Capitulaciones matrimoniales y Vida de Corte y oficios entretenidos en ella

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Capitulaciones matrimoniales y Vida de Corte y oficios entretenidos en ella
de Francisco de Quevedo



DEDICATORIA


A cualquier título


La mucha experiencia que tengo de las cosas de la corte, aunque en el discurso de juveniles años, me alienta a dar a entender lo que en ello he conocido. Hame importado buscar, como más obligado para asegurar el tratadillo de los murmuradores un defensor amparado del cual se anime un pequeño barquillo para que de lo profundo del mar salga a salvamento.
Por tanto, fuera de la obligación y afición que tengo a vuesa señoría conociendo su valor, claro ingenio, buen nombre, virtud y letras, en las cuales desde su tierna edad ha resplandecido, fuera yo digno de reprensión y de ser argüido de desagradecido si reconociera a otro fuera de vuesa señoría por Mecenas y defensor de mi curiosidad, que no la llamo obra. La cual, recibiéndola por propia, defendiéndola y amparándola, suplirá los defectos que de mi parte tiene; los censuradores cegarán y los de buena intención quedarán alumbrados, y yo con el fin que pretendo, que es servir a vuesa señoría, a quien suplico reciba este pequeño don copioso de voluntad y guarde nuestro Señor a vuesa señoría felices años.


PRÓLOGO


Algunos autores buscan otros mejores ingenios que los suyos, a los cuales compran prólogos para con ellos dar muestras de su habilidad, y que los que compran sus obras atribuyan a ellos lo que en ellas no hay; y leídas ponderen su suficiencia y buen estilo con que engañan a los ignorantes que los leen para comprar la obra.
Yo no pretendo ganar nombre de autor. Quien quisiere experimentar lo que contiene mi tratado, léale y juzgue lo que le pareciere; que yo confío no le ha de reprobar por fabuloso.
Sólo ruego al benévolo lector advierta lo que hoy pasa y sucede en la corte, y que sólo Yendo el trabajo que confío ha de tener algún merecimiento cerca de los hombres curiosos.


CARTA


Amigo: Mucho me pesa que la inclinación y prudencia de que en todas ocasiones usáis no la apliquéis al conocimiento de¡ presente siglo y para que en ningún tiempo podáis formar de mí queja de que no os doy aviso de la corrupción de su trato, me ha parecido escribir lo que de él he alcanzado. Empezando por lo menos perjudicial, que son las figuras y acabo con lo más pernicioso, que es la gente de flor.
Tenía tres hijos. Los naturales son los enanos, agigantados, contrahechos, calvos, corcovados, zambos y otros que ienen defectos corporales, a los cuales fuera inhumanidad y mal uso de razón censurar ni vituperar, pues no se lo adquirieron ni compraron excepto a los que de tal defecto hacen oficio, como en la corte se ve; pues el manco, en vez de aprenderle de a pie como es sastre, tejedor y otros compra una muleta, estudiando la lamentona y plañidera y otras acciones de pordioseros, ándanse de iglesia en iglesia, de casa en casa, ya moviendo los ánimos con la lastimona, ya con la importuna. Tienen mucho de flor, pues con la licencia, además de pobres son zicateros en las iglesias y se entran por las casas donde a falta de gente guardan ropa. Viven ordinariamente en los arrabales y partes más ocultas de la corte, donde se recogen de noche; el que tiene llaga, la refresca y afeita para el día siguiente; fíanse de los conocidos unos de otros, y se ensayan como comediantes; y hay maestros para los novatos a quien obedecen y acuden con algún estipendio. Guardan antigüedad y decoro; aunque reina la envidia en esta gente: de quien no os quiero decir más por extenso sus particularidades o malicias, dejando a los ciegos, a quien todo se debe sufrir, pues carecen de un sentido más importante.
Y porque he dicho sumariamente de las figuras naturales, diremos de las artificiales, contra quien mi intento va dirigido.


CAPITULACIONES MATRIMONIALES


Juan, residente en corte, estéril de cuerpo, seguro en Italia, hombre de males, baldado de bienes, de buena ley con señores, mal pagado de ellos, censurón de figuras, escritor de flores, condenado a perpetua dieta y vestir bayeta, malquisto con las damas por dar menos, amigo de fregonas y gente mantenida, aborrecedor de faldellines y galas por caras, enemigo de dueñas vírgenes y vírgenes dueñas, de frailes casamentones y visitones, de beatas, terceras y terceros, de mercaderes, de ermitaños y de toda gente hipocritona, de calvos, de zurdos, de lindos, de antojones, de sastres duplicones, de doncellas cecinas, de necios porfiones, de viejas afeitadas, de herreros por vecinos, de poetas acomodones, de adulones y lisonjeros, de taberneros, concubinas, de estudiantes azulados, de clérigos valientes, de ministros temajones de valientes cuadrillones, de entremetidos, de maridos mujeres y de mujeres maridos, de sufridores sin provecho, de sacristanes, de procuradores de conventos, de médicos y boticarios, de mujeres en estrado sin tener estado, de venteros y despenseros, de viejos ninos y de niños viejos, de señoras visitonas, de madres disimulonas, etcétera.
Dice que, por cuanto está propuesto para marido y por su parte no se ha dado memoríal de lo que tiene, le ha parecido enviarle, juntamente con la declaración que va hecha de su inclinación, para que en ningún tiempo la novia se pueda llamar a engaño ni pedir divorcio, aunque tenga vicario afectado, ni él lo pedirá, cumpliéndose con las condiciones y capitulaciones siguientes:
Primeramente pone por condición que la dote prometida haya de ser en dineros de contado, y no en trastos y alhajas tasadas a fuer de hechuras de sastres, y menos en casas ni heredades, por cuanto es hombre movible.
Ítem, pone por condición que si la tal novia, recibida a prueba, saliere traída, la pueda volver y quedar libre o se haya de apreciar por un canónigo u otra persona de ciencia y experiencia en razón de virginidad, el daño y menoscabo; y lo que tasare se le haya de dar y añadir a la cantidad prometida en dote.
Ítem, que no esté obligado a recibir en su casa al antecesor, por cuanto la tal paga y restitución se ha de hacer por la razón dicha y no con carga ni gravamen para adelante, porque se le ha de entregar la dicha novia libre de censo, ni tributo alguno, ni sucesión a estado ni mayorazgo.
Ítem, que si la dicha saliere con alguna tacha o defecto, a más de los de arriba expresados, se haya de ver por los calificones y personas entendidas en el arte maridón; y si fueran tan graves e insufribles que no se pueda pasar adelante con ellos, la pueda volver y repudiar, queriendo. Y porque no es justo venir a lo dicho pudiendo excusarlo, le ha parecido especificar los que tienen por defectos insufribles, no poniendo por tal la falta de virginidad, si sale bien pagada, mayormente que a un hombre de treinta años arriba se le hace equidad y buena obra.


DEFECTOS INSUFRIBLES


Lo primero que no traiga consigo padre, madre, hermano, ni pariente, pues su intención no es casarse con ellos.
Que no sea tan fea que espante, ni tan flaca que mortifique, ni tan gorda que empalague.
Que traiga sus miembros cabales, naturalmente y sin artificio, porque tiene por mejor hallar una boca sin dientes que be~ sar los de un asno o rocín muerto, y ver una mujer sin narices que caérsele las ajenas en la primera ocasión de placer, y una cara sin narices y sin lunar de tinta, con que tal vez sale esclavo entrando libre y una mano morena que una sobrevaina de sebillo y unas cejas blancas, que negras a fuerza de betunes, y una pantorrilla menos, que topar con un patrón de calcetero.
Ítem, que no sea enferma de mal de corazón natural ni artificial y le dé con la desmayona, y si lo hiciere, no pase de media hora, porque hay hombre que entiende la flor y llama luego la parroquia; y así lo hará el capitulante.
Ítem, que no sea enferma de sangre lluvia, que es infamia salir un hombre almagrado a fuer de oveja o carnero.
Ítem, que no sea salidona ni visitona, que no tenga correspondencia con frailes.
Que no sea tan necia e ignorante, que no tenga uso de razón, ni tan bachillera que quiera gobernar su marido y mandarle.
Que no sea tan vana, que desestime y vitupere a su marido y le pierda el respeto en público.
Que no tenga tan mala condición que no la pueda esperar un hombre gordo y flemón.
Y por cuanto ninguna cosa le escandaliza y ofende tanto como pensar hay mujer con aliento letrinal, pone por condición que si la novia fuere de las tales, estas cap itulaciones no lleguen a sus manos, ni se trate más del efecto del matrimonio, protestando querellarse de los casamentones por haber intentado echarle vivo en el hediondo carnero.
Y pide y suplica a quien lo puede y debe remediar, mande que la gente contaminada de esta contagiosa enfermedad, se ponga en un hospital o lugar apartado del comercio como se ha hecho siempre con los apestados.
Y no teniendo la dicha novia los dichos defectos o algunos de ellos, permite y tiene por bien pasar por los defectillos que aquí irán declarados.


DEFECTILLOS


Lo primero, se le permite que, siendo de catorce años para abajo, llore por su madre, si bien es indecente cosa para casada y que la dé quejas de su marido, aunque es cruel juez una suegra.
Que siendo de dicha edad, traiga a casa maestro que la enseñe a leer, como no sea barbado, que es civil cosa ver un zamarro, diciendo: Ba, Be.
Ítem, se le permite que se ponga a la ventana y sea tentada de hablar y responder, como no sea con lindos y poetas publicones de deshonras.
Ítem, se le permite que escriba, aunque para nada sea buena la correspondencia de las mujeres casadas.
Que visite una vez en la semana, como no sea sábado, día de limpieza.
Permítesele que coma barro, yeso y otras cosas dañosas; que sería disparate cuidar de la salud de quien se desea la muerte.
Ítem, se le permite que beba vino, como no tenga jarro reservado, cosa muy usada entre las melindrosas, que vomitan de sólo olerlo en público.
Que haga gestos delante de su marido, como lo haya tenido por costumbre.
ítem, se le permite que se barnice y afeite, no siendo tanto que la desconozca su marido por la mañana.
Permítesele que coma de todo, apetezca fiestas y galas y otras invenciones como lo sustente con su aguja y trabajo.
Ítem, se le permite que vaya a sermones y sea frecuentona de las iglesias y haga junta en ellas con sus amigas, con tal que no murmure de su marido, que es inicua cosa que esté él, pacientón, esperándola para comer y ella motejándole de impotente y defectuoso.
Ítem, se le permite que hable alto no estando el marido en casa, porque es un acto indecente y mortificación y sólo puede pasar por él un sufrido, paseón y mantenido.
Ítem, si (lo que Dios no quiera ni permita) las enfermedades e indisposiciones del marido le hicieran incapaz del ejercicio, la novia pueda nombrar un teniente que no sea estudiante, soldado o escudero, porque los tales, no sólo no son de provecho, pero antes se hacen polilla de un sufridor.
Y declara con juramento es sano y entero de sus miembros y que no ha tomado sudores ni unciones, ni usado de bragueros ni de hilas ni de otros pertrechos asquerosos, ni ha sido circuncidado.
Y asimismo declara que no tiene dada palabra de casamiento, ni ha habido quien se la pida; excepto una viuda, la cual, habiendo pasado por todas las condiciones aquí referidas en llegando a la de la correspondencia de frailes quedó atontada y dijo: «¡Quítenme allá novio tan ignorante, que no sabe lo que importa a la conservación del estado maridón el amparo de los benditos religiosos! ¡Cuán diferente lo entendió el malogrado, que en riñendo los dos, llamaba al padre procurador para que nos pusiese en paz y a solas reprendía mi mala condición y él lo hacía con tanta gracia, que me dejaba contenta y pagada de haberme casado con tan prudente marido!»
Ítem, en esta conformidad, tiene por bien haya efecto el matrimonio y pide y suplica a la novia venga en él; y a los casamenteros requiere que la boda sea oculta, porque un novio en público es como un toro en el coso, y un casado notorio es el estafermo en que rompen lanzas los maldicientes y satíricos; demás que se pierde mucho con las demás mujeres que le envían con la suya cuando por no verla se quisiera ir a la cárcel.
Y así lo dijo y otorgó en Madrid, centro de sufridos, y sepulcro de pretendientes.


