Conde Lucanor:Quinta parte

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Conde Lucanor - Quinta parte


Quinta parte del Libro del Conde Lucanor et de Patronio[editar]

-Señor conde Lucanor -dixo Patronio-, ya desuso vos dixe muchas vezes que tantos enxiemplos et proverbios, dellos muy declarados et dellos ya cuanto más oscuros, vos avía puesto en este libro, que tenía que vos cumplía assaz, et por afincamiento que me feziestes ove de poner en estos postremeros treinta proverbios algunos tan oscuramente que será marabilla si bien los pudierdes entender, si yo o alguno de aquellos a qui los yo mostré non vos los declarare; pero seet bien çierto que aquellos que parescen más oscuros o más sin razón que, desque los entendiéredes, que fallaredes que non son menos aprovechosos que cualesquier de los otros que son ligeros de entender. Et pues tantas cosas son escriptas en este libro sotiles et oscuras et abreviadas, por talante que don Johan ovo de complir talante de don Jaime, dígovos que non quiero fablar ya en este libro de enxiemplos, nin de proverbios, mas fablar he un poco en otra cosa que es muy más aprovechosa.

Vós, conde señor, sabedes que cuanto las cosas spirituales son mejores et más nobles que las corporales, señaladamente porque las spirituales son duraderas et las corporales se an de corromper, tanto es mejor cosa et más noble el alma que el cuerpo, ca el cuerpo es cosa corrutible et el alma cosa duradera; pues si el alma es más noble et mejor cosa que el cuerpo, et la cosa mejor deve seer más preçiada et más guardada, por esta manera non puede ninguno negar que el alma non deve seer más preçiada et más guardada que el cuerpo.

Et para seer las almas guardadas ha mester muchas cosas, et entendet que en dezir guardar las almas, non quiere ál dezir sinon fazer tales obras porque se salven las almas; ca por dezir guardar las almas, non se entiende que las metan en un castillo, nin en un arca en que estén guardadas, mas quiere dezir que por fazer omne malas obras van las almas al Infierno. Pues para las guardar que non vayan al Infierno, conviene que se guarde de las malas obras que son carrera para ir al Infierno, et guardándose destas malas obras se guarde del Infierno.

Pero devedes saber que para ganar la gloria del Paraíso, que ha guardarse omne de malas obras, que mester es de fazer buenas obras, et estas buenas obras para guardar las almas et guisar que vayan a Paraíso ha mester ý estas cuatro cosas: la primera, que aya omne et biva en ley de salvaçión; la segunda, que desque es en tiempo para lo entender, que crea toda su ley et todos sus artículos et que non dubde en ninguna cosa dello; la terçera, que faga buenas obras et a buena entençión porque gane el Paraíso; la cuarta, que se guarde de fazer malas obras porque sea guardada la su alma de ir al Infierno.

A la primera, que aya omne et biva en ley de salvaçión, a ésta vos digo que, segund verdad, la ley de salvaçión es la sancta fe cathólica segund la tiene et la cree la sancta madre Ecclesia de Roma. Et bien creed que en aquella manera que lo tiene la begizuela que esta filando a su puerta al sol, que assí es verdaderamente; ca ella cree que Dios es Padre et Fijo et Espíritu Sancto, que son tres personas et un Dios; et cree que Jhesu-Christo es verdadero Dios et verdadero omne; et que fue fijo de Dios et que fue engendrado por el Spíritu Sancto en el vientre de la bien aventurada Virgo Sancta María; et que nasçió della Dios et omne verdadero, et que fincó ella virgen cuando conçibió, et virgen seyendo preñada, et virgen después que parió; et que Jhesu-Christo se crió et cresçió como otro moço; et después, que predicó, et que fue preso, et tormentado, et después puesto en la cruz, et que tomó ý muerte por redemir los pecadores, et que descendió a los infiernos, et que sacó ende los Padres que sabían que avía de venir et esperavan la su venida, et que resusçitó al terçer día, et aparesçió a muchos, et que subió a los çielos en cuerpo et en alma, et que envió a los apóstoles el Spíritu Sancto que los confirmó et los fizo saber las Scripturas et los lenguages, et los envió por el mundo a predigar el su Sancto Evangelio. Et cree que Él ordenó los sacramentos de Sancta Eglesia, et que los son verdaderamente assí como Él ordenó, et que ha de venir a nos judgar, et nos dará lo que cada uno meresçió, et que resusçitaremos, et que en cuerpo et en alma avremos después gloria o pena segund nuestros meresçimientos. Et ciertamente cualquier vegizuela cree esto, et esso mismo cree cualquier christiano.

Et, señor conde Lucanor, bien cred por cierto que todas estas cosas, bien assí como los christianos las creen, que bien assí son, mas los christianos que non son muy sabios, nin muy letrados, créenlas simplemente como las cree la Sancta Madre Eglesia et en esta fe et en esta creençia se salvan; mas, si lo quisierdes saver cómo es et cómo puede seer et cómo devía seer, fallarlo hedes más declarado que por dicho et por seso de omne se puede dezir et entender en el libro que don Johan fizo a que llaman De los Estados, et tracta de cómo se prueva por razón que ninguno, christiano, nin pagano, nin ereje, nin judío, nin moro, nin omne del mundo, non pueda dezir con razón que el mundo non sea criatura de Dios, et que, de neçessidat, conviene que sea Dios fazedor et criador et obrador de todos, et en todas las cosas; et que ninguna non obra en Él. Et otrosí, tracta cómo pudo ser et cómo et por cuáles razones pudo ser et deve seer que Jhesu Christo fuesse verdadero Dios et verdadero omne; et cómo puede seer que los sacramentos de Sancta Ecclesia ayan aquella virtud que Sancta Eglesia dize et cree.

