones, porque su inteligencia clarísima supo amoldarse a todo, violentar el propio temperamento, escribir grave y pensar seriamente; pero en lo más patético de la medición inspirábale su musa retozona y traviesa un epigrama agudo ó una ocurrencia saladísima, y allá los estampaba el escritor festivo entre sesudas disertaciones. El chiste final del proverbio a que antes me he referido, No la hagas y no la temas, es de gran efecto, de efecto seguro siempre, excitó y causará en todos los públicos hilaridad sana y unánime; es aplaudido y celebrado sin protesta; pero destruye precisamente el pensamiento fundamental de la comedia.

Eusebio Blasco en el teatro es el autor de El Joven Telémaco, inventor feliz de Las suripantas, de La mujer de Ulises, de Los novios de Teruel, de La suegra del diablo, de Un joven audaz. El que hace decir a uno de sus personajes. «Tengo el gusto de presentar a ustedes a fulanito, uno de nuestros primeros subtenientes » El creador de aquel tipo de catalán que el gran Antonio Vico, el inolvidable Antonio Vico, el mejor de nuestros actores cómicos, tan magistralmente caracterizaba.

Ya sé que tiene en su abundante repertorio trabajos muy estimables de otra índole; pero sé también que en ninguno de ellos se destaca precisa, visible la personalidad literaria de Eusebio Blasco. Es en esas obras un autor más, uno entre muchos, y solamente deja de serlo, para ser él, cuando inopinadamente aparece el escritor festivo con ocurrencias y donaires que lo caracterizan.

Acaso él ignoró siempre lo mucho que valía en este género, y por eso intentaba penetrar en otros. Pobre Eusebio, sin presumirlo siquiera, fué verdaderamente modesto.

A. SANCHEZ PEREZ