Cancionero, Notas a la traducción

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Curioso lector:

No sé cómo pintaré, para que me lo creas, que jamás tuve el propósito de comenzar la traducción del Cancionero y, si he acabado vertiendo a nuestro romance el toscano del Petrarca, antes se debe a mi pulcritud al leerlo que a mi deseo de traducirlo. No es esto achaque de modestia. Soy lector puntual, atento y disciplinado; y así, mientras recorría las letras del Cancionero, se me figuraba que el no leer en mi lengua natural ora me escondía los conceptos, ora me hurtaba el arte. Ya cuando andaba por las cuarenta o cincuenta rimas, di en el arbitrio de traducir aquellas que más me picasen el gusto. Con ello me emplea en leerlas con apacible detenimiento y desarrebujarlas de la retórica. Acompañada con este envanecido ejercicio continué la lectura, sacando más provecho de los versos y divirtiendo el ocio del verano con la corresponsión de las cadencias.

Al acabar me encontré con que había hecho poca más de sesenta traducciones y que el haberme puesto en el astillero de algebrista de versos me había apartado de haber perdido el tiempo en ocupaciones más livianas. Con todo, dejé al Petrarca y su Cancionero y sólo pasados unos meses piqué de nuevo en la tema de ponerlo en castellano. Lo retomé entonces, pero con propósito esta vez de caminar más sobre el orden y traducir de principio a fin las que me faltan. Sólo salto las sextinas, porque me aburren, y las canciones, porque me acobardan.

Sospecho que jamás llegaré a completarlo, pero ahora que voy ya por una centuria de rimas, me ha parecido que el mejor modo de no que yo no desfallezca ni se malogren ellas es el mostrártelas aquí donde las hallas. Disculpa su pobreza, porque del fogón de mi ingenio no permite la Musa que salga más que caldo aguachirle y desabrido; y, si alguno hallares bueno, sin duda fue porque le sazoné con alguna hoja que hurté del laurel de mi Lopillo. Pero aun siendo pucheros de quien son, quizás puedas tú, lector, aprovecharlas; si no en el pío gusto de leerlas, a lo menos, en el severo entretenimiento de censurarlas.

Recibe mi deseo. Lee si entiendes, y enmienda si sabes.

Vale.

Traducciones previas[editar]

Que hayan llegado a mi conocimiento, existen seis traducciones previas del Cancionero, tres del siglo XVI y tres del siglo XX:

  1. La elaborada en verso por Salomón Usque de la que se publicó la primera parte en 1567 según la ordenación tripartita propuesta en el Cinquecento por Vellutello, que dividía la obra en rimas amorosas en vida de Laura, rimas amorosas tras la muerte de Laura y rimas no amorosas. Sobre ella hay una tesis de la Universidad Autónoma de Barcelona redactada por Jorge Canals Piñas y que puede consultarse en internet aquí. A partir del quinto pdf, se puede leer el texto del traductor.
  2. La de mayor fortuna compuesta, también en verso, por Enrique Garcés y publicada en 1591. También disponible en Internet gracias a la revista Artifara.
  3. Una en prosa (ignoro si completa) de Francisco Trenado de Ayllón publicada en 1595.
  4. La traducción cuasi-literal y prosaica de Attilio Pentimalli de 1976.
  5. La del poeta Ángel González publicada en 1983, en verso como las áureas, y que suele usarse como referencia al citar versos del Cancionero (al menos, en Internet).
  6. La última publicada en 1989 por Jacobo Cortines en endecasílabos blancos.

De las seis he tenido acceso a las dos primeras a través de los enlaces que he dejado indicados. La primera es torpe, áspera y empedrada de giros italianos; pero bastante fiel al original; la segunda, sin ser de gran valor, es más lucida; pero más libre y roza en ocasiones más la adaptación que la traducción. Y, aunque ninguna me satisfaga, tienen algún bello hallazgo que, si cuadra, me lo apropio sin empacho. Por ejemplo, la traducción del primer verso de la Rima CXCIII.

La otras cuatro no he podido leerlas, salvo algunas composiciones de Crespo. que he hallado por Internet. Parece buena (es Premio Nacional de Traducción), aunque forzada a veces por la necesidades de la rima, como temo que encuentres en ocasiones esta.

Además, diversos autores han hecho traducciones de poemas sueltos.

Tal es el caso del Brocense que tradujo once sonetos de los que sólo he alcanzado a leer la traducción del célebre soneto que define el amor a base de contrarios (Ni encuentro paz ni puedo hacerle guerra) en una interesante entrada del blog de Alonso Rubalcava, en que se enumeran algunas imitaciones del original de Petrarca (aunque se eche de menos la polémica Cançó d'opòsits de Jordi de Sant Jordi).

Los clásicos áureos (Boscán, Garcilaso, Quevedo) también tienen algunas versiones de sonetos del Cancionero de Petrarca. Véase la entrada de la wikipedia para más detalles.

Alberto Lista realizó al menos cuatro traducciones del Cancionero, que pueden consultarse en la biblioteca Miguel de Cervantes. Una de ellas, la correspondiente al fragmento CCXX, esta disponible en wikisource bajo el nombre de Dónde cogió el Amor.

La célebre poetisa cubana del Romanticismo Gertrudis Gómez de Avellaneda tradujo, con el elocuente título de Imitación de Petrarca, el fragmento CXXXIV.

El poeta peruano del siglo XIX Clemente Althaus, en su libro Sonetos Italianos, tradujo nueve sonetos,disponibles en wikisource a través de la página dedicada a Petrarca.

Esta traducción[editar]

Por escribir

Agenda[editar]

  • Acabar la traducción de los sonetos (septiembre-octubre 2007).
  • Acabar las canciones y sextinas restantes (enero-febrero 2008).
  • Corregir los fragmentos XLI, XLII y XLIII para que coincidan sus rimas como en el original italiano (enero-febrero 2008).
  • Relectura y revisión global de la traducción (sine die).

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