Cantar de los cantares: Capítulo 7 declaración

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Cantar de los cantares
Capítulo 7 declaración
de Fray Luis de León


"Cuán lindos son tus pasos". Prosigue en su cuento la Esposa, y dice a su Esposo que, como las dueñas se llegaron a que se detuviese un poco, que volvió a ellas, y ella por su ruego lo hizo, y les volvió la cara preguntándoles qué era lo que de ella querían, y la causa por que la miraban así. Ellas, como dando razón de su justa demanda y de su ardiente deseo, dice que, respondiendo, comenzaron a loar con gran particularidad y encarecimiento su gracia y gentileza, refiriendo todas sus perfecciones muy por menudo, desde la mayor hasta la menor. Lo cual debe responder a la admiración de su hermosura que pusieron, y los loores que la gente del pueblo le dio cuando, viniendo de Egipto, entró en Jerusalén la primera vez.

Pues comienza de los pies, cuya ligereza y presteza acaba de ver entonces, y va hasta la cabeza, por ir a lo mayor de lo menor, que es manera galana de loar; y así dice:

1. "¡Cuán lindos son tus pies en tu calzado, hija del príncipe!"

Loan el buen aire y el movimiento, del pie bien hecho y el calzado justo, y que venía como nacido a la Esposa. Y dicho de admiración quiere decir para mostrar que eran extrañamente bellos y no así como quiera.

" Hija del príncipe", es decir, princesa, que, demás de convenirle por su linaje y estado, es nombre que, en común uso, se da a todos los que loamos de alguna excelencia. Demás de esto se ha de advertir que, en este lugar, la palabra hebrea no es melech, con la cual se suelen nombrar los reyes comúnmente, sino es nadib, que los Setenta Intérpretes, no sin misterio, en su traducción la dejaron así sin trasladarla. Nadib propiamente quiere decir «generoso de corazón y liberal». Y como nosotros en la lengua española al príncipe le llamamos «príncipe», porque de hecho es principal entre los demás, como lo suena la voz, entre los hebreos se llama nadib, que es decir el noble, el liberal, el de corazón generoso, porque éstas son propias virtudes del príncipe y en que se ha de señalar entre todos.

Pues, según el origen de la palabra hebrea y según su sonido, es aquí la Esposa hija del noble, del generoso. Y juntado con esto, ser uso muy recibido en aquella lengua, que cuando quiere dar alguna virtud o vicio lo llama «hijo de ella», como es por «pacífico» «hijo de paz», o «hijo de guerra» por «belicoso»; así, según esto, ser la Esposa hija de franco y generoso es decir que lo es ella, y es llamarla noble y gallarda de corazón. Y así dirá la letra: "«¡Cuán lindos son tus pasos, cuán gentiles tus pies, y con qué gracia los meneas, la del corazón gallardo y generoso!»". Como si dijese que en el gentil meneo de su cuerpo mostraba bien la generosidad y gallardía de su corazón; porque esta virtud, más que ninguna otra se descubre en el movimiento y aire de todo el cuerpo.

En la verdad del Espíritu tiene gran misterio y gran verdad en llamar a todos los justos y a la Iglesia hija del Noble y del Franco, porque son hijos de Dios, no por haber nacido así, ni por merecello por sus obras, sino por sola la franqueza y liberalidad de Dios. Que puesto caso que el justo que es ya justo e hijo merece mucho con Dios, mas esto que es ser hijo, ninguno lo mereció por sí, y Cristo derramando su sangre liberalmente por nosotros y, haciéndonos gracia de ella, la alcanzó para todos.

Síguese:

El cerco de tus muslos como ajorcas muy bien labradas de mano de oficial.

Y esto dice por la espesura y macicez de las piernas, que no son flojas, sino rollizas y bien hechas y redondas; en tal manera que si hiciese un artífice una ajorca o collar de muy perfecta redondez, y se lo ciñese a las piernas, vendría muy justo, y se hincharía toda ella de carne.