FIGURAS ARTIFICIALES


Hay figuras artificiales que usan bálsamo y olor para los bigotes, copete, guedejas y aladares, de que usan mucho jaboncillo de manos y pelotilla de cera de oídos. Su conversación es damas, caballos y caza, visten y platican degenerando de la plebe y tal vez se tientan de poesía, a que se inclinan los enamorados, a quienes no satisface menos talento que el de Lope de Vega o don Luis de Góngora, por lo que han oído. Lo superior llaman bonito; lo bueno, razonable, y a lo malo, pésimo; nada les contenta: la causa nunca la dan por ser inferioridad.
En todas las cosas hablan y no entienden ninguna; andan juntos de tres arriba; usan de valentía con el yesero que les ensucia el ferreruelo, con el chirrionero porque güele mal, con el aguador porque no hizo lugar; tratan ásperamente los miserables, y todos traen la espada a la jineta, la daga a la brida con listón de que usan también a falta de cadena, y es la acción más señoril de todas.
Enamoran en la comedia, donde toman entre seis un balcón a escote, civil cosa para príncipes. En la iglesia donde hay concurso y fiesta (que no es gente que reserva partes sagradas para dejar de tratar de la insolencia, que llaman bizarría), son gesteros afectados; no les mira mujer que no piensen sea enamorada de sus gracias y buen talle. Rondan enjertos en señores, a quien quitan pelillos y dicen: «No crió Dios tan bizarro y valiente príncipe ni de tan superiores gracias como vuesa excelencia». Y con estas Insolencias y lisonjas y ser alcahuetes adquieren estos tomajones el vestido, la gala y el caballo prestado.
Son grandes estadistas de la vida, cobardes en extremo; tienen rufianes que riñan sus pendencias y los saquen de afrentas; rinden vasallaje de miedo a los desalmados y zaínos; sus fiscales tratan con matusalenes, a quien estafan; son amigos de olor, comen anís; juran «a fe de hidalgo», «a fe de quien soy» y «como quien soy». Si acaso les quieren llevar a la cárcel, donde les tratan como merecen, dicen al alguacil: «Déjeme vozed y váyase con Dios, que yo hago pleito homenaje, a fe de caballero de ver al señor alcaide y acomodar esta causilla, que tal vez será por haberse traído una pieza de plata de casa del señor donde entró por descuido". Que todos estos daños y otros mayores trae consigo querer sustentar mucha gala sin hacienda, y ser hombre sin renta».
Mucho más tenía que decir de este género de figuras, pero quiérolo diferir para otra ocasión.


RUFIANES DE EMBELECOS


Hay rufianes de invención, que por otro nombre llaman pajotes. Estos son administradores y amparo de las mujeres públicas, dándoles documentos e instrucción de la manera que se deben portar con todo género de gente para ganar más y conservarse en la corte. Unos son soplones de la justicia y andan con ella para amparar su flor. Otros son paseones con su poco de fulleros.
Estánse a la mira para ver lo que sucede a su hembra. Si la dan perro muerto o hacen agravio, ella reclama y él acude con la mano en la espada, terciada la capa; toma la razón, va en seguimiento del malhechor, que ordinariamente es su amigo y dice: «Queda herido; que vea la orden que se ha de dar para poner los bultos en salvo». Saca la miserable el dinero que tiene y a falta sus joyuelas; tómaselas el lagarto y hace antaño, que ellos llaman al entrarse en la iglesia y envían cada día por los ocho o diez reales.
Y si desea irse fuera de la corte, a Sevilla u a otra parte, vuelve dentro de pocos días y dice que ya murió, que cojan los del martillado, que llaman al camino. Otras veces dicen que sanó y compuso la causa con la gura y le costó su hacienda. Si el perro muerto no es dado con estratagema hace que le sigue y vuelve de allí a un poco, saca los derechos de su faltriquera y demudada la color y la daga, dice: «Tome uced este dinero y pártase de aquí adelante, de suerte que no andemos cada día con el sacabuche en la mano». Queda muy contenta, dale con la regalona y algún dinero. De esta manera se conservan estos bellacones sin sacar la espada de veras, aunque también hay otros que tratan con mujeres de estas que son amarteladas y riñen cuando se les ofrece.