Otrosí, tracta de cómo se prueva por razón que el omne es compuesto de alma et de cuerpo, et que las almas ante de la resurrectión avrán gloria o pena por las obras buenas o malas que ovieron fechas seyendo ayuntadas con los cuerpos, segund sus meresçimientos, et después de la resurrectión que la avrán ayuntadamente el alma et el cuerpo; et que assí como ayuntadamente fizieron el bien o el mal, que assí ayuntadamente ayan el galardón o la pena.

Et, señor conde Lucanor, en esto que vos he dicho que fallaredes en aquel libro, vos digo assaz de las dos cosas primeras que convienen para salvamiento de las almas, que son: la primera, que aya omne et viva en ley de salvaçión; et la segunda, que crea toda su ley et todos sus artículos et que non dubde en ninguno dellos. Et porque las otras dos, que son: cómo puede omne et deve fazer buenas obras para salvar el alma et guardarse de fazer las malas por escusar las penas del Infierno, como quier que en aquel mismo libro tracta desto assaz conplidamente, pero, porque esto es tan mester de saber et cumple tanto, et porque por aventura algunos leerán este libro et non leerán el otro, quiero yo aquí fablar desto; pero sé çierto que non podría dezir complidamente todo lo que para esto sería mester.

Diré ende, segund el mío poco saber, lo que Dios me endereçe a dezir, et quiera Él, por la su piadat, que diga lo que fuere su serviçio et provechamiento de los que lo leyeren et lo oyeren.

Pero ante que fable en estas dos maneras -cómo se puede et deve omne guardar de fazer malas obras para escusar las penas del Infierno, et fazer las buenas para ganar la gloria del Paraíso- diré un poco cómo es et cómo puede seer que los Sacramentos sean verdaderamente assí como lo tiene la Sancta Eglesia de Roma. Et esto diré aquí, porque non fabla en ello tan declaradamente en el dicho libro que don Johan fizo.

Et fablaré primero en el sacramento del cuerpo de Dios, que es el sacramento de la hostia, que se consagra en el altar. Et comienço en éste porque es el más grave de creer que todos los sacramentos; et probándose esto por buena et por derecha razón, todos los otros se pruevan. Et con la merçed de Dios, desque éste oviere provado, yo provaré tanto de los otros con buena razón, que todo omne, aunque non sea christiano, et aya en sí razón et buen entendimiento, entendrá que se prueva con razón; que para los christianos non cumple de catar razón, ca tenudos son de lo creer, pues es verdat, et lo cree Sancta Eglesia, et como quier que esto les cumplía assaz, pero non les enpesçe saber estas razones, que ya desuso en aquel libro se prueva por razón que forçadamente avemos a saber et creer que Dios es criador et fazedor de todas las cosas et que obra en todas las cosas et ninguna non obra en Él.

Otrosí, es provado que Dios crió el omne et que non fue criado solamente por su naturaleza, mas que lo crió Dios de su propria voluntat. Otrosí, que lo crió compuesto de alma et de cuerpo, que es cosa corporal et cosa spiritual, et que es compuesto de cosa duradera et cosa que se ha de corromper; et éstas son el alma et el cuerpo, et que para éstas aver amas gloria o pena, convinía que Dios fuesse Dios et omne; et todo esto se muestra muy complidamente en aquel libro que dicho es.

Et pues es provado que Jhesu Christo fue et es verdaderamente Dios, et Dios es todo poder complido, non puede ninguno negar que el sacramento que Él ordenó que lo non sea et que non aya aquella virtud que Él en el sacramento puso; pero que si alguno dixiere que esto tañe en fe et que él non quiere aver fe sinon en cuanto se mostrare por razón, digo yo que demás de muchas razones que los sanctos et los doctores de sancta Eglesia ponen, que digo yo esta razón.

Cierto es que nuestro señor Jhesu Christo, verdadero Dios et verdadero omne, seyendo el jueves de la çena a la mesa con sus apóstoles, sabiendo que otro día devía seer fecho sacrifiçio del su cuerpo, et sabiendo que los omnes non podían seer salvos del poder del Diablo -en cuyo poder eran caídos por el pecado del primer omne- nin podían seer redemidos sinon por el sacrifiçio que de’l se avía de fazer, quiso, por la su grand bondat, sofrir tan grand pena como sufrió en la su passión, et por aquel sacrifiçio que fue fecho del su cuerpo, fueron redemidos todos los sanctos que eran en el Limbo, ca nunca ellos pudieran ir al Paraíso sinon por el sacrificio que se fizo del cuerpo de Jhesu Christo; et aun tienen los sanctos et los doctores de sancta Eglesia, et es verdat, que tan grande es el bien et la gloria del Paraíso, que nunca lo podría omne aver, nin alcançar, sinon por la passión de Jhesu Christo, por los meresçimientos de sancta María et de los otros sanctos. Et por aquella sancta et aprovechosa passión fueron salvos et redemidos todos los que fasta entonçe eran en el Limbo et serán redemidos todos los que murieren et acabaren derechamente en la sancta fe cathólica.