Donde decimos cerco o redondez, algunos entienden conjunturas y artejos o goznes de las rodillas donde juega el muslo, y así trasladan "el juego de tu muslo", etc. No quiere decir más de lo que suena, que es la redondez de los muslos y el cuerpo de ellos, que es una maciza y rolliza hermosura y de muy gentil proporción. La cual pusieron los Setenta Intérpretes con mucha propiedad y significación diciendo en griego `ruqmoi twn nmoriwn rythmoi ton morión, que es toda buena proporción y compostura de partes entre sí. Bien se descubre sobre los vestidos el grueso y buen talle de los muslos, mayormente cuando se va de prisa y contra el aire; mas lo que se sigue, no sé cómo las compañeras de la Esposa, ni de dónde, lo pudieron adivinar.

Dicen:

2. "El tu ombligo como vaso de luna, que no está vacío."

" Vaso de luna": es decir, hechura de luna, esto es, perfectamente redondo. Mixtura: entiéndese de vino mezclado con agua y templado.

Quiere decir: sobre estas dos hermosas columnas de tus piernas se asienta el edificio de tu persona. La primera parte de él es el ombligo y vientre tuyo, el cual está muy hermosamente proporcionado, porque o parece sino una taza tan redonda como la luna; y que esta taza está siempre llena de mixtura, que es vino aguado para beber; así, ni más ni menos, es el tu vientre redondo y bien hecho, ni flojo ni flaco, sino lleno de virtud que nunca le falta.

Y para más declarar esta loa del vientre, torna a decir: "Tu vientre, como montón de trigo rodeado de violetas." Y es muy gentil apodo este, porque el montón de trigo está por todas partes redondo e igual en redondez, que en ninguna parte de él hay hoyo ni seno alguno, porque luego los granos le hinchen; y así dice ser de todas partes lleno y levantado el vientre de la Esposa. Por el ombligo, como parte, entiendo el vientre, que Aristóteles y Galeno llaman inferior, que es así redondo; la parte más alta, que toca en el estómago y se avecina del pecho, es de quien dice "tu vientre, como montón de trigo cercado de violetas", que es añadir hermosura a hermosura.

Suben del vientre a los pechos, viniendo por su orden en la fábrica del cuerpo, y dicen:

3. "Tus tetas como dos cabritos mellizos de una cabra."

Ya arriba dijimos de esta comparación.

Sobre los pechos se levanta el cuello, y así añaden:

4. "Tu cuello como torre de marfil", que es llamarle alto, blanco, liso y bien sacado, que es todo lo bueno que ha de tener el cuello para ser hermoso.

La Iglesia, como lo enseña el Apóstol, es como un cuerpo, cuya cabeza es Cristo, en el cual la diferencia de los estados y vidas hacen lo mismo que los diferentes miembros en el verdadero cuerpo. El cuello, por donde se recibe el alimento y se despide la palabra, son en la Iglesia los predicadores, que reciben el aliento del Espíritu Santo, y lo comunican por palabras a los demás. Pues los tales han de ser como torre de marfil, esto es, firmes y blancos y sin mancha ni engaño en su doctrina, que ni dejen por temor de decir rasamente lo que deben, ni obscurezcan con afeitados colores, ni con palabras enderezadas a sólo el gusto de los oyentes, la sencillez y pureza de la santa doctrina y la verdad no artificiosa del Evangelio.

Dice más:

Tus ojos estanques de Hesbón, junto a la puerta de Bathrabim.

Vese en esto que los ojos de la Esposa eran grandes, redondos y bien rasgados, llenos de sosiego y resplandor; que todas estas cualidades se muestran en un estanque lleno de agua clara y sosegada. Hesbón es una ciudad fresca de Israel, la cual ganaron los hebreos a Seón, rey de los amorreos, Números 21, 21; y estos estanques que aquí dice la letra, estaban junto a una puerta de la dicha ciudad que se llama Bathrabbim, que quiere decir «hija de muchedumbre»; y llamábase así porque, en entrando por ella, estaba luego una plaza grande y capaz de mucha gente; que, según parece de muchos lugares de la Escritura, antiguamente las plazas y las casas de consistorio, que agora están en medio de la ciudad, entonces estaban junto a las puertas de ella; y como era grande y capaz, su nombre de la plaza era Bathrabbim, que es «hija de muchedumbre». Porque los hebreos en su uso y manera de hablar, se sirven del nombre de hijo para diversas cosas, como para decir muy sabio, dicen «hijo de sabiduría», y por muy malo, dicen «hijo de maldad».

