Crónica General del 15.1.1900

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Nota: Se ha conservado la ortografía original.


CRÓNICA GENERAL. 15.1.1900

LA reunión en Valladolid de representantes de las Cámaras de Comercio y algunos centros de productores para mantener viva la protesta iniciada o en Zaragoza, es un hecho, a nuestro entender, de más importancia aparente que real. Si, en efecto, esos Congresos fueran la expresión cierta de la opinión del comercio y de la producción en España, su influencia sobre la política sería enorme, porque, aunque en minoría entre el resto del país, por su riqueza constituyen fuerzas imponentes. Perdidos los antiguos privilegios y dispersos los bienes de la aristocracia territorial, está en poder de la industria y del comercio la única forma lícita de acumular caudales: fuera de ella, no hay otras sino el premio gordo de media docena de abogados, médicos y artistas, hacer de las posiciones oficiales un comercio, ó el robo ó la fortuna en el juego. No constituyen, pues, el comercio y la industria clases desheredadas é inocentes, sino que, por su actividad y elementos de acción, se han mezclado en todo y continúan divididas entre sí como el resto de la nación. Educadas en el sistema liberal, no se avienen a ser regimentadas y llevadas a manera de reclutas, como la masa proletaria, por muñidores y caciques, y por lo tanto casi puede asegurarse que, por muchos Congresos que se celebren en su nombre, la mayoría del comercio y de la industria calla y reserva su opinión, y no pocos de los que aparecen con representaciones van más empujados que convencidos hacia la aventura: el gran defecto de la reunión de Zaragoza fué improvisar un programa completo de gobierno, con algunas ideas convenientes y no pocas utopías aprobadas en aclamación tumultuosa. El gran error de conducta, empeñarse en la unanimidad de criterios, y no conceder que Cámaras tan importantes como las de Cádiz y Sevilla puedan tener criterio propio y diferente, cuando, a nuestro juicio, esa minoría acaso es la que traduce las ideas de la mayoría del comercio.

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El Porvenir de Sevilla inserta unas declaraciones del conocido comerciante Sr. Isern que justifican la conducta de aquella Junta, y son por sensatas, a nuestro juicio, la opinión que prevalece en el comercio. Dice que en la Asamblea de Zaragoza, explosión justa de un sentimiento público, se dibujaron dos tendencias: la de aquellos que deseaban exponer las quejas del país a los poderes encargados de remediarlas, y las de otros, bien intencionados también, que discutieron y aprobaron un plan de gobierno como si fueran legisladores. Que, aprovechándose del deseo verdadero de reformas, algunos elementos pretenden aumentar la confusión con discursos y trastornos, como si no fueran bastantes nuestras desdichas y la prudencia no nos impusiera, en vista del estado de Europa y nuestra posición geográfica, el recogimiento y el trabajo para empresas mayores que discursear en Valladolid. Y no se crea que juzga satisfechas las del país por el Gobierno, aunque algo haya hecho en favor de la reforma. No cree, en fin, que a las clases productoras les convengan los trastornos, aunque suponemos que deseen reformas más sustanciosas que la de los relojes, la cual echa a perder muchos planos, geografías y libros no calculados por el meridiano de Greenwich, variación que han de aprovechar, más que el público, no pocos especuladores.

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Escribimos antes de que se reuna la Junta de Valladolid: a ella concurren elementos que no habían acudido a Zaragoza y que nos merecen consideración: si de sus actos resultase algo verdaderamente útil, lo aplaudiríamos: desde luego ya son solicitados por la política en sus diversas tendencias, acaso por la vaguedad de la significación de ese núcleo que procura condensar un nuevo instrumento de influencia político, ya que no un partido. Nos parece ese instrumento de manejo muy difícil.

Ya están al frente de las tropas inglesas del África del Sur los nuevos generales lord Roberts y lord Kitchener.

Ahora se ha de resolver el problema de si consisten los descalabros de Inglaterra en la dirección de la campaña, dada la reputación de los nuevos generales, ó en la superioridad de la instrucción y el armamento de todo el ejército contrario. Por de pronto, los oficiales enviados por Europa a estudiar la guerra sólo han podido aprender cómo se pierden todas las batallas, y si fracasara el nuevo generalísimo, toda Europa debería ir a estudiar el arte militar moderno en el África del Sur. Sin embargo, el general Roberts lleva la ventaja sobre sus predecesores de conocer el sistema de guerra y recursos del enemigo, para no incurrir en descuidos antes justificados en el choque con lo desconocido: tiene bajo su mando un ejército más aleccionado, y no habrá salido de Inglaterra sin obtener en fuerzas y armamento recursos para reparar las deficiencias que la práctica ha mostrado: tiene, en fin, su prestigio, que inspirará nuevo aliento y ánimo al ejército. En cambio encuentra en Africa las fuerzas divididas, aisladas y paralizadas en gran parte; una campaña perdida; tropas castigadas y recelosas con el peor de los desengaños, que es la derrota habiendo peleado con valor. En estas condiciones va a comenzar la segunda campaña, que es un problema interesante.

