Correo de Comercio: 14 de abril de 1810/2

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Correo de Comercio

Número 7

Del Sábado 14 de abril de 1810

Carta de un Labrador á los Editores

Muy Señores mios: si la riqueza de los pueblos se mide constantemente por el número de sus habitadores, y si estos no pueden jamas multiplicarse sino en razón de la facilidad de subsistir, aquel pueblo será mas opulento que teniendo mas abundancia de los mantenimientos necesarios tenga mas copia de brazos que aplicar á los trabajos útiles. Para llevar adelante esta verdad, sobre que están de acuerdo todas las naciones cultas, se ha procurado favorecer á la labranza como al único manantial de subsistencia: en su virtud se han establecido escuelas en la Campaña para mejorar la educación, y con ella introducir amor al trabajo; se ha respetado la propiedad del labrador como un bien sagrado, á que no se han atrevido las manos poderosas; no se les ha distraído jamas de su honrosa ocupación, y antes se les ha dado todo el fomento imaginable para la tranquila prosecución de su trabajo; se han eregido puentes, abiertos canales, establecido riegos, introducido máquinas, y allanados los caminos para el mas fácil trasporte de sus frutos; en una palabra, se han puesto en execucion quantos medios se han estimado conducentes en favor de la labranza. Asi se ha conseguido el ver poblados los campos, cubiertas las heredades de inmensas producciones; á sus habitantes alegres en medio de la ocupación y la abundancia; desterrada la lóbrega mendiguez, y la siempre detestable ociosidad; arraigarse la virtud, y desconocerse los vicios y los crímenes que degradan la dignidad del hombre.

Puede ser que este solo sea un prospecto lisonjero que finge mi imaginación acalorada; pero si ello no es tal como yo me figuro, y como nos lo pintan los amigos de los hombres, convendrán Vmds. conmigo por lo menos en que no es un imposible el realizarlo, y que todos estos bienes se tocarían en nuestros campos á vuelta de pocos años, si se empezase á hacer en ellos una sola mejora, un solo establecimiento que dixese relación con sn felicidad. Pero no quiero extenderme mas, porque espero que asi sobre estos interesantes puntos, como sobre otros muchos que no se hallan al alcance de un pobre labrador, tratarán VV. detenidamente en su periódico; por ahora solo quiero dirigirme á suplicar á VV. el que clamen con cuanta energía y entusiasmo les sujiere el amor á sus conciudadanos y á su patria, á efecto de que se reparen de una vez los caminos públicos, tan descuidadamente olvidados desde la población de estas provincias, y con especialidad las entradas principales de la Ciudad, que por tan pantanosas, ponen un estorbo real á las introducciones de los frutos que diariamente conducimos á ella.

No hay una sola calle de las que conducen al centro de la población que no se halle embarazada de ondonadas pantanosas, que si no imposibilitan algunas de ellas enteramente el transito, se exécuta por lo menos con un inmediato riesgo de volcarse y quebrarse las carretas, perdiendo muchas veces la mayor parte de los frutos que en ellas se conducen, y quando no, invirtiendo mucho tiempo, é inutilizando bueyes para arrancar de un fango inmenso y pegajoso una masa tan pesada como es una carreta de campaña.

Aun se podría sobrellevar este trabajo, si solo nna vez tubiesemos que experimentar este suceso á las entradas, pero lo peor es, que casi en cada calle tenemos que vencer iguales dificultades, y experimentar iguales riesgos.

¿Qué estraño es pues que en vista de esto que á veces escaseen los mantenimientos mas precisos en la Capital, y que el introductor de frutos recargue en ellos los costos y riesgos de su conducción, que siempre crecen en razón de la dificultad de trasportarse?

No quiero detenerme mas en ponderar los riesgos y trabajos que nos preparan las principales entradas de esa Ciudad, que agregados á los que nos presentan los caminos reales, enteramente descuidados, forman un cumulo de dificultades para el miserable labrador que le imposibilita mas y mas de dia en dia el expendio de sus frutos, porque VV. lo conocen bien, y saben mejor que yo quanto influyen en el retardo de nuestra infante agricultura , y de nuestras nasciente prosperidad.

Puede ser que no sea esta la vez última que robe á VV. con mis cartas su precioso tiempo, porque el deseo de que progrese nuestra patria, y un maldito prurito de escribir que se me ha introducido hasta la medula de mis huesos me han impelido á executarlo; pero tendré cuidado en adelante de no ser difuso, y de decir solo lo que crea indispensablemente necesario á nuestra felicidad, teniéndome por muy afortunado si logro el honor que. VV. se sirvan mandar en mi persona. &c.



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