Dicen luego loándola más:

El bulto de tu cara como la torre del Líbano.

San Jerónimo y los demás declaran o trasladan aquí tu nariz; y la palabra hebrea, que es af, recibe el uno y el otro sentido, y quiere decir nariz y también toda la cara y bulto, y lo que en español decimos «faces». Y de estas dos cosas paréceme mejor que entendamos en este lugar la postrera de ellas. Porque comparar la nariz a la torre, no sé si es cosa muy conveniente; y eslo mucho, si la comparación se hace al semblante de la Esposa, levantado y hermoso y lleno de majestad y gallardía.

Si entendemos la nariz, diremos así: "La tu nariz es semejante a la torre del Líbano, que mira hacia Damasco". La cual torre estaba puesta en aquel monte tan nombrado y celebrado por sus frescuras, y era muy fuerte, porque servía de atalaya en las fronteras de Damasco, que era cabeza de Siria. Así dice: Tu nariz hermosa y bien hecha, que se levanta fuera de tu graciosísimo rostro, como aquella hermosa y fuerte torre, que está asentada sobre el fresco monte del Líbano y se levanta sobre él.

5. "Tu cabeza sobre ti como el monte Carmelo".

La última parte de la Esposa es la cabeza, considerando desde los pies; y llamamos en este lugar la cabeza al casco de ella, donde nacen los cabellos, y por eso la letra dice: "Tu cabeza, que está sobre ti"; que es decir: lo último de tu cabeza es tan hermoso y tan gentil "como el monte Carmelo", que es un monte muy alto en tierra de Israel, muy bien celebrado en la Escritura por haber estado en él muchas veces Elías y Eliseo profetas.

Y para denotar cuán gentil mujer y cuán dispuesta es esta Esposa, le dicen que su cabeza sobrepuja a las otras, como la cumbre del monte Carmelo a los otros montes. La palabra hebrea karmel significa tres cosas diferentes: «espiga llena», y «grano», y el «monte» sobredicho, y así los doctores trasladan diferentemente este lugar; y aunque en cualquiera sentido tiene propiedad la comparación, pero el que habemos dicho es el mejor y el más recibido.

Añade luego:

Tus cabellos como púrpura. El rey atado en las canales.

Este es lugar oscuro y dificultoso en sí, y por la variedad de los que lo trasladan y declaran. La palabra hebrea reatim quiere decir «maderos» o «tablas delgadas y pequeñas», y de aquí significa la techumbre de algún edificio, hecho de artesones, obra morisca, compuesta de muchas piezas pequeñas. También quiere decir canales de madera, largas y estrechas, por donde suelen guiar el agua; y según esta diferencia, trasladan los unos y los otros muy diferentemente. Los primeros leen de esta manera: "Tus cabellos como la púrpura o carmesí del rey, asida a los maderos o artesones"; que es decir que sus cabellos de la Esposa en su lindeza y hermosura son semejantes a las flocaduras de seda y de carmesí de los doseles y tapicería real, que está colgada del techo y artesones de la casa. Otros leen de esta manera: "son como la púrpura real puesta en las canales"; y entienden por esto los baños donde meten los tintureros la seda o grana, cuando la tiñen, porque entonces, como más nueva, así estará más lucida y de mejor lustre.

Si se mira y guarda la propiedad de la letra hebrea, ni los unos ni los otros dicen bien, porque se ha de leer así: "Los cabellos de sobre tu cabeza como púrpura", y aquí se ha de hacer punto; y añadir luego: "El rey asido y preso a las canales", y que es decir colgado de los mismos cabellos por el amor y afición, los cuales se significan aquí debajo de este nombre de canales; porque en ellas el agua cuando corre se va encrespando y haciendo unos altos y bajos, muy semejantes a los que se parecen en los largos y hermosos cabellos, que sueltos con el movimiento sobre los hombros de a persona, se ondean y toman nuevos y diferentes lustres, y hace unas como aguas muy graciosas. Y esta letra, demás de ser la más propia, encarece mejor que otra ninguna la hermosura de los cabellos, que aquí se pretenden loar; porque, demás de decir que son lindos y vistosos como púrpura, que es decir mucho, como luego declararemos, dice que son un lazo y como una cadena, en que, por su inestimable belleza, está preso el rey, esto es, Salomón, su esposo.

