Canción (Gabriel y Galán)

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Aquí se siente a Dios. En el reposo 
de este dulce aislamiento 
un fecundo sentido religioso 
preside el pensamiento. 
Derrámase por uno de dulzuras 
ambiente equilibrado, 
y en él cosecha las ideas puras 
de que está penetrado. 
Y sereno después, las alas tiende 
y escala el firmamento, 
seguro como el pájaro que hiende 
su apropiado elemento. 
Entonces toca el alma lo profundo 
del alto amor sin nombre 
y quisiera que un templo fuera el mundo 
y un sacerdote el hombre. 
El mundo, el hombre! Tras el doble abismo, 
sólo esto es luminoso: 
cuán feliz puede hacerse el hombre mismo, 
y el mundo, cuán hermoso! 
Desde este solitario apartamiento 
del monte sosegado 
contemplo el armonioso movimiento 
de todo lo creado. 
¡El trabajo es la ley! Todo se agita 
todo prosigue el giro, 
que le marca esa ley por Dios escrita, 
dondequiera que miro. 
Aquel pardo milano, vagabundo 
buscando va la presa, 
que le cuesta medir ese profundo 
vacío que atraviesa. 
Riega el labriego la feraz besana 
con sudor de su frente, 
si rubio trigo le ha de dar mañana 
para nutrir su gente. 
Quiere la golondrina nido blando 
para el amor sentido, 
y mis ojos fatiga acarreando 
pajuelas para el nido. 
A los vientos la abeja se encadena 
y la hormiga al sendero, 
para llenar aquel su colmena 
y estotra su granero. 
La mansa yunta trabajosamente 
tira del tosco arado, 
y el pesado mastín va diligente 
detrás de su ganado. 
¡Todo el trabajo se ligó fecundo! 
¿Y yo he de estar ocioso? 
¿Y yo he de ser estéril un mundo 
nacido fructuoso?} 
¡Arriba. arriba! ¡El corazón al cielo 
y a la tierra los brazos! 
¡A la suerte del mundo unirme anhelo 
con mis estrechos lazos! 
¡La pluma, los cinceles, la mancera, 
la espada victoriosa!... 
¡Dadme lo que queráis, que abierta espera 
mi mano vigorosa! 
Sí, sé cantar, te elevaré canciones, 
¡Oh Patria infortunada! 
que mil hay en tu amor inspiraciones 
par ala lira airada. 
Si es la piedra a mis manos obediente, 
venga el cincel a ellas, 
que el suelo patrio sembrará mi mente 
de creaciones bellas. 
Si hace falta una mano y una vida, 
dad a aquella una espada 
y toma tú mi sangre; ¡oh dolorida 
Patria desventurada! 
Y si mi fuerte, pero ruda mano 
sólo puede servirte 
para en los surcos enterrar el grano 
que de oro puede henchirte, 
para en tus vegas derramar tus ríos, 
para abonar tus tierras, 
y coronar de montes tus baldíos 
y enriquecer tus sierras... 
entonces no me arrojes al semblante 
deberes no cumplidos, 
porque yo soy d hijo más amante 
de tus campos queridos, 
y para hacer esta canción honrada 
que el alma me pidiera 
he dejado un momento abandonada 
mi tosca podadera...