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En lo político, sólo tres hechos conviene consignar: el efecto producido en Inglaterra por las revelaciones de La Independencia Belga, demostrando lo que nadie dudaba, y es la complicidad de Mr. Chamberlain en los sucesos provocadores de la guerra por miras codiciosas. La mala impresión causada por el discurso de su colega Mr. Balfour, que quiso exculpar al Gobierno desfigurando hechos que el mundo entero conoce y atestigua: ¡cuánto ganarían callando esos ministros! Por último, es un síntoma de cansancio y desconfianza que en Londres mismo se hayan asociado, no madres de familia, no ancianos, sino jóvenes, para empezar la propaganda de la paz. Tal es el estado actual de ese conflicto que contemplan con interés todas las naciones, ya agraviadas particularmente, ya recelosas de las absorciones de Inglaterra, que en todo se ingiere, que ha hecho de la piratería un derecho y quiere dividir el mundo en imperios británicos para repartir a sus ministros.

Cuando regresaba la eximia escritora gallega D° Emilia Pardo Bazán de su excursión triunfal por Valencia, donde fué muy festejada, despedían a otra celebridad femenina de las letras francoespañolas, Mme. Ratazzi de Rute, con un cariñoso banquete muchos escritores, a los que no pudimos asociarnos por ausencia. En los periódicos diarios queda escrita esa fiesta literaria, en que, aparte del veterano D. Manuel del Palacio, casi toda la prosa y versos leídos a los postres eran de escritoras: las Sras. Do Concepción Jimeno de Flaquer, D.o Blanca de los Ríos de Lampérez, D.o Patrocinio de Viedma, que citamos en orden alfabético, y todas han ganado, por diferentes caminos, un sitio honroso en el Parnaso moderno, lucieron, Según la prensa, su talento, y de él hizo gala madame Ratazzi al dar las gracias. Nosotros brindamos desde lejos y en silencio.

El Sr. Romero Girón, que acaba de fallecer, y fué ministro de Gracia y Justicia del rey D. Álfonso XII, y luego de Ultramar y de Fomento, procedía del partido republicano y había modificado con la experiencia sus ideas radicales. Este cambio de opinión, a pesar de ser tan frecuente y admitido, le valió, sin duda por sus condiciones de talento, cierta preferencia en los ataques de sus antiguos correligionarios, no sólo en la prensa y en el Parlamento, sino hasta en la novela; pero esa enemistad no le quitó su reputación de buen jurisconsulto, ni su fama de orador, ni el ser uno de los buenos abogados de Madrid.

El Centro de información comercial del Ministerio de Estado está formando un catálogo exportadores de productos españoles, que se de remitirá las embajadas, legaciones y agencias consulares de España en el Extranjero: esa publicación tiene el objeto de servir de guía: importadores que, deseando negociar sin intemediarios, piden con frecuencia nombres de productores españoles. Con muchísimo gusto con placemos al subsecretario de Estado Sr. Duple de Lome contribuyendo a la publicidad de es anuncio tan útil para nuestros exportadores de productos: se publicará el catálogo en español francés, inglés y alemán, y se admitirán en él anuncios a quince pesetas página, empleándose su importe en el mayor esmero y extensión de la ti. rada, y remitiéndose gratis a los que pidan la inscripción al Centro de información comercial del Ministerio de Estado. Recomendamos a los productores españoles este anuncio interesante, que divulgará sus nombres y su industria en casi todas las naciones.

Unos ladrones de alcantarilla que hicieron un boquete en el suelo de un almacén de provisiones, al levantar la baldosa fueron rechazados por una lluvia de patatas. Suponemos que esos tubérculos no saldrán de la alcantarilla para ingresar en nuestras ollas.

—¿Y qué han de hacer con ellos?
—Aplicar esos proyectiles a la defensa de las costas.
  Sirvan los que se libren de las ratas
Para cargar cañones con patatas.

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Don Remigio es una persona tan mirada, que padece cuando cree causar una molestia.

—¿Qué hora es? –le pregunté un día.
—Mi reloj está parado.
—Déle usted cuerda.
—Jamás: si quiere andar que ande, pero yo no obligo a nadie.

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En un fielato.

—¡Ojo a ese coche!
—Sólo va una señora mayor con un jovencito a quien devora con los ojos.
—¿Eso paga derechos de consumos?
--No está en las tarifas.

—¿Qué hay de teatros? Infiero
Por lo que dice la gente
Que procuran suavemente
Subir la cuesta de Enero;
Pero esas cuestas ingratas
Que trepan noche tras noche,
Unos las suben en coche
Y otros las suben a gatas.

José FERNÁNDEz BREMÓN.