Pues siguiendo esta letra, para mejor entendimiento de la comparación, es de advertir que la púrpura antigua, de la que agora no tenemos uso, tenía dos cosas: que era finamente bermeja y relucía desde lejos, como el carmesí que los plateros ponen sobre oro o plata. Conforme a esto, asemejan aquellas dueñas el cabello de la Esposa a la púrpura, porque debían ser castaños, que, aunque no sea perfecto rojo, tira más a ello que a otro color; porque en las tierras calientes, como son las de Asia, no se estima el cabello rubio, antes a los hombres está muy bien el negro, y a las mujeres negro o castaño o alheñado, como ellas lo suelen curar, y hoy día lo usan las moriscas. Por eso los alaban aquí de aquel color, y más por el resplandor que daban de sí; y en esto eran muy semejantes a la púrpura. Porque vemos que el color castaño, y otros que se le parecen cuando relucen, son sus luces rojas, así como las luces del amarillo tiran a blanco, y las del verde a negro. Pues dícenle aquí a la Esposa que sus cabellos son rojos un poco y relucientes, como la púrpura, y que son crespos y ondeados como canales, o regueras adonde el agua va dando vueltas. Y usan luego de un parlar común a los enamorados, diciéndole: "«Y en esas vueltas de tus cabellos tienes tú atado y preso al rey y Esposo y enamorado tuyo»". De los cabellos hace el amor la cuerda con que los liga, que es una muy regalada y muy graciosa y amorosa loa.

Y concluyen diciendo:

6. "¡Cuánto te alindaste! ¡Cuánto te enmelaste, Amada, en los deleites!"

Esta es una cláusula sentenciosa que remata todo lo sobredicho, que los retóricos llaman epiphonema, y va mezclada con una gran admiración, como es natural, después de haber visto o desmenuzado por palabras alguna cosa muy buena, romper el ánimo del que lo ve y trata en otro tanto espanto y admiración.

Pues dicen aquellas dueñas: "«¿Por qué es ir particularizando tus gracias? Pues es cosa que saca de juicio ver cuánto seas graciosa en todas tus cosas, tus dichos, tus obras, dulce y alindada y deleitosa, pues eres el extremo de la hermosura y de la lindeza»". Y así fue remate de lo pasado el decir esto, que dio nuevo principio a lo que ya quedaba por decir, y así añaden:

" Esta tu disposición", esto es, tu gallardía y bien sacada estatura, "semejante es a la palma", que es árbol alto, derecho y hermoso; "y tus pechos a los racimos"; hanse de entender de alguna vid o parra que, estando aunada a la palma y abrazada con ella, o que trepa por el tronco arriba, dando vueltas y encaramándose con sus sarmientos; que, así como los tales racimos cuelgan y están asidos de la palma, así los dos pechos tuyos se salen afuera, y se muestran estar colgados de tu gentil estatura.

Porque es natural de la belleza acodiciar así a cualquiera que la conoce; y porque es común uso de las mujeres, cuando cuentan de alguna otra hermosa o graciosa, que les agrada mucho decir: "«Va tal y tan linda, que quisiera llegarme a ella y dalla mil abrazos y mil besos»", siguiendo e imitando Salomón a este efecto, añade con singular gracia y propiedad las palabras que se siguen:

7. "Dije: Yo subiré a la palma y asiré tus racimos y serán tus pechos como los racimos de la vid, el aliento de tu boca como el olor de las manzanas." 8. "Y el tu paladar como el vino bueno que va a mi amor a las derechuras, que hace hablar labios de dormientes."

Son palabras que cada una de las dueñas dice por sí, en que muestran por galana manera la codicia y afición de gozalla, que ponía la Esposa con su hermosura en ellas, y en todas las que la miraban. Que es decir: «Tan dispuesta y linda eres, como una palma. ¡Ay! ¡Quién subiese a ella hasta asirse de sus racimos altos!».

