Cantilena XXXIV

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Cantilena XXXIV de Esteban Manuel de Villegas


Ya de los altos montes 
las encumbradas nieves 
a valles hondos bajan 
desesperadamente. 
Ya llegan a ser ríos 
las que antes eran fuentes, 
corridas de ver mares 
los arroyuelos breves. 
Ya las campañas secas 
empiezan a ser verdes, 
y porque no beodas, 
aguadas enloquecen. 
Ya del Liceo monte 
se escuchan los raveles, 
al paso de las cabras 
que Títiro defiende. 
Pues, ea, compañeros, 
vivamos dulcemente, 
que todas son señales 
de que el verano viene.  
La cantimplora salga, 
la cítara se temple, 
y beba el que bailare 
y baile el que bebiere.