Et porque Jhesu Christo, segund omne, avía de morir et non podía fincar en el Mundo et Él era el verdadero cuerpo porque los omnes avían a seer salvos, quísonos dexar el su cuerpo verdadero assí complido como lo Él era, en que se salvassen todos los derechos et verdaderos christianos; et por esta razón, tomó el pan et bendíxolo et partiólo et diolo a sus disçiplos et dixo:

«Tornat et comet, ca éste es el mío cuerpo»; et después tomó el cálix, dio gracias a Dios, et dixo: «Bevet todos éste, ca ésta es la mi sangre»; et allí ordenó el sacramento del su cuerpo. Et devedes saber que la razón porque dizen que tomó el pan et bendíxolo et partiólo es ésta: cada que Jhesu Christo bendizía el pan, luego él era partido tan egual como si lo partiesse con el más agudo cochiello que pudiesse seer. Et por esto dize en el Evangelio quel’ conosçieron los apóstoles después que resusçitó en el partir del pan; ca por partir el pan en otra manera como todos lo parten, non avía la Sancta Escriptura por qué fazer mençión del partir del pan, mas fázelo porque Jhesu Christo partía sienpre el pan, mostrando cómo lo podía fazer tan marabillosamente.

Et otrosí, dexó este sancto sacramento porque fincasse en su remembrança. Et assí, pues se prueva que Jhesu Christo es verdadero Dios et assí como Dios pudo fazer todas las cosas, et es çierto que fizo et ordenó este sacramento, non puede dezir ninguno con razón que non lo devía ordenar assí como lo fizo; et que non ha complidamente aquella virtud que Jhesu Christo, verdadero Dios, en él puso.

Et el baptismo, otrossí, todo omne que buen entendimiento aya, por razón deve entender que este sacramento se devió fazer et era muy grand mester; ca bien entendedes vós que como quier que el casamiento sea fecho por mandado de Dios et sea uno, de los sacramentos, pero porque en la manera de la engendraçión non se puede escusar algún deleite, por ventura non tan ordenado como serié mester, por ende todos los que nasçieron et nasçerán por engendramiento de omne et de muger nunca fue nin será ninguno escusado de nasçer en el pecado deste deleite. Et a este pecado llamó la Scriptura «pecado original», que quiere dezir, segund nuestro lenguaje, «pecado del nasçimiento»; et por que ningund omne que esté en pecado non puede ir a Paraíso, por ende, fue la merçed de Dios de dar manera cómo se alimpiasse este pecado; et para lo alimpiar, ordenó nuestro señor Dios, en la primera ley, la circunçisión; et como quier que en cuanto duró aquella ley cumplían aquel sacramento, porque entendades que todo lo que en aquella ley fue ordenado, que todo fue por figura desta sancta ley que agora abemos, devédeslo entender señaladamente en este sacramento del baptismo, ca entonçe circunçidavan los omnes, et ya en ésta paresçe que era figura que de otra guisa avía de seer; ca vós entendedes que el sacramento complido egualmente se deve fazer, pues el circunçidar non se puede fazer sinon a los varones; pues si non se puede ninguno salvar del pecado original sinon por la çircunçisión, çierto es que las mugeres que non pueden este sacramento aver, non pueden seer alimpiadas del pecado original.

Et assí, entendet que la çircunçisión que fue figura del alimpiamiento que se avía de ordenar en la sancta fe cathólica que nuestro señor Jhesu Christo ordenó assí como Dios. Et cuando Él ordenó este sancto sacramento, quísolo ordenar aviendo reçebido en sí el sacramento de la çircunçisión, et dixo que non viniera Él por menguar nin por desfazer la ley, sinon por la complir, et cumplió la primera ley en la çircunçisión, et la segunda, que Él ordenó, reçibiendo baptismo de otro, como lo reçebió de sant Johan Baptista.

Et porque entendades que el sacramento que Él ordenó del baptismo es derechamente ordenado para alimpiar el pecado original, parad en ello vien mientes et entendredes cuánto con razón es ordenado.

Ya desuso es dicho que en la manera del engendramiento non se puede escusar algún deleite; contra este deleite, do conviene de aver alguna cosa non muy limpia, es puesto uno de los elementos que es el más limpio, et señaladamente para alimpiar, ca las más de las cosas non limpias, todas se alimpian con el agua. Otrosí, en bapteando la criatura dizen: «Yo te bateo en el nombre del Padre et del Fijo et del Spíritu Sancto»; et métenlo en el agua. Pues veet si este sancto sacramento es fecho con razón, ca en diciendo:

«Yo te bateo en el nombre del Padre et del Fijo et del Spíritu Sancto» ý mismo dize et nombra toda la Trinidat et muestra el poder del Padre et el saber del Fijo et la bondat del Spíritu Sancto; et dize que por estas tres cosas, que son Dios et en Dios, sea alimpiada aquella criatura de aquel pecado original en que nasçió; et la palabra llega al agua, que es elemento, et fázese sacramento. Et este ordenamiento deste sancto sacramento que Jhesu Christo ordenó es egual et complido, ca tan bien lo pueden reçebir, et lo reçiben, las mugeres como los omnes. Et assí, pues este sancto sacramento es tan mester, et fue ordenado tan con razón, et lo ordenó Jhesu Christo, que lo podía ordenar assí como verdadero Dios, non puede con razón dezir omne del mundo que este sancto sacramento non sea tal et tan complido como lo tiene la madre sancta Eglesia de Roma.

