Cartas a Lucilio - Carta 65

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Carta LXV Opiniones de los filósofos sobre la causa primera Me fui ayer con la enfermedad: (sobre la débil salud de Séneca ver Cartas LIV y CIV) por la mañana, se la quedó ella; por la tarde, me la dejó a mí. Probé, primero, mi espíritu con la lectura. Después, viendo que la resistía, me atreví a exigirle más, mejor dicho, a permitírselo; escribí alguna cosa y con mayor intensidad, por cierto, de lo que acostumbro cuando me quito de encima una materia difícil y no me quiero ser vencido, hasta que intervinieron los amigos a hacerme violencia y reprimirme como un enfermo imprudente. La palabra reemplazó la pluma, y aquí te transmito aquella parte de nuestra conversación que quedó en discusión, de la cual fuiste nombrado como árbitro. Tienes más trabajo que lo que crees, pues la causa tiene tres partes. Dicen, como sabes, nuestros estoicos que hay en la naturaleza dos cosas, de las cuales todo es creado: la causa y la materia. La materia queda incierta, dispuesta a todo, siempre ociosa, si no la mueve nadie; la causa, al contrario, esto es la razón, da forma a la materia, la hace cambiar en el sentido que quiere y produce de ella diversas obras. Hace falta, pues, que exista la substancia de la que se hace la cosa y el que la hace: este es la causa, aquella la materia. Todo arte es imitación de la naturaleza, por tanto, eso que decía del universo, aplícalo a las obras del hombre. La estatua tuvo una materia que recibía la obra del artista y un artista que daba forma a la materia: en la estatua, pues, el bronce fue la materia, el artista fue la causa. De igual condición son todas las cosas: constan de aquello que es hecho y de aquello que hace. Creen los estoicos que hay una sola causa, la eficiente. Aristóteles opina que la causa es de tres géneros: <<la primera causa, dice, es la misma materia, sin la cual nada puede se hecho, la segunda es el autor, la tercera es la foma que, como una estatua, se imprime a la cosa>>, a la cual Aristóteles la denomina <<idos>> <<Aún una cuarta causa, dice, se añade, el fin de toda obra>> Te haré ver esto bien claro. El bronce es la primera causa de la estatua, ya que la estatua nunca habría sido hecha, a no existir una materia de la cual fuera fundida, y modelada. La segunda causa es el artista, ya que aquél bronce no habría podido ser transformado en figura de estatua si no lo hubiesen trabajado unas manos diestras. La tercera causa es la forma, por que aquella estatua no se llamaría <<Doryphoros>> (Portalanzas) o <<Diadumenos>> (Hombre que se peina) (ambas obras son muy conocidas del autor Políclit –S.V d JC) si esta figura no hubiera sido realizad. La cuarta causa es el fin por el que se hace, pues sin este fin no sería hecha. ¿Qué es el fin? Aquello que impulsó al artista, en busca de lo que él trabajó, sea el dinero, si la ha hecho para vender, sea la gloria, si trabajó para su reputación, sea la religión, si preparó una donación para un templo. Es pues, también una causa el fin por el que hace una obra, pues bien contarás entre las causas de una obra aquello sin lo que no habría sido hecha. A estas causas, Platón añadía una quinta, la que el designa <<idea>>, que es aquello, hacia donde mira el artista, ha hecho aquello que se proponía. No afecta nada el caso que tenga fuera de él este ejemplar, hacia donde mirar, o dentro de él, concebido y puesto por el mismo. Dios tiene dentro de El estos ejemplares de todas las cosas, y alcanza con su inteligencia al número y la manera de todo aquello que ha de hacerse; El está lleno de estas imágenes inmortales,, inmutables, inagotables, que Platón llama <<ideas>> Así los hombres sin duda mueren, pero la humanidad, según la cual el hombre se forma, queda y, mientras los hombres padecen y acaban, ella no padece nada. Cinco son, pues, las causas, al decir de Platón: materia, creador, forma, modelo y fin; últimamente viene el producto de todas ellas. Así en la estatua, para volver al ejemplo de antes, la materia es el bronce, el creador es el artista, la forma es la figura que le ha sido adaptada, el modelo es el ejemplar que las que a su autor, el fin es el propósito del creador, el resultado de todo es la misma estatua. También el mundo, como dice Platón, tiene estas causas: tiene el que lo crea, que es Dios; aquello de lo que se hace, que es la materia; la forma, que son las leyes y el orden del mundo que vemos; el ejemplar, que es la imagen según la cual Dios ha hecho esta obra sumamente grande y bella; y el fin por el cual esta hecha. ¿Pides cual es el fin es se propone Dios? La bondad. Así mismo lo dice Platon: << ¿Qué motivo tuvo Dios para hacer el mundo? Dios es bueno y el ser bueno no es nunca celoso de ningún bien; por esp hizo el mundo tan bueno como podía.>> Da, pues, oh juez, la sentencia y pronuncia quien te parece que tiene más razón, no quien tiene más razón, pues esto está tan por encima de nosotros como la verdad misma. Este conjunto de causas ponen Aristóteles y Platón o es demasiado comprensiva, o lo es demasiado poco, porque si creen que todo aquello sin lo cual una cosa no puede ser hecha, es una causa, y pondremos pocas. Pongamos entonces entre las causas, el tiempo, pues sin el tiempo no puede hacerse nada; pongamos el espacio, pues si no existía donde se pueda hacer alguna cosa, no será hecha; pongamos el movimiento, pues sin él no existiría. Pero ahora nosotros buscamos la causa primera y universal, la cual ha de ser simple, ya que la materia lo es. ¿Pedimos cual es la causa? Sin duda la razón creadora, es decir, Dios (Esto es, el <<logos prepratikós>>, fuerza creadora existente en la naturaleza, de la cual no es bien claro si era o no distinta de ella, sobre todo teniendo en cuenta que para los estoicos no existía nada fuera de la materia); ya que todas que habéis mencionado no son diferentes causas distintas, pues dependen de una sola, de la que crea. Dices que la forma es una causa. La forma está impresa en la obra del artista; es una parte de la causa, no una causa. Tampoco es causa ejemplar, sino instrumento necesario a la causa. El ejemplar es necesario al artista, como lo son el escalpelo y la lima, sin los cuales el artista no podría trabajar, sin que por eso sean partes del arte o causas. <<El fin del artista, dice, por el cual se pone a la obra es una causa>>Poniendo que lo fuera, no es causa eficiente, sino accesoria, las cuales son innumerables: nosotros buscamos la causa universal. Pero donde nos desdecimos de su sagacidad habitual, es diciendo que todo el mundo, toda la obra consumada, es una causa, pues hay una gran distancia entre la obra y la causa de la obra. O das sentencia o, eso que en tales aferes es lo más fácil, di que no lo ves claro, y suspéndelo hasta otro examen. <<¿Qué ansiedad encuentras, dices, a matar el tiempo en estas cosas que no te libran de ninguna pasión, ni expulsan ningún deseo?>> De tal manera , yo hago y medito en principio aquellas materias que me tranquilizan el espíritu, y me examino a mí mismo, y después al universo. Pero tampoco ahora pierdo el tiempo, como tú piensas; pues estas cosas, si no se examinan a trozos y estiran en sutilidades inútiles, levantan, todo aligerándolo, el espíritu, el cual, oprimido por una carga pesada, desea expandirse y volver a aquellos principios a los cuales perteneció. Pues este cuerpo es un peso y una pena del alma; bajo su peso, el alma se oprime y queda prisionera, si ya entonces no ve en su ayuda la filosofía a hacerla respirar en el espectáculo de la naturaleza, y a levantarla de las cosas terrenas a las divinas. Esta es su libertad, ésta su elevación (Según los estoicos, el ala (fuego o aliento vital, parte de la esencia divina) al salir del cuerpo, volaba hacia el éter y se convertía en una de las