De la timidez natural de los hombres

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De la timidez natural de los hombres


 ¡A cuánto susto el cielo te condena,   
 oh género mortal, flaco y cuitado!   
 Se espantan unos en el mar salado   
 y tiembla otros cuando Jove truena.   
 

 Otros si el eco del león resuena,   
 otros cuando el magnate está irritado,   
 otros cuando en la cárcel han pasado   
 días y noches tristes con cadena.   
 

 Yo sólo discurrí no temblaría   
 al trueno, ni al león, ni al poderoso,  
 ni a la prisión, ni a todo el orbe entero.   
 

 Mas se engañó mi débil fantasía:   
 el rostro de mi Filis desdeñoso   
 me cubre de terror, temblando muero.