Et cuanto de los otros cinco sacramentos que son: penitençia, confirmación, casamiento, orden, postrimera unçión, bien vos diría tantas et tan buenas razones en cada uno dellos, que vós entendíades que eran assaz; mas déxolo por dos cosas; la una, por non alongar mucho el libro; et lo ál, porque sé que vós et quien quier que esto oya entendrá que tan con razón se prueva lo ál como esto.

Et pues esta razón es acabada assí como la yo pude acabar, tornaré a fablar de las dos maneras en cómo se puede omne, et deve, guardar de fazer malas obras para se guardar de ir a las penas del Infierno, et podrá fazer et fará buenas obras para ganar la gloria del Paraíso.

Señor conde Lucanor, segund desuso es dicho, sería muy grave cosa de se poner por escripto todas las cosas que omne devía fazer para se guardar de ir a las penas del Infierno et para ganar la gloria del Paraíso; pero quien lo quisiesse dezir abreviadamente podría dezir que para esto non ha mester ál sinon fazer bien et non fazer mal. Et esto sería verdat, mas porque esto sería, como algunos dizen, grand verdat et poco seso, por ende, conviene que, pues me atreví a tan grand atrevimiento de fablar en fechos que cuido que me non pertenesçía segund la mengua del mío saber que declare más cómo se pueden fazer estas dos cosas. Por ende, digo assí: que las obras que omne ha de fazer para que aya por ellas la gloria del Paraíso, lo primero, conviene que las faga estando en estado de salvación. Et devedes saber que el estado de salvaçión es cuando el omne está en verdadera penitencia, ca todos los vienes que omne faze non estando en verdadera penitencia, non gana omne por ellos la gloria del Paraíso; et razón et derecho es, ca el Paraíso, que es veer a Dios et es la mayor gloria que seer puede, non es razón nin derecho que la gane omne estando en pecado mortal, mas lo que omne gana por ellas es que aquellas buenas obras lo traen mas aína a verdadera penitencia, et esto es muy grand bien. Otrosí, le ayudan a los bienes deste mundo para aver salud et onra et riqueza et las otras bienandanças del mundo. Et estando en este bienaventurado estado, las obras que omne ha de fazer para aver la gloria de Paraíso son assí como limosna et ayuno et oraçión et romería et todas obras de misericordia; pero todas estas buenas obras, para que omne por ellas aya la gloria de Paraíso, ha mester que se fagan en tres maneras: lo primero, que faga omne buena obra; lo segundo, que la faga bien; lo terçero, que la faga por escogimiento. Et, señor conde, como quier que esto se puede assaz bien entender, pero porque sea más ligero aún, dezirvos lo he más declarado.

Fazer omne buena obra es toda cosa que omne faze por Dios, mas es mester que se faga bien, et esto es que se faga a buena entençión, non por vana gloria, nin por ipocrisía, nin por otra entençión, sinon solamente por serviçio de Dios; otrosí, que lo faga por escogimiento; esto es, que cuando oviere de fazer alguna obra, que escoja en su talante si es aquélla buena obra o non, et desque viere que es buena obra, que escoja aquélla porque es buena et dexe la otra que él entiende et escoje que es mala. Et faziendo omne estas buenas obras, et en esta manera, fará las obras que omne deve fazer para aver la gloria de Paraíso; mas por fazer omne buena obra si la faz por vana gloria o por ipocrisía o por aver la fama del mundo, maguer que faz buena obra, non la faz bien nin la faz por escogimiento, ca el su entendimiento bien escoge que non es aquello lo mejor nin la derecha et verdadera entençión. Et a este tal contezerá lo que contezçió al senescal de Carcassona, que maguer a su muerte fizo muchas buenas obras, porque non las fizo a buena nin a derecha entençión, non le prestaron para ir a Paraíso et fuesse para el Infierno. Et si quisiéredes saber cómo fue esto deste senescal, fallarlo hedes en este libro en el capítulo XLº

Otrosí, para se guardar omne de las obras que omne puede fazer para ir al Infierno, ha mester de se guardar ý [de] tres cosas: lo primero, que non faga omne mala obra; lo segundo, que la non faga mal; lo terçero, que la non faga por escogimiento; ca non puede omne fazer cosa que de todo en todo sea mal sinon faziéndose assí: que sea mala obra, et que se faga mal, et que se faga escogiendo en su entendimiento omne que es mala, et entendiendo que es tal, fazerla a sabiendas; ca non seyendo ý estas tres cosas, non sería la obra del todo mala; ca puesto que la obra fuesse en sí mala, si non fuesse mal fecha, nin faziéndola escogiendo que era mala, non seríe del todo mala; ca bien assí como non sería la obra buena por seer buena en sí, si non fuesse bien fecha et por escogimiento, bien assí, aunque la obra fuesse en sí mala, non lo sería del todo si non fuesse mal fecha et por escogimiento. Et assí como vos di por enxiemplo del senescal de Carcaxona que fizo buena obra, pero porque la non fizo bien, non meresçió aver nin ovo por ello galardón, assí vos daré otro enxienplo de un cavallero que fue ocasionado et mató a su señor et a su padre; como quier que fizo mala obra, porque la non fizo mal nin por escogimiento, non fizo mal nin meresçió aver por ello pena, nin la ovo. Et porque en este libro non está escripto este enxiemplo, contarvos lo he aquí; et non escrivo aquí el enxiemplo del senescal porque está escripto, como desuso es dicho.

