Cartas a Lucilio - Carta 44

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Carta XLIV La verdadera nobleza está en la virtud Otra vez te me presentas como pequeño y maltratado por la naturaleza, y después por la fortuna, siendo así que puedes levantarte de entre los vulgares y ascender a la máxima felicidad posible para un hombre. Si alguna cosa tiene la filosofía, es la de no reparar en el origen familiar: si miramos los primeros orígenes, todos los hombres provienen de los dioses. Eres caballero romano, es tu talento que te ha subido a este orden, pero, por Hércules, las catorce filas están cerradas para muchos (se refiee Séneca a las catorce filas de asientos reservados para los caballeros en el teatro) ; no a todos acepta el Senado; e i incluso la milicia escoge escrupulosamente los que ha de admitir a la fatiga y al peligro; el sentido común, en cambio, está abierto a todos; ante él todos somos nobles. Ni rechaza a nadie, ni elige a ninguno la filosofía: luce para todos. Sócrates no era patricio, Cleantes sacaba agua y se alquiló para regar un huerto; a Platón, la filosofía no lo recibió como noble, antes lo hizo tal. ¿Porqué has de desesperar de poder hacerte semejante a ellos? Todos estos son tus entenados, si te haces digno; y te harás, si bien pronto te persuades de que ninguno te supera en nobleza, Todos nosotros tenemos un nombre igual de entenados: de ninguno busca la memoria del primer origen. Dice Platón, que no hay ningún rey que no sea originario de esclavos, ni ningún esclavo que no lo sea de reyes. Una larga variación ha mezclado todas estas cosas, y de arriba a bajo las ha movido la fortuna. ¿Quién es noble? El que ha recibido de la naturaleza una buena disposición para la virtud. Esto es lo único que hay que mirar; al contrario, si te reclamas de la antigüedad, todos provienen de aquél tiempo antes del cual no había nada. Del primer origen del mundo hasta el tiempo actual, nos ha ido llevando una alternancia de hombres brillantes y oscuros. No se trata de un atril lleno de bustos ennegrecidos lo que hace noble; ninguno vivió para nuestra gloria, no es nuestro aquello que fue antes que nosotros: es el alma lo que hace noble, a la cual es corriente elevarse sobre la fortuna desde cualquier condición. Imagínate que no eres caballero romano, sino un liberado; puedes llegar a conseguir ser tu solo libre de hecho entre los libres de nacimiento. <<Como?>>, dices. Si distingues el bien del mal, no por los dictados del pueblo. Hay que mirar no de donde vienen, sino adonde van. Si hay algo que puede hacer bienaventurada la vida, es bueno por la naturaleza, pues que no puede degenerar en malo. ¿En qué se equivocan, pues, los hombres, si todos desean la vida bendita? Que toman por ella sus medios, y así, mientras delegan, se alejan. Pues siendo el grado supremo de la vida bendita la firme seguridad y la confianza, rebuscan motivos de angustia, y por este camino de la vida lleno de peligros, mejor que llevarlas, arrastran sus fardos; así es como más trabajo invierten, más tropiezan ellos mismos, y caminan hacia atrás. Tal sucede dentro de un laberinto a los precipitados, que su misma velocidad los desencamina.