ESTAFADORES


Los estafadores y superintendentes de todos géneros de flor tienen particular noticia de todos y, por oficio, inquirir y saber los hurtos que se han hecho, los buenos que han desollado, el que ha hecho la muerte o dado cuchillada por dineros, el que sufre escandalosamente y todo lo que se adquiere con trato ilícito y pernicioso.
Estos desalmados acuden lo más ordinario a los juegos, donde tienen gajes de estruchones con los ciertos y cuando se juega con llaneza, amparan al ganancioso con su braveza. juzgan con su verdad o sin ella, entre cuitados, diciendo: «Esto digo yo, y lo defenderé en campaña, donde quitaré con un cuerno, los que tuviere el que lo contrario dijere». Y demudada la color, los ojos encarnizados y empuñada la espada, salen a la calle hasta que los míseros amedrantados de sus bravezas y escandalizados de sus blasfemias, procuran mitigarle con halagos y promesas; el ganancioso, porque le ayudó; el agraviado porque no le mate; los demás por adquirir su amistad, todos escotan y sí topan con el jugador de la valenciana flor o fracción extraordinaria, danle el parabién de la ganancia del día pasado, contando todo lo que pasó con la ganga.
Si el cierto es áspero y replica: «Uced viene deslumbrado esa flor no conmigo que soy bueno», vuelve diciendo: «Perdone uced, que yo entendí que se llamaba Fulano, que recién venido de las gurapas, y tenía camarada a Fulano, palmeado en Toledo, Madrid y Sevilla. Por esta ciencia de valenciana». El cierto, viendo que aquel hombre le conoce y sabe toda su vida y milagros, con estilo más suave y blando le dice: «Por las alas de Ángel de la Gabriela que no entendí camarada que me habíais conocido. ¿Cómo os va, amigo?». Responde el estafador: «Con mil trabajos y miserias. Ahora acabo de salir de la cárcel, donde he estado dos cuaresmas por unas muertecillas, y pues sabéis de necesidades, no digo más». Saca el otro y dale una buena ayuda de costa, ofreciéndole lo demás que le queda y su persona. Y de esta misma forma ejercen con los demás malhechores, conforme a la disposición de las cosas y a la persona a quien se estafa; porque si es cobarde, no se contentan menos que con la mitad o se lo quitan todo. Tienen por trato e inteligencia hacerse cobradores de delitos o deudas ajenas. Cuando el deudor es cobarde o tiene causas que le obliguen a no reñir llegan a él diciendo: «Mucho me pesa, Fulano tiene quien vuelva por su persona y castígue a los que con superchería se le quieren quedar con su hacienda; pague uced luego, sin dar lugar a que la saque ni haya pesadumbre>>. Si el deudor es brioso y responde: «¿Quién le mete en cobrar dietas ajenas?», desafíale a campaña y vase caminando y alargando el sitio más lejos. Si encuentra algunos amigos dales de ojo, y si no, vase resfriando su cólera y vuelto al desafiado le dice: «Por Cristo que he venido considerando su buena persona de uced y el valor con que me ha seguido; estoy mal informado, y persuádome a que aquel mandria me ha engañado y ha usado de ardid para que dos hombres de bien se matasen. Yo no quiero con vos pendencia, sino que me hayáis y me tengáis por camarada y ocupándome en vuestras ocasiones, dando licencia para castigar al menguado».
Quedan muy amigos, y el acreedor sin dineros y sin la señal que dio a buena cuenta.
Usan también de oficio de gorrones. No hay almuerzo, merienda ni trago en que no se hallen; précianse de muy doctos en el Alcorán de la valentía, llamado Libro del Duelo, son difinidores de los agravios, conciertan las pesadumbres y las beben.
En resolución, esta gente* pasa su vida tirando como curas, el diezmo de las flores; hácense leones con los corderos y corderos con los leones; traen el hábito que los accionistas de la valentía; ampáranse de embajadores, sagrado y boca de lobo de malhechores.


FIGURAS LINDAS


Hay otras figuras lindas de menor cuantía, como son pajes, según los pasados, en sus acciones también usan de dones; mayormente sirven a grandes. Conténtase con traer un azulado cuello abierto, repasándolo cada día seis veces, puños grandes, ligas de roseta, sombrero francés, un listón atravesado, un palillo en la oreja; saturnos de corazón, de día enamoran, de noche se espulgan; comen poco, porque la ración se convierte en sustentar el cuello y no el estómago, el cual se pasa los más días con sólo repasar un plato de la mesa de su amo; usan pues camisas por satisfacción.
Es anejo a esta gente las fregonas, resacas de lacayos que son en primer lugar.