Dije: esto es, a mí y a cuantos te ven, encendidos en tu belleza, nos dice el deseo y el corazón: «¡Quién te alcanzase y gozase, así que pueda llegarse hasta ti y, recreándose entre tus brazos y dándote mil besos, coger el fruto de tu boca y pechos!». Y así dicen: "Y serían", esto es, "y son " (pone el tiempo pasado por el presente); pues, "y son tus pechos como racimo de vid", que es fresco, oloroso y apiñado y de gracioso y mediano bulto.

" Y el olor de tu boca como el olor de manzanas, "que es olor por extremo suave y apacible. O hagamos de todo esto una razón trabada y continuada, que diga de esta manera: «¡Ay, linda eres como una palma! Yo quiero llegarme a ella y asíreme de los sus racimos altos, y subíreme hasta la cumbre».

" Y seranme los tus pechos como racimos de vid": alegrarme he y deleitarme he con ellos, tratándolos como unos frescos y apiñados racimos de uvas. Cogeré el aliento de tu boca, más olorosa que manzanas; gustaré el gusto de tu lengua y paladar, que en el deleitar, alegrar, embriagar con dulzura y afición tiene más fuerza que el vino mejor, y más gusto da a mi Amado cuando más sabor halla en él y más dulce lo siente; que bebe tanto de él que, después parla temblando los labios y desconcertadamente, como si estuviese durmiendo. Que decir esto así, es llegar hasta el cabo de todo lo que puede y suele decir un deseo semejante. Y esta es la sentencia.

En las palabras donde se compara el paladar al vino hay alguna oscuridad, porque dice así:

9. "El tu paladar como vino bueno, que va a mi Amigo a las derechas; hace hablar con labios dormientes."

" Que va": quiere decir, cual es el que coge o bebe el mi amigo; que es como decir en español mi vecino o fulano, palabra que no determina alguna cosa o persona cierta, y confusamente las significa a todas.

Dice "que va a las derechas". La palabra hebrea es lemesarim, que quiere decir derechas, se puede entender en dos maneras: la una, es decir que se bebe a las derechas o derechamente, esto es, que contenta y da gusto y derechamente y con razón, por su bondad y excelencia; la otra, es que «ir el vino a las derechas» sea irse y entrarse, como decimos, de rondón, dulce y suavemente por la garganta, y de allí a la cabeza. Esta es forma de hablar usada en esta lengua, que corresponde y significa lo que solemos entender en la nuestra, cuando hablando del vino, que es bueno en el gusto y hace después de bebido sus obras, decimos "«que se cuela sin sentir»". De esta manera de decir en el mismo propósito usa Salomón en Proverbios, cap. 23, diciendo: "«No mires el vino cuando se torna rojo y toma su color, y va a las derechas»"; como si dijese, que como se cuela dulcemente, embeoda y hace hablar después desconcertadamente, como suelen hablar los que están vencidos del vino; que es propiedad del bueno y suave, que se bebe como si fuese agua, y puesto después en la cabeza y hecho señor de ella y de la razón, traba de la lengua y media las palabras y muda las letras y turba todo orden de buena pronunciación.

Yo soy a mi Amado, y su deseo a mí.

Estas palabras dice de sí la Esposa propiamente, de arte que, habiendo relatado al Esposo las cosas que en su loor las compañeras le dijeron, vuélvese a él agora y dícele lo que entonces les respondió, o lo que ahora está bien decirle, que es como si dijera: «Sea hermosa y linda cual os parezco, no me entremeto en eso; esto sé, que tal cual soy, soy toda de mi Amado, y él no desea ni ama otra cosa más que a mí». Que son palabras que por la coyuntura en que se dicen, esto es, cuando parece que, por ser tan soberanamente loada, de ninguna cosa se pudiera desvanecer algún tanto, y volviendo sobre sí amarse demasiadamente y juzgar que, si su Esposo la amaba, era cosa que se le debía, así que, por decirse en esta coyuntura, muestran y encarecen el excesivo amor que tenía a su Esposo, por el cual, siendo así loada, de ninguna cosa se acordó primero que de su Esposo, como diciendo: «Eso y más bien que hubiera en mí, todo es de mi Amado; todo se le debe y todo lo quiero yo para él, y lo tengo de él, y no hay que tratar de que yo quiera a otro, ni que piense nadie gozar de mí, ni lo diga, que yo toda soy y seré de mi Amado, y él es mío; y el que bien me quisiere, quiérale a él bien, que yo no soy más de lo que él quiere que sea».