estrellas, y así había de vivir hasta la conflagración que había de destruir el universo); de tanto en tanto es deseo de la prisión en que estaba retenida y se renueva en el cielo. Así como los artistas de materiales muy finos, que fatiga la vista con excesiva atención, si trabajan con una luz pobre y vacilante, salen a la calle, o van a algún lugar dedicado al esparcimiento popular a deleitarse los ojos con la luz libre, como el alma, cerrada en este triste y oscura lugar, siempre que puede, sale al aire libre, y reposa en la contemplación de la naturaleza. El sabio y el aspirante a la sabiduría viven ciertamente ligados a su cuerpo, pero en su parte mejor están fuera, pues sus pensamientos vuelan hacia las alturas. Parecidos a un soldado ligado por un juramento, miran la vida como un servicio; están tan acostumbrados, que no le tienen amor ni odio, y se resignan a la condición mortal, todo y sabiendo que les quedan destinos más amplios. ¿Me quieres prohibir la contemplación de la naturaleza, arrancarme del todo para reducirme a una parte? ¿No podrá buscar el principio de todas las cosas, quien las ha formado, quien separó las cosas confusas en una sola masa y envolverlas en la materia inerte? ¿No investigaré quien es el artífice de este mundo, como tanta inmensidad ha entrado en ley y en orden, quien a recogido lo disperso, aclarado lo confuso, quien dio figura distinta a cada cosa permanecía en una masa amorfa, de donde se difunde tanta luz, si es del fuego, o de una cosa más brillante que el fuego? (El orden de los elementos, de la tierra hacia fuera, era: tierra, agua, aire, fuego. Más arriba estaba el éter, del cual Aristóteles creía que era una especie de fuego diferente, pero los estoicos se negaban a admitir este quinto elemento, el cual creían de igual naturaleza que el fuego) ¿Yo no buscaré estas cosas? ¿Yo ignoraré de donde procedo, si he de ver una sola vez este mundo, o he de nacer diversas veces, donde he de ir saliendo de aquí, que tranquilidad espera a mi alma sujeta por las leyes de la esclavitud humana? ¿Me vedas todo trato con el cielo? ¿Me mandas que viva con la cabeza cortada? Soy demasiado mayor, y nacido para cosas demasiado grandes, para ser un sirviente de mi cuerpo, el cual no miro mas que como una cadena tirada entorno a mi libertad. Yo lo opongo frente a la fortuna para resistir los golpes, y no permito que ninguna herida suya llegue hasta mí. Todo el que en mí puede sufrir alguna injuria, es el cuerpo, esta morada asediada donde habita el alma libre. Nunca esta carne me forzará a tener temor, ni a una simulación indigna de un alma buena; nunca mentiré por respeto a este cuerpo mezquino. Cuando me parecerá, romperé la alianza con el, y mientras tanto, mientras estamos ligados, no seremos socios a partes iguales. El alma se arrogará todos los derechos, pues el menosprecio de su cuerpo es la certeza de la libertad. Volviendo a mi propósito, el estudio de que hablábamos contribuye también mucho a esta libertad. Como de hecho, todas las cosas provienen de la materia y de Dios. Dos las rige y, rodeándolo por todas partes, ellas obedecen ante su moderador y su guía. Pero aquél que crea, esto es, Dios, , es más poderoso y excelente que no la materia que recibe la actuación de Dios. El lugar que Dios en este mundo, lo ocupa el alma en el hombre; lo que es en el mundo la materia esta en nosotros, el cuerpo. Procede, pues, que aquello que es peor sirva a aquello que es mejor; seamos fuertes contra el azar, no nos espantemos por las injurias, ni por las heridas, ni por las cadenas, ni por la escasez. ¿Qué es la muerte? O es un fin, o es un tránsito. No temo en absoluto ni de dejar de ser, pues es lo mismo que no haber comenzado, ni de pasar a otro lugar, pues en ninguno estaré tan estrecho como aquí. (Aquí Séneca remarca su idea de desprendimiento de la vida, del suicidio, en absoluta conexión con el pensamiento estoico)