Carta de Javiera Carrera a Pedro Díaz de Valdés Santiago (7 de mayo de 1810)

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Aún no consigo a esta fecha un momento de tranquilidad Valdés mío. Desde que me separé de ti, no sé que cosa es reposo, un cierto movimiento extraordinario me tiene siempre pensando en el imposible de oírte hablar; cruel separación es ésta por cierto, pero fío en que Dios y la naturaleza auxilian aún al más abatido, y así espero tengas una completa felicidad en tu viaje, yo no ceso de pedir a Dios esto, y te estan diciendo un novenario de misas que oigo con toda mi familia, contando con que Dios oirá los ruegos de tus inocentes hijos que a competencia piden por su padre suyo. No tengas el menor cuidado por ellos, mi único consuelo y entretenimiento es cuidarlos.

A Tollo y Cárdenas, mis verdaderos amigos, dáles un sin fin de memorias y a mi amado hijo Manuel abrázalo a mi nombre con toda la ternura que yo lo hiciera.

La confusión que reina en mí no me deja continuar ésta, y hazte sólo cargo del extrañable amor que te profesa tu amantísima y desgraciada. Francisca Javiera.

P.D. Recibe expresivo de padre y no dejes de escribir a los oidores, que desde que tu te fuiste han venido con repetición siendo el primero el Regente , Aldunate es el único que ha faltado, pero desprecio su modo de pensar. Todo el pueblo puedo decir me favorece en acompañarme, de modo que está tu casa como jubileo a toda hora, y las oraciones son generales en tu favor. Adiós mi Valdés, no dejes de escribirme de cuantas partes se te proporcionen, de lo contrario te llamaría injusto