Esto es según la letra, que, según el entendimiento cubierto del espíritu, es un humilde reconocimiento que el ánima santa tiene de que cuanto bien y cuanta riqueza posee es de Dios y para Dios. Y así dice: "«Yo, si soy algo, por beneficio de mi Amado lo soy, y el su deseo y amor que me tiene es lo que me hermosea y enriquece»".

" Yo soy de mi Amado y su deseo a mí". Tres condiciones y diferencias conocemos y entendemos en el amor de dos personas: una, cuando fingen quererse bien, y viven engañándose el uno al otro con palabras y demostraciones amorosas; otra, cuando alguna de las partes ama con verdad y la parte amada muestra quererle bien responder, mas de hecho no le responde; la tercera es cuando quieren y son queridos por igual grado y medida.

De los primeros no hay que tratar, porque no es amor el suyo, sino un fingimiento y embuste, y cual hacen, así lo pagan; y aunque entrambos hagan mal y profanen la virtud, verdad y santidad del amor, cuyo nombre usurpan y cuyas propiedades remedan, estando tan lejos de sus obras, pero ninguno agravia al otro ni tiene que quejarse de su compañero, porque, en fingir entre sí y mentirse, ambos corren parejas.

El segundo estado, donde el que ama no es amado, es estado de amor, pero es estado infeliz y trabajoso más que ninguno otro de cuantos hay debajo del cielo; porque se juntan en él culpa y pena, y son todos los males en su más subido grado. La pena padece el que ama, y la culpa se comete por parte del que no responde a su amado. Y entenderse ha cuán grave sea cada uno de estos males en su corazón, si se advierte primero que el amor una persona a otra no es otra cosa sino hacer el que ama un entregamiento y una cesión de sí y de todos sus bienes en el que es amado, desposeyéndose a sí mismo, y poniendo en la posesión de esto y de toda su alma a la otra parte. Y que esto sea así, está claro, porque el amor es un aplicarse y entregarse la voluntad a lo que se ama, y la voluntad es la señora que manda y rige, y sola ella mueve y menea todo lo que está en la casa del hombre; de donde se sigue que amar es darse todo, porque es dar la voluntad, que es señora de todo. Tócase esta verdad con las manos y con la experiencia; porque vemos que el que ama de veras no vive en sí, sino en lo que ama; siempre piensa en ello y habla de ello; su voluntad es la de su amado, sin saber querer otra cosa, ni sin poder querella; que es evidente señal que no es suyo, sino ajeno, entregado ya en poder y albedrío de otro, que es la regla y el señor de su querer y entender.

Esto presupuesto, entiéndese la pena y el incomparable mal y daño que padece la parte desamada, porque se ve desposeída de sí y entregada sin remedio en el poder ajeno; y que el señor se levanta con la entrega villanamente, sin hacelle correspondencia o restitución alguna. Si es pena o no verse desposeído y despojado de su honra o hacienda el rico, ya veréis cuál y cuánto mayor será la del pobre que se ve desposeído de lo uno y de lo otro, y de sí mismo, que ver a sí mismo y a todos sus bienes en el poder ajeno. Y si pena más y es causa de mayor sentimiento la pena, que viene sin culpa, ¿qué dolor sentirá el que de buen servicio saca mal galardón, y el que sembrando amor coge fruto de desdén y aborrecimiento?