-Assí acaesçió que un cavallero avía un fijo que era assaz buen escudero. Et porque aquel señor con quien su padre bivía non se guisó de fazer contra el escudero en guisa porque pudiesse fincar con él, ovo el escudero, entre tanto, de catar otro señor con quien visquiesse. Et por las vondades que en el escudero avía et por cuanto bien le servió, ante de poco tiempo fízol’ cavallero. Et llegó a muy buen estado. Et porque las maneras et los fechos del mundo duran poco en un estado, acaesçió assí: que ovo desabenençia entre aquellos dos señores con quien bivían el padre et el fijo, et fue en guisa que obieron de lidiar en uno.

Et el padre et el fijo, cada uno dellos estava con su señor; et como las aventuras acaesçen en las fides, acaesçió assí: que el cavallero, padre del otro, topó en la lit con aquel señor con quien el su señor lidiava, con quien bivía su fijo, et por servir a su señor, entendió que si aquel fuesse muerto o preso, que su señor sería muy bien andante et mucho onrado, fue travar de’l tan rezio, que cayeron entramos en tierra. Et estando sobre él por prenderle o por matarle, su fijo, que andava aguardando a su señor et serviéndol’ cuanto podía, et desque vio a su señor en tierra, conosçió que aquel quel’ tenía era su padre.

Si ovo ende grand pesar, non lo devedes poner en dubda, pero doliéndose del mal de su señor, començó a dar muy grandes vozes a su padre et a dezirle, llamándol’ por su nonbre, que dexasse a su señor, ca, como quier que él era su fijo, que era vasallo de aquel señor que él tenía de aquella guisa; que si non le dexasse, que fuesse çierto quel’ mataría.

Et el padre, porque non lo oyó, o non lo quiso fazer, non lo dexó. Et desque el fijo vio a su señor en tal periglo et que su padre non lo quería dexar, menbrándose de la lealtad que avía de fazer, olbidó et echó tras las cuestas el debdo et la naturaleza de su padre, et entendió que si descendiesse del cavallo, que con la priessa de llos cavallos que estavan, que por aventura ante que él pudiesse acorrer, que su señor que sería muerto: llegó assí de cavallo como estava, todavía dando vozes a su padre que dexasse a su señor, et nombrando a su padre et a sí mismo. Et desque vio que en ninguna guisa non le quería dexar, tan grand fue la cuita, et el pesar et la saña que ovo por como vio que estava su señor, que dio tan grand ferida a su padre por las espaldas, que passó todas las armaduras et todo el cuerpo. Et aun tan grand fue aquel desaventurado colpe, que passó a su señor el cuerpo et las armas assí como a su padre, et murieron entramos de aquel colpe.

Otrosí, otro cavallero de parte de aquel señor que era muerto, ante que sopiesse de la muerte de su señor, avía muerto el señor de la otra parte. Et assí fue aquella lit de todas partes mala et ocasionada.

Et desque la lit fue passada et el cavallero sopo la desaventura quel’ acaesçiera en matar por aquella ocasión a su señor et a su padre, endereçó a casa de todos los reyes et grandes señores que avía en aquellas comarcas et, trayendo las manos atadas et una soga a la garganta, dizía a los reys et señores a que iva: que si ningún omne meresçía muerte de traidor por matar su señor et su padre, que la meresçía él; et que les pidía él por merçed que cumpliessen en él lo que fallassen que’l mereçía, pero si alguno dixiesse que lo matara por talante de fazer traición, que él se salvaría ende como ellos fallassen que lo devía fazer.

Et desque los reyes et los otros señores sopieron cómo acaesçiera el fecho, todos tovieron que comoquier que él fuera muy mal ocasionado, que non fiziera cosa porque meresçiesse aver ninguna pena, ante lo preçiaron mucho et le fezieron mucho bien por la grand lea[l]tad que fiziera en ferir a su padre por escapar a su señor. Et todo esto fue porque, como quier que él fizo mala obra, non la fizo mal, nin por escogimiento de fazer mal.

Et assí, señor conde Lucanor, devedes entender por estos enxiemplos la razón porque las obras para que el omne vaya a Paraíso es mester que sean buenas, et bien fechas, et por escogimiento. Et las por que’l omne ha de ir al Infierno conviene que sean malas, et mal fechas, et por escogimiento; et esto que dize que sean bien fechas, o mal, et por escogimiento es en la entençión; ca si quier dixo el poeta: «Quicquid agant homines intençio judicat omnes», que quiere dezir: «Quequier que los omnes fagan todas serán judgadas por la entençión a que lo fizieren».

Agora, señor conde Lucanor, vos he dicho las maneras porque yo entiendo que el omne puede guisar que vaya a la gloria del Paraíso et sea guardado de ir a las penas del Infierno. Et aún porque entendades cuanto engañado es el omne en fiar del mundo, nin tomar loçanía, nin sobervia, nin poner grand esperança en su onra, nin en su linage, nin en su riqueza, nin en su mançebía, nin en ninguna buena andança que en el mundo pueda aver, fablarvos he un poco en dos cosas porque entendades que todo omne que buen entendimiento oviesse devía fazer esto que yo digo.

La primera, qué cosa es el omne en sí; et quien en esto cuidare entendrá que non se deve el omne mucho presciar; la otra, qué cosa es mundo et cómo passan los omnes en él, et qué galardón les da de lo que por él fazen.

Quien esto cuidare, si de buen entendimiento fuere, entendrá que non debría fazer por él cosa porque perdiesse el otro, que dura sin fin. La primera, qué cosa es el omne en sí. Ciertamente esto tengo que sería muy grave de dezir todo, pero, con la merçed de Dios, dezirvos he yo tanto que cumpla assaz para que entendades lo que yo vos quiero dar a entender.

Bien creed, señor conde, que entre todas las animalias que Dios crió en el mundo, nin aun de las cosas corporales, non crió ninguna tan complida, nin tan menguada como el omne. Et el complimiento que Dios en él puso non es por ál sinon porquel’ dio entendimiento et razón et libre albedrío, [et] porque quiso que fuesse compuesto de alma et de cuerpo; mas, desta razón non vos fablaré más, que es ya puesto en otros logares assaz complidamente en otros libros que don Johan fizo; mas fablarvos he en las menguas et bilezas que el omne ha en sí, en cosas, tanto como en otras animalias; et en cosas, más que en otra animalia ninguna.

Sin dubda, la primera bileza que el omne ha en sí, es la manera de que se engendra, tan bien de parte del padre como de parte de la madre, et otrosí la manera cómo se engendra. Et porque este libro es fecho en romançe (que lo podrían leer muchas personas también omnes como mugeres que tomarían vergüença en leerlo, et aun non ternían por muy guardado de torpedat al que lo mandó escrivir), por ende non fablaré en ello tan declaradamente como podría, pero el que lo leyere, si muy menguado non fuere de entendimiento, assaz entendrá lo que a esto cumple.

Otrosí, después que es engendrado en el vientre de su madre, non es el su govierno sinon de cosas tan sobejanas que naturalmente non pueden fincar en el cuerpo de la muger sinon en cuanto está preñada. Et [por] esto quiso Dios que naturalmente oviessen las mugeres aquellos humores sobejanos en los cuerpos de que se governassen las criaturas. Otrosí, el logar en que están es tan cercado de malas humidades et corrompidas, que sinon por una telliella muy delgada que crió Dios, que está entre el cuerpo de la criatura et aquellas humidades, que non podría bevir en ninguna manera.

Otrosí, conviene que sufra muchos trabajos et muchas cuitas en cuanto está en el vientre de su madre. Otrosí, porque a cabo de los siete meses es todo el omne complido et non le cumple el govierno de aquellos humores sobejanos de que se governava en cuanto non avía mester tanto de’l, por la mengua que siente del govierno, quéxasse; et si es tan rezio que pueda quebrantar aquellas telas de que está cercado, non finca más en el vientre de su madre. Et estos tales son los que nasçen a siete meses et pueden tan bien bevir como si nasciessen a nuebe meses; pero si entonçe non puede quebrantar aquellas telas de que está cercado, finca cansado et como doliente del grant trabajo que levó, et finca todo el ochavo mes flaco et menguado de govierno. Et si en aquel ochavo mes nasçe, en ninguna guisa non puede bevir. Mas de que entra en el noveno mes, porque ha estado un mes complido, es ya descansado et cobrado en su fuerça, en cualquier tiempo que nasca en el noveno mes, cuanto por las razones dichas, non deve morir; pero cuanto más tomare del noveno mes, tanto es más sano et más seguro de su vida; et aun dizen que puede tomar del dezeno mes fasta diez días, et los que a este tiempo llegan son muy más rezios et más sanos, como quier que sean más periglosos para sus madres. Et assí bien podedes entender que, por cualquier destas maneras, por fuerça ha de sofrir muchas lazerias et muchos enojos et muchos periglos.

Otrosí, el periglo et la cuita que passa en su nasçimiento, en esto non he por qué fablar, ca non ha omne que non sepa que es muy grande a marabilla.

Otrosí, como quier que cuando la criatura nasçe non ha entendimiento porque lo sepa esse fazer por sí mismo, pero nuestro señor Dios quiso que naturalmente todas las criaturas fagan tres cosas: la una es que lloran; la otra es que tremen; la otra es que tienen las manos çerradas. Por el llorar se entiende que viene a morada en que ha de bevir sienpre con pesar et con dolor, et que lo ha de dexar aún con mayor pesar et con mayor dolor. Por el tremer se entiende que biene a morada muy espantosa, en que sienpre ha de bivir con grandes espantos et con grandes reçelos, de que es çierto que ha de salir aún con mayor espanto. Por el cerrar de las manos se entiende que biene a morada en que ha de bivir siempre cobdiçiando más de lo que puede aver, et que nunca puede en ella aver ningún complimiento acabado.

Otrosí, luego que el omne es nasçido, ha por fuerça de sofrir muchos enojos et mucha lazeria, ca aquellos paños con que los han de cobrir por los guardar del frío et de la calentura et del aire, a comparaçión del cuero del su cuerpo, non ha paño, nin cosa que a él legue, por blando que sea, que non le paresca tan áspero como si fuesse todo de spinas. Otrosí, porque ellos non han entendimiento, nin los sus miembros non son en estado, nin han complisión porque puedan fazer sus obras como deven, non pueden dezir nin aun dar a entender lo que sienten. Et los que los guardan et los crían cuidan que lloran por una cosa, et por aventura ellos lloran por otra; et todo esto les es muy grand enojo et grand quexa. Otrosí, de que comiençan a querer fablar, passan muy fuerte vida, ca non pueden dezir nada de cuanto quieren nin les dexan complir ninguna cosa de su voluntad; assí que en todas las cosas an a passar a fuerça de sí et contra su talante.

Otrosí, de que van entendiendo, porque el su entendimiento non es aún complido, cobdician et quieren sienpre lo que les non aprovecha, o por aventura que les es dañoso. Et los que los tienen en poder non gelo consienten, et fázenles fazer lo contrario de lo que ellos querrían. [Et] porque de llos enojos non ay ninguno mayor que el de la voluntad, por ende passan ellos muy grand enojo et grant pesar.

Otrosí, de que son omnes, et en su entendimiento complido, lo uno por las enfermedades, lo ál por ocasiones et por pesares et por daños que les vienen, passan siempre grandes reçelos et grandes enojos. Et ponga cada uno la mano en su coraçón, si verdat quisiere dezir, bien fallará que nunca passo día que non oviesse más enojos et pesares que plazeres.

Otrosí, desque va entrando en la vegedat, ya esto non es de dezir, ca también del su cuerpo mismo como de todas las cosas que vee, de todas toma enojo, et por aventura todos los quel’ veen toman enojo de’l. Et cuanto más dura la vegez, tanto más dura et cresçe esto, et en cabo de todo viene a la muerte, que se non puede escusar, et ella lo faze partir de sí mismo et de todas las cosas que vien quiere, con grand pesar et con grand quebranto. Et desto non se puede ninguno escusar et nunca se puede fallar buen tiempo para la muerte; ca si muere el omne moço, o mançebo, o viejo, en cualquier tiempo le es la muerte muy cruel et muy fuerte para sí mismo et para los quel’ quieren bien. Et si muere pobre o lazrado, de amigos et de contrarios es despreçiado; et si muere rico et onrado, toman sus amigos grand quebranto, et sus contrarios grand plazer, que es tan mal como el quebranto de sus amigos. Et demás, al rico contesçe como dixo el poeta: «Dives diviçias », etc., que quiere dezir: «Que el rico ayunta las riquezas con grand trabajo, et posséelas con grand temor [et] déxalas con grand dolor».

Et assí podedes entender que, por todas estas razones, todo omne de buen entendimiento que bien parasse mientes en todas sus condiçiones, devía entender que non son tales de que se diviesse mucho presçiar.

Demás desto, segund es dicho desuso, el omne es más menguado que ninguna otra animalia; ca el omne no ha ninguna cosa de suyo con que pueda bevir, et las animalias todas son vestidas, o de cueros o de cabellos o de conchas o de péñolas, con que se pueden defender del frío et de la calentura et de los contrarios; mas el omne desto non ha ninguna cosa, nin podría bevir si de cosas agenas non fuesse cubierto et vestido.

Otrosí, todas las animalias ellas se goviernan, que non an mester que ninguno gelo apareçe, mas los omnes non se pueden governar sin ayuda d’otri nin pueden saber cómo pueden bevir si otri non gelo muestra. Et aun en la vida que fazen, non saben en ella guardar tan complidamente como las animalias lo que les cumple para pro et para salut de sus cuerpos.

Et assí, señor conde Lucanor, pues veedes manifiestamente que el omne ha en sí todas estas menguas, parad mientes si faze muy desaguisado en tomar en sí sobervia, nin loçanía desaguisada.

La otra, que fabla del mundo, se parte en tres partes: la primera, qué cosa es el mundo; la segunda, cómo passan los omnes en él; la terçera, qué galardón les da de llo que por él fazen.

-Çiertamente, señor conde, quien quisiesse fablar en estas tres maneras complidamente, avía manera assaz para fazer un libro; mas, porque he tanto fablado, tomo reçelo que vós et los que este libro leyeren me ternedes por muy fablador o tomaredes dello enojo, por ende non vos fablaré sinon lo menos que yo pudiere en esto, et fazervos he fin a este libro, et ruégovos que non me afinquedes más, ca en ninguna manera non vos respondría más a ello, nin vos diría otra razón más de las que vos he dicho. Et lo que agora vos quiero dezir es esto: que la primera de las tres cosas, qué cosa es el mundo, çiertamente esto serié grand cosa de dezir, mas yo dezirvos he lo que entiendo lo más brevemente que pudiere.

Este nombre del «mundo» tómasse de «movimiento» et de «mudamiento», porque el mundo sienpre se muebe et siempre se muda, et nunca está en un estado, nin él, nin las cosas que están en él son [quedas], et por esto ha este nombre. Et todas las cosas que son criadas son mundo, mas él es criatura de Dios et Él lo crió cuando Él tovo por bien et cual tovo por bien, et durará cuanto Él tobiere por bien. Et Dios solo es el que sabe cuándo se ha de acabar et qué será después que se acabare.