VALIENTES DE MENTIRA


Otras figuras no menos ridículas, que son los accionistas de valentía. Estos, por la mayor parte, son gente plebeya; tratan más de parecer bravos que lindos; visten a lo rufianesco, media sobre media, sombrero de mucha falda y vuelta, ligas con puntas escarramanadas, valona francesa, todo el hierro a un lado; comen en bodegón de vaca y menudo, bastimento de provecho; beben a fuer de valientes y dicen: «Quien bebe bien, bien riñe».
Sus acciones son a lo temerario: dejan caer la capa, calan el sombrero, alzan la falda, pónense embozados y abi ertos de piernas y miran zaino. Su plática es cuestiones de si le dio bien o de antuvión, de si es valiente o no es valiente, si quedó agraviado o no con lo que hizo; no hablan palabra que no sea con juramento, y entre ellos no hay más quilates de valentía que la que tienen de blasfemos.
Précianse mucho de rufianes, y andan de seis arriba; estos valientes de mentira llaman a consejo a todos en ofreciéndose ocasión de pesadumbre; dan entre diez una herida a un manco. Desean tanto opinarse de bravos, que confiesan lo que no hicieron, en perjuicio de su vida y honra. Esta es gente movible, anda de lugar en lugar, con el ajuar en la faltriquera; hablan a lo sevi~ llano: dicen «vuecé, so compadre, so camarada» y llaman «media anega» a la media azumbre. Son grandes estudiantes de jerigonza.
No quiero decir más de estas figuras voraces, temiendo no se me pegue algo o que, si los aprieto mucho, no falte quien diga:
«¿Quién es tu enemigo? El de tu oficio». Pero ya sabe que, con ser mi barriga la misma esterilidad, no traigo peto.


FIGURAS DE CORTE


Hame parecido comenzar estas flores de corte, o ardides de vivir ilícitamente, por el juego, capitán y caudillo de todos los vicios, en el cual no hay alma honrada, ni hacienda que no se atropelle sin distinguir de buenos o malos sujetos, pues ninguno usa más de sus sentidos y potencias que lo que da lugar la buena o rnala fortuna del naipe, ni se difiere más la perniciosa falsa que lo que dura el tener dinero o de sacarle.
Y porque en este diabólico gremio o compañía se representan diferentes papeles, diré primeramente de los que tienen por oficio ser gariteros, en que todo género de cautela y tiranía está recopilada no tocando a los que con serio juegan, ni a los que por entretenimiento admiten conversación en su casa; examinando la gente que en ella entra, pues a los unos mueve la atención de jugar, o ver jugar y a los otros quererse divertir.


GARITEROS


Estos gariteros son ordinariamente hombres de mucha experiencia en el juego, mediante lo cual se retiran a ver perderse otros. Su modo, de entablar la conversación es mostrarse agradables con los tahúres y darles con la lisonja; representan casa libre de justicia, aposento con brasero en invierno y agua fresca en verano; dando a entender a los buenos cuán enemigos son de intereses, que sólo lo desean por divertirse de una melancolía o tristeza, para cuyo remedio les aconsejan los médicos que no estén solos.
Y a los fulleros o ciertos, con quien tienen particular correspondencia, avisan para que prevengan sus garrotes o pongan en razón la flor que usan, y le entreguen las barajas para que las empapelen y disfracen de manera que parezca vienen de la tienda.
Entablan la conversación: los primeros días sólo tratan de obligar a los jugadores con cortesías y lisonjas a que saquen dejándolo a su arbitrio. Dan naipes limpios, barren y riegan la sala, convidan con el traguillo de buen vino con el bocadillo de conserva a los desmayones, piden silencio y quietud, y que ninguno jure, por amor de Dios, porque en haciéndolo cerrará su puerta; prestan dinero sobre prendas, las cuales vuelven con hilete o logro.
Y cuando se ven superiores de los tahúres, por tener cautivos sus vestidos y alhajas y su casa está acreditada, usan de la tiranía; sacan cada mano, no dan jarro de agua que no cueste un ojo, significan la costa de los naipes y velas, la ocupación de su casa, persona y criada y sobresalto de la justicia, la inquietud, la descornunidad del comer, que tal vez es el desván por hacerles gusto; tienen parte de juez cuando se desuella algún bueno, al cual dicen: «Vuestra merced se puede consolar con que perdió su dinero con el mejor tahúr del mundo, y que con mayor llaneza juega. Procure vuesa merced buscar dinero, que yo lo encerraré en un aposento a solas, y si tienen fortuna, le podrá quitar muchos doblones, que es hombre de mucho crédito y hacienda, yo le he visto perder gran suma».
Con estas flores y otras, en pocos días adquieren estos tiranos todo el dinero de la conversación, y se quedan con muchas prendas, y cuando ven los míseros tahúres sus esclavos afligidos y sin crédito, cierran la puerta y dicen: «No quiero más pesadumbres ni ocasiones de blasfemia ni juramentos en mi casa».
Echan esta gente y procuran otra nueva, a la cual encierran y significan son amigos de hombres honrados y cuerdos, no alborotadores ni valientes. Tratan de parecer bravos y mal sufridos, porque les tengan respeto y no haya peleones, son grandes contadores de cuentos y dan con la entretenida mientras se arma el garito.


