Confidencia

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A Leopoldo Alas



Oye lo que, en ronco estruendo
que hizo la playa temblar,
ayer me dijo la mar,
ya bramando, ya gimiendo:-
«No temas, alma sombría;
que, puestas en parangón,
hermanas gemelas son
tu suerte y la suerte mía.
Rivales en arrogancia
como en inquietud rivales,
dechados somos iguales
de soberbia y de inconstancia.
Ya verde, ya azul, mi velo
mudable y tornasolado
no es tan verde como el prado
ni tan azul como el cielo;
Porque a mi altiva fiereza
no dio la fortuna impía
ni la terrena alegría
ni la celeste pureza.
Mi líquido turbulento,
que los peñascos disloca,
no es duro como la roca
ni impalpable como el viento;
mas, si en batirlos se empeña
sus fuerzas menospreciando,
terror infunde luchando
con el viento y con la peña.
Cuando olvido mis furores,
en mi cristalino espejo
los claros cielos reflejo,
y me tiño en sus colores;
pero, si espeso capuz
de negras nubes levanto,
yo misma fabrico el manto
que me priva de la luz,
Aunque el ansia me da guerra
de competir con el cielo,
también me aqueja el anhelo
de parecerme a la tierra;
y, abultados por la bruma
con apariencias extrañas,
finjo valles y montañas
y ventisqueros de espuma.
Si gigantescas se empinan
mis olas, que inmensas crecen,
conforme avanzan parecen
cordilleras que caminan:
de tal modo, que, al mirar
mi faz y la de la tierra,
con quien siempre vivo en guerra,
no sabe el hombre afirmar
si son montes, cuando hinchadas
limitan los horizontes,
mis olas, o si sus montes
son olas petrificadas.
Cuando altiva me alboroto
y airada con ella riño,
por todas partes la ciño
y en todas partes la azoto;
pero mi cólera enfrena
la misma que la provoca,
con un pedazo de roca,
con un puñado de arena;
y, aunque mi peso la abruma,
se burla de mis furores,
porque todos mis rencores
se resuelven en espuma.
Versátil, voluble, inquieta,
todo me altera y me irrita:
el cielo me solicita,
la tierra vil me sujeta;
y esclava, va de mi amor,
ya de mi cólera vana,
para ser el alma humana
sólo me falta el dolor.»