Capítulo 23: El uso de las riquezas

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De la felicidad
Capítulo XXIII: El uso de las riquezas
de Séneca


Deja, por tanto, de vedar el dinero a los filósofos; nadie ha condenado a la sabiduría a ser pobre. Tendrá el filósofo grandes riquezas, pero no arrebatadas a nadie ni manchadas de sangre ajena: adquiridas sin perjuicio de ninguno, sin negocios sucios, que salgan tan honradamente como entraron, de las que no se lamenten más que los malévolos. Acumula cuanto quieras: son honradas; aunque hay entre ellas muchas cosas que todos quisieran llamar suyas, no hay nada que nadie pueda decir suyo. Pero el sabio no rechazará los favores de la fortuna, y ni se envanecerá ni se avergonzará del patrimonio adquirido por medios honrados. Incluso podrá envanecerse si, después de abrir su casa y recibir en ella a toda la ciudad, pudiera decir: “Lo que cada uno reconozca como suyo, que se lo lleve”. ¡Gran hombre, excelente rico, si tuviera lo mismo después de estas palabras!. Quiero decir, si se presta seguro y tranquilo a la investigación del pueblo, si nadie encuentra en su casa nada a que echar mano, podrá ser rico franca y abiertamente. El sabio no dejará que pase su umbral ningún denario mal entrado; pero no rechazará ni desechará las grandes riquezas, don de la fortuna y fruto de la virtud. ¿Por qué razón les negaría un buen lugar?. Que vengan y se alberguen. Ni las ostentará ni las ocultará; lo uno es propio de un espíritu necio; lo otro, de un hombre tímido y pusilánime, como si escondiera en el seno un gran bien; ni, como he dicho, las arrojará de su casa. Pues qué, ¿les dirá: “Sois inútiles”, o “No sé usar de las riquezas”?. Del mismo modo que, aunque pudiera viajar a pie, preferirá, sin embargo, montar en un vehículo, así siendo pobre, si puede ser rico, querrá; y así tendrá riquezas, pero como cosa ligera y huidiza; y no tolerará que sean pesadas ni para otros ni para sí mismo. Dará... ¿Por qué aguzáis el oído?. ¿Por qué tendéis vuestra bolsa?. Dará a los buenos o a los que podrá hacer buenos, dará con suma prudencia, eligiendo a los más dignos, como quien recuerda que hay que dar cuenta tanto de los gastos como de los ingresos; dará por motivos rectos y justificados, pues entre los derroches viciosos se cuenta un don mal empleado; tendrá la bolsa fácil, pero no agujereada, de la que salgan muchas cosas y nada se caiga.


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