CIERTOS


Como he dicho arriba, los gariteros son los encubridores y los sabidores de la flor de los ciertos, y tienen parte en lo que se gana, y así, no confederándose unos con otros, es dificultoso conservarse. Hay en cada cuadrilla tres interlocutores: e primero es el cierto, el cual anda siempre prevenido con naipes hechos, unos por la barriguilla y otros por la ballestina, otros por morro y otros por todas partes; que si el bueno no come de uno y se escalda, darle con el otro. El segundo interlocutor es el rufián valiente de esta cuadrilla, está por su cuenta luego que se acaba el juego tomar los naipes porque no vayan a manos ajenas y se conozca la flor y ampararlos con su braveza. El tercero con el doble está a su cargo el traer buenos a quien desollar con ardid y engaño.
Estos traidores no reservan a sus padres; topan con el amigo que les ha dado de comer y beber y hecho buenas obras, y se le llevan al matadero.
No entran juntos en el juego ni lo andan en público, por no ser conocidos por camaradas. Acabando de jugar cogen el cierto dinero, mira si hay algún estruchón, al cual dice: «Tome uced esos ocho reales que le debo y perdone», y sálese. Queda el valiente diciendo: «Por Cristo que es buen tahúr y hombre de bien aunque pudiera dar alguna presa a los honrados». Viénense a juntar al bodegón donde lo primero se come y se bebe amplísimamente, después sacan lo que ha quedado y se reparten por iguales partes, con algún premio al autor, el cual les da con la insolencia. Duermen en posadas, por gozar de la ocasión de gente nueva, tienen correspondencia unos con otros; hacen sumisión a los estruchones porque no les desfloren.
Hay muchos géneros de fulleros: unos son diestros por garrote y otros por una ida y otros géneros de chanza y les llaman águilas, entienden de toda costura; gastan linda parola, son cortesísimos y tienen un agrado aparente con que atraen estos leones los corderitos. Mudan vestidos muy a menudo, por no ser conocidos de la justicia, que llaman gura, con quien son grandes estadistas; pero en ese tiempo corre poco su oficio, porque no hay niño que no sepa si el naipe pica o está limpio, ni señor que no trate de entenderlo por curiosidad.
Y está reducido a arte, lo que aquí digo por ser cosa notoria.


ENTRETENIDOS


Hay en este maldito gremio otro género de gente de flor, que son los entretenidos o entremetidos cerca de la persona del juego. Éstos acuden a los garitos, llevan los tahúres, al que les hace mejor acogida, siéntanse en buen lugar; si entra algún adinerado y concidánle con él con mucho agrado, y en la primera suerte le da una presa en pago.
Son jugadores y cuando hay mucha bulla quitan el dinero y aplican para sí lo mostrenco. Tienen manos de piedra imán, atraen las monedas, las cuales dejan caer en el pescuezo, en la pretina o los puños con la justificación, mostrando las manos limpias. Hácense a la parte que vence, y dicen: «Juegue uced con gusto y gane, y déjeme a mí la cuenta».
Cuando ve que tiene ganado mucha parte del dinero con el pie para que se levante. Si lo hace, sálese con él y dicen: «¡Cuerpo de Dios! Conténtese uced con lo bueno y no quiera llevarse los clavos del bufete, que no había entre todos los tahúres diez reales, y de aquí adelante gobiérnese uced por los amigos, que los que no jugamos estamos más en las cosas que los que juegan». Saca el ganancioso un puñado de cuartos, y dice: «Perdone uced y vamos a comer». Entran en el bodegón; preguntan si hay algo extraordinario y comen con gusto.
Son tratantes en bolsillos, guantes y medias, lo cual llevan al juego donde se rifan por la mitad más de lo que vale; dan prestado a las manos, que es un logro cruel.
Y con estas trazas infernales y los derechos de estruchones con los ciertos y soplones con la justicia pasan su vida, y yo acabo con las flores del juego.


SUFRIDOS


En segundo lugar quiero poner los sufridos, gente de gran prudencia y sagacidad y estimación y que con mucha comodidad pasan su vida. Éstos, particularmente son aragoneses, enemigos de trabajo; ríense de los polidones y censurones y tienen por ignominia ser amigos del prójimo.
Cásanse con mujeres traídas de señores y gente poderosa; danles en dote alguna ocupación de ausencia para que se entretengan el tiempo que están en la corte. Tratan de irse a la comedia o al juego por desocupar la casa y dan lugar al despacho.
Si tienen mujer hermosa, son conocidísimos; no hay persona de cuenta que no les quite el sombrero o agasaje y ofrezca su favor y amparo. Duermen, a fuer de príncipes, en cama aparte; comen regaladamente, tienen despenseros honrados, y entran en casa con gran silencio por no inquietar al huésped.


SUFRIDOS VANOS


Hay otros sufridos vanos que no quieren ahora sea título o grande, cosa de más ruido que provecho.


ESTADISTAS


Los estadistas y acomodados a lo útil no tratan de eso. Dicen que mejor gente es eclesiásticos, que reserva parte de frutos para limpieza de cuerpo; el procurador del convento, que se precia de zapatos, el cajero del ginovés; el criado del mercader poderoso, que asisten poco y pagan mucho por su reputación, callan aunque vean visiones.
Estos prudentísimos varones précianse de honrados, son hipócritas, vanse a las conversaciones de cientos, juego acomodado para esta gente, pues hay hombre que se está dos días sin comer ni beber ni orinar. Si se ofrece tratar de su mujer dicen que es una Magdalena en penitencia que trae cilicio allegado a las bellísimas carnes para que se sepa son buenas y las apetezcan, no sale de tal iglesia para que la busquen en ella, no es ventanera para que la busquen en casa, no es amiga de regalos para que la paguen en dinero.


SUFRIDOS RATEROS


Hay otros sufridos, rateros, que éstos se llaman amigos de amigos; llévanlos a su casa, piden a su mujer que cante y baile, envían al huésped por colación, va el propio por ella y tárdase. Forma un garitillo para aparroquiar su casa con los del naipe, guitarras, etcétera.
Tienen todos fregonas de buena cara, para entretenimiento del criado del huésped grave, a la cual pagan con darla libertad de conciencia y por adocenado que sea el cornudo, come, pasea, viste bayeta.


VALIENTES


La flor más cruel e inicua de todas, a mi parecer, es la de los valientes que tienen por oficio el serlo y comen de eso.
Los unos tienen más de aparentes que de temerarios: arrímanse a señores, debajo de cuyo amparo hacen mil insultos y maldades; salen con ellos de noche, usan mil estratagemas y ardides para opinarse de valientes con el señor y echan amigos que los acuchillen y después huyen del rigor de sus espadas, con que se admira su dueño y confiesa que por Fulano tiene la vida y que es el más valiente y bizarro del mundo.
Otros, que están ya rematados y por sus delitos no caben en el mundo, se retraen en casas de embajadores y partes sagradas; tienen sus corredores o inquisidores de agravios, de los cuales conciertan la muerte, el herirlo por la cara y otros géneros de heridas conforme al tamaño y a la calidad de su persona a quien se ha de dar y el riesgo a que se exponen.
Estos corredores de la parca, sagacísimos y zainos no reservan a nadie, traen buena capa; son correos con la noticia a la justicia para tenerla grata; llevan su parte de heridas o muerte, son también cirineos de los rufianes retraídos. Cobran el estipendio de la hija y la administran; tienen arancel de los preceptos de vidas y muertes, tiran su correduría de la parte, conforme a la inteligencia que les tiene de costa.
Los últimos son nocturnos; quitan capas, escalan casas, aunque son muy apacibles, corteses y generosos con la gente que tratan de día a quien dan con la justificona y humildona, quejándose de su mala fortuna, de testigos falsos y soplones que los hacen andar arrastrados y fuera de sus casas no gozando de sus hijos y mujer.
Viven con gran zozobra y sobresalto y casi todos vienen a parar en la horca.