Por el contrario, por los mismos pasos se entiende lo segundo, lo mucho que peca y la gran fealdad y vileza que comete el que, siendo amado, no ama o no desengaña abiertamente al triste amante. Porque, si es culpa hurtar la capa y si es pecado tiznar la fama ajena, ¿qué será levantarse alevosamente con la posesión de todo juntamente, de la fama, de la hacienda, de la vida y del alma, y finalmente de toda una persona que nació libre, y se vendió a él para comprar con este precio parte de tu voluntad? Este se recoge el precio y se alza con él y con toda la mercaduría. Y si la verdadera caridad es noble, aun con los que no conoce, y se extiende su virtud y beneficios aun hasta los malquerientes y enemigos, ¿qué palabras encarecerán la bajeza del que paga el amor con desamor, y roba la libertad del que le sirve y se va riendo con ella, y triunfa de su mayor amigo y da en trueco y cambio de firmeza y sencillez y claridad del buen amor un cuento o un millón de engaños y de embustes, un favor fingido y recateado, un cariciar muy disimulado, un mofar y un reír muy verdadero en volviendo las espaldas, una muestra de favor muy recateado, un enfadarse luego de lo hecho, y luego agraviarse de nonada, levantar en el aire sin fundamento mil vanidades de quejas, con otros melindres y niñerías que se callan? Así que quien esto hace por más principal persona y por más generosa que sea, aunque nadie se lo diga, dígaselo ella a sí, y condénese con el testimonio de su conciencia, por muy baja y muy soez y de muy viles y torpes mañas.

Porque se ha de entender que, entre las personas, (aunque en las demás cualidades o que se adquieren por ejercicio o que vienen por causa de fortuna o que se nace con ellas), pueda haber y hay grandes y notables diferencias, pero unidas en caso de amor y voluntad, porque esta es señora y libre, así como en todo es libre, así todos en ella son iguales, sin conocer ventaja del uno al otro por de diferentes estados y condiciones que sean. Así que mi voluntad es de tanto valor como la de mi vecino, cualquiera que sea, y no se puede pagar la deuda de mi amor sino con otro amor tan bueno y tan grande. Lo cual es en tanto verdad, que aun una sola cosa que hay, que por el incomparable exceso que nos hace podía bien salir de esta cuenta, que Dios es principio de todo bien y bien sin colmo, y se iguala con nosotros en este artículo y da por bien vendido el cuanto de su voluntad por el tanto de la nuestra. Y así dice: "«Yo amo a los que me aman»"; y en otra parte: "«El que me ama a mí, será amado de mi Padre»". Y queda dicho lo mucho que le ofende el que no ama, y el miserable mal que padece el que no es amado, y la infelicidad y gran copia de males que se encierran en este estado que dijimos ser segundo.

Resta que digamos de lo tercero, donde se entiende todo esto, porque ciertamente es la más alegre y dichosa vida que en esta vida se vive, y es muy semejante y cercano retrato del cielo, donde viven las llamas del divino amor, en que, amando y siendo amados, los bienaventurados se abrasan; y es una melodía suavísima que vence toda la música artificiosa, la consonancia de dos voluntades que amorosamente se responden. Porque los que aman, como los primeros que dijimos, no son hombres; y los que aman como los segundos son, o desdichados o malos hombres; sólo para estos terceros queda la buena dicha y la buena andanza, que como dicen los sabios, consiste en tener el hombre todo el bien que quiere; el que ama y es amado, ni desea más de lo que ama, ni le falta nada de lo que desea.

De este bienaventurado amor gozaba la Esposa, y por eso dijo: "Yo soy a mi Amado, y su deseo a mí."

Y, dicho esto, convídale a que salga con ella a vivir al campo, huyendo el estorbo e inquietudes de las ciudades; y porque, sin embarazo de nadie se gocen ambos y gocen de los bienes y deleites de la vida del campo, que son varios y muchos, y ella refiere algunos y así dice:

10. "Ven, Amado mío; vamos al campo, pasemos las noches en las granjas".

11. "Levantémonos de mañana a ver si florece la vid"; que todas son cosas que dan gran gusto y recreación. Pero lo que ella más pretende es poderse gozar a solas y sin estorbos de gentes, que para los que se aman de veras es tormento a par de muerte. Y por eso dice: Allí te daré mis amores.

12. Las mandrágoras si dan olor; que todos los frutos, así viejos como nuevos guardé en mi puerta para ti.

Como si dijese: Demás de estos gustos y pasatiempos, que tendremos de gozar del campo y andar viendo cómo florecen los árboles, no nos faltarán buenos mantenimientos, dulces y sabrosas frutas, así de las frescas y recién cogidas como de las de guarda, que son riquezas de que suele abundar la vida rústica; lo cual todo, dice, yo te lo guardé y aderecé.

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