La segunda, cómo passan en él los omnes; otrosí, sin dubda, sería muy grave de se dezir complidamente. Et los omnes todos passan en el mundo en tres maneras: la una es que algunos ponen todo su talante et su entendimiento en las cosas del mundo, como en riquezas et en onras et en deleites et en complir sus voluntades en cualquier manera que pueden, non catando a ál si [non] a esto; assí que dizen que en este mundo passassen ellos bien, ca del otro nunca bieron ninguno que les dixiesse cómo passavan los que allá eran. La otra manera es que otros passan en el mundo cobdiçiando fazer tales obras porque oviessen la gloria del Paraíso, pero non pueden partirse del todo de fazer lo que les cumple para guardar sus faziendas et sus estados, et fazen por ello cuanto pueden, et, otrosí, guardan sus almas cuanto pueden. La terçera manera es que otros passan en este mundo teniéndose en él por estraños, et entendiendo que la principal razón para que el omne fue criado es para salvar el alma, et pues nascen en el mundo para esto, que non deven fazer ál, sinon aquellas cosas porque mejor et más seguramente pueden salvar las almas.

La primera manera, de los que ponen todo su talante et su entendimiento en las cosas del mundo, ciertamente éstos son tan engañados et fazen en ello tan sin razón et tan grand su daño et tan grand poco seso, que non ha omne en el mundo que complidamente lo pudiesse dezir; ca vós sabedes que non ha omne del mundo que diese por una cosa que valiesse diez marcos ciento, que todos non toviessen que era assaz de mal recabdo; pues el que da el alma, que es tan noble criatura de Dios, al Diablo que es enemigo de Dios, et dal’ el alma por un plazer o por una onra que por aventura non le durará dos días -et por mucho quel’ dure a comparación de la pena del Infierno en que siempre ha de durar non es tanto como un día- demás, que aun en este mundo aquel plazer o aquella onra o aquel deleite porque todo esto quiere perder, es çierto quel’ durará muy poco; ca non ha deleite por grande que sea, que de que es passado, que non tome enojo dél; nin ha plazer, por grande que sea, que mucho pueda durar et que se non aya a partir tardi o aína con grand pesar; nin onra, por grande que sea, que non cueste muy cara si omne quisiere parar mientes a los cuidados et trabajos et enojos que omne ha de soffir por la acresçentar e por la mantener. Et cate cada uno et acuérdesse lo quel’ contesçió en cada una destas cosas; si quisiere dezir verdat, fallará que todo es assí como yo digo.

Otrosí, los que passan en el mundo cobdiçiando fazer porque salven las almas, pero non se pueden partir de guardar sus onras et sus estados, estos tales pueden errar et pueden açertar en lo mejor; ca si guardaren todas estas cosas que ellos quieren guardar, guardando todo lo que cumple para salvamiento de las almas, açiertan en lo mejor et puédenlo muy bien fazer; ca çierto es que muchos reys et grandes omnes et otros de muchos estados guardaron sus onras et mantenieron sus estados, et, faziéndolo todo, sopieron obrar en guisa que salvaron las almas et aun fueron sanctos; et tales como éstos non pudo engañar el mundo, nin les ovo a dar el galardón que el mundo suele dar a los que non ponen su esperança en ál sinon en él; et éstos guardan las dos vidas que dizen activa et contemplativa.

Otrosí, los que passan en este mundo teniéndose en él por estraños et non ponen su talante en ál sinon en las cosas porque mejor puedan salvar las almas, sin dubda éstos escogen la mejor carrera; et digo, et atrévome a dezir que, çierto, éstos escogen la mejor carrera, porque desta vida se dize en el Evangelio que María escogió la mejor parte la cual nuncal’ sería tirada.

Et si todas las gentes pudiessen mantener esta carrera, sin dubda ésta sería la más segura et la más aprovechosa para aquellos que lo guardassen; mas, porque si todos lo fiziessen sería desfazimiento del mundo, et Nuestro Señor non quiere del todo que el mundo sea de los omnes desanparado, por ende non [se] puede escusar que muchos omnes non passan en el mundo por estas tres maneras dichas.

Mas Dios, por la su merçed, quiera que passemos nós por la segunda o por la terçera destas tres maneras, et que vos guarde de passar por la primera; ca çierto es que nunca omne por ella quiso passar que non oviesse mal acabamiento. Et dígovos que desde los reys fasta los omnes de menores estados, que nunca vi omne que por esta manera quisiesse passar que non oviesse mal acabamiento para’l su cuerpo et que non fuesse en sospecha de ir la su alma a mal logar. Et siempre el Diablo, que travaja cuanto puede en guisar que los omnes dexen la carrera de Dios por las cosas del mundo, guisa de les dar tal galardón -como [se] cuenta en este libro en el capítulo tal- que dio el Diablo a don Martín, que era mucho su amigo.

Agora, señor conde Lucanor, demás de los enxiemplos et proverbios que son en este libro, vos he dicho assaz a mi cuidar para poder guardar el alma et aun el cuerpo et la onra et la fazienda et el estado, et, loado a Dios, segund el mio flaco entendimiento, tengo que vos he complido et acabado todo lo que vos dixe.

Et pues assí es, en esto fago fin a este libro.

Et acabólo don Johan en Salmerón, lunes, XII días de junio, era de mil et CCC et LXX et tres años.