Carta del coronel EP Carlos Agustín Beláunde a su compadre Nicolás de Piérola Villena

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Arica, mayo 30 de 1880

Señor don Nicolás de Piérola – Lima

Muy respetado compadre:

Con el corazón enlutado tomo la pluma para, en cortas palabras, manifestarle los acontecimientos del funesto día 26. El 25, a las 5 p.m. nuestro ejército en Tacna le tomó al enemigo 60 mulas cargadas de agua y tres prisioneros, los mismos que confesaron que más atrás venían algunas carretas cargadas también con más agua y algunos víveres, y por el interés, nuestro General, de tomar al enemigo esos elementos, destacó del campamento, según aseguran algunos dispersos, cinco batallones con el objeto de darles caza a los enemigos que vinieran conduciendo dichos elementos; lo que no se verificó, por no haber encontrado a nadie y, por el contrario, en esa perseguida perdió nuestra fuerza toda la noche en vano, y haciendo andar en esas pampas a la gente, hasta el día siguiente a las 6 a.m., hora en que el enemigo se presentaba a nuestro ejército a la vista. A las 10 a.m. se trabó el combate y a las 12 m. se dejó flanquear nuestro ejército por el ala izquierda, entrando el enemigo a Tacna y Montero huyendo a Pachía, según dicen con 3,000 hombres; otros dicen que está en Palca, pero lo cierto, compadre, es que esos cobardes civilistas se han corrido como unos miserables, dejando nuestro país en manos del enemigo, y sin ninguna probabilidad nosotros de poder rescatar Tacna, pues el coronel Leiva, en quien teníamos esperanzas, sólo ha llegado a Torata el día 26 de éste, es decir, el mismo día que los chilenos tomaban Tacna; así que el coronel Leiva no podrá llegar ni el día 4 de junio, que aún sería tiempo de dar a los chilenos otra segunda batalla, pues dicen que no tienen sino 7,000 hombres y como quiera que Leiva dicen que trae cuatro y tres que tiene Montero, podrían pues muy fácilmente vencer a los enemigos en Tacna. Yo estoy defendiendo Arica con mi batallón, que tiene 380 hombres de inmejorable gente tacneña y todos pierolistas de corazón y resueltos a morir todos antes que dejar tomar al chileno este puerto. Si nos llegasen a vencer por el número los chilenos, inutilizaríamos antes todo en Arica y si quedamos vivos algunos, nos retiraremos a juntarnos con Leiva si éste demorase por alguna circunstancia.

Esta es la verdad de los acontecimientos, querido compadre, pero en fin, aquí nos consuela la idea de que Ud. ha de castigar a los cobardes chilenos, pues así confiamos todos los amigos de Ud.

En cuanto a mí, compadre, ya sabe Ud. que cuenta conmigo y con mi batallón y que si que perdemos y quedo vivo y puedo escapar, marcharé a formar otro batallón a otra parte, a fin de defender siempre a Ud. y su gobierno, pues esa sola es mi única consigna.

No teniendo otra cosa por ahora que comunicar a Ud., le deseo buena salud y le repito que cuente Ud. con el brazo de su verdadero compadre y seguro servidor.

Carlos A. Belaúnde