Conde Lucanor:Ejemplo 33

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Conde Lucanor - Ejemplo XXXIII


Exemplo XXXIIIº - De lo que contesçió a un falcón sacre del infante don Manuel con una águila et con una garça[editar]

Fablava otra vez el conde Lucanor con Patronio, su consegero, en esta manera:

-Patronio, a mí contesçió de aver muchas vezes contienda con muchos omnes; et después que la contienda es passada, algunos conséjanme que tome otra contienda con otros; et algunos conséjanme que fuelgue et esté en paz, et algunos conséjanme que comiençe guerra et contienda con los moros. Et porque yo sé que ninguno otro non me podría consejar mejor que vós, por ende vos ruego que me consejedes lo que faga en estas cosas.

-Señor conde Lucanor -dixo Patronio-, para que vós en esto acertedes en lo mejor, sería bien que sopiéssedes lo que contesçió a los muy buenos falcones garçeros et señaladamente lo que contesçió a un falcón sacre que era del infante don Manuel.

El conde le preguntó cómo fuera aquello.

-Señor conde -dixo Patronio-, el infante don Manuel andava un día a caça cerca de Escalona, et lançó un falcón sacre a una garça, et montando el falçón con la garça, vino al falcón una águila. El falcón, con miedo del águila, dexó la garça et començó a foír; et el águila desque vio que non podía tomar el falcón, fuesse. Et desque el falcón vio ida el águila, tornó a la garça et començó a andar muy bien con ella por la matar.

Et andando el falcón con la garça tornó otra vez el águila al falcón, et el falcón començó a foír como el otra vez; et el águila fuesse, et tornó el falcón a la garça. Et esto fue assí bien tres o cuatro vezes: que cada que el águila se iva, luego el falcón tornava a la garça; et cada que el falcón tornaba a la garça, luego vinía el águila por le matar.

Desque el falcón vio que el águila non le quería dexar matar la garça, dexóla, et montó sobre el águila, et vino a ella tantas vezes, feriéndola, fasta que la fizo desterrar daquella tierra. Et desque la ovo desterrado, tornó a la garça, et andando con ella muy alto, vino el águila otra vez por lo matar. Desque el falcón vio que non le valía cosa que feziesse, subió otra vez sobre el águila et dexóse venir a ella et diol’ tan grant colpe, quel’ quebrantó el ala. Et desque ella vino caer, el ala quebrantada, tornó el falcón a la garça et matóla. Et esto fizo porque tenía que la su caça non la devía dexar, luego que fuesse desenbargado de aquella águila que gela enbargaba. Et vós, señor conde Lucanor, pues sabedes que la vuestra caça et la vuestra onra et todo vuestro bien paral cuerpo et paral alma es que fagades serviçio a Dios, et sabedes que en cosa del mundo, segund el vuestro estado que vós tenedes, non le podedes tanto servir como en aver guerra con los moros por ençalçar la sancta et verdadera fe católica, conséjovos yo que luego que podades seer seguro de las otras partes, que ayades guerra con los moros.

Et en esto faredes muchos bienes: lo primero, faredes servicio de Dios; lo ál, faredes vuestra onra et obraredes en vuestro ofiçio et vuestro meester et non estaredes comiendo el pan de balde, que es una cosa que non paresçe bien a ningund grand señor: ca los señores, cuando estades sin ningund mester, non preciades las gentes tanto como devedes, nin fazedes por ellos todo lo que devíades fazer, et echádesvos a otras cosas que serían a las vezes muy bien de las escusar. Et pues a los señores vos es bueno et aprovechoso aver algund mester, çierto es que de los mesteres non podedes aver ninguno tan bueno et tan onrado et tan a pro del alma et del cuerpo, et tan sin daño, como la guerra de los moros. Et si quier, parat mientes al enxiemplo terçero que vos dixe en este libro, del salto que fizo el rey Richalte de Inglaterra, et cuánto ganó por él; et pensat en vuestro coraçón que avedes a morir et que avedes fecho en vuestra vida muchos pesares a Dios, et que Dios es derechurero et de tan grand justiçia que non podedes salir sin pena de los males que avedes fecho; pero veed si sodes de buena ventura en fallar carrera para que en un punto podades aver perdón de todos vuestros pecados, ca si en la guerra de los moros morides, estando en verdadera penitençia, sodes mártir et muy bienaventurado; et aunque por armas non murades, las buenas obras et la buena entençión vos salvará.

El conde tovo éste por buen enxiemplo et puso en su coraçón de lo fazer, et rogó a Dios que gelo guise como Él sabe que lo él desea.

Et entendiendo don Johan que este enxiemplo era muy bueno, fízolo escrivir en este libro, et fizo estos viessos que dizen assí:


Si Dios te guisare de aver sigurança,
puña de ganar la complida bien andança.


Et la istoria deste enxiemplo es ésta que se sigue: