Del camino luciente fatigados

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Del camino luciente fatigados
de Manuel Botelho de Oliveira


I
Del camino luciente fatigados
Corriendo el cuarto giro todo el día
Buscan a Tetis fria
Los cuatro brutos de Faetón alados;
Frágiles ya con últimos alientos,
Ya con ardor sedientos
Cuando a Neptuno el hospedaje deben,
Corales pacen, y cristales beben.

II
Bella Anfitrite en cristalinos brazos
Recibe alegremente al Sol brillante,
Que en gala de flamante
Le da de incendio amor, y de oro abrazos;
Y cuando mar de fuego el Sol parece,
Con las llamas, que ofrece,
Anfitrite en el último sosiego
Recoge en un mar de agua un mar de fuego.

III
Brillando cual antorcha el Sol lustroso,
(Contra las nieblas del oscuro coche,
Que conduce la noche)
Siendo el Cielo aposento luminoso,
Siendo pálida cera el oro ardiente,
Al último occidente
(Porque nuestro Zodíaco no alumbre)
Gastóse el oro, y se extinguió la lumbre.

IV
Apolo bello bellas ansias siente
Cuando forma crepúsculo dorado
En el cristal salado
Ya con achaques de esplendor doliente,
Y agonizante con la hermosa vida
Frágilmente lucida
Fluctúa, cuando cierra su tesoro
En urna de cristal el cuerpo de oro.

V
Muere el Sol, y las sombras del abismo
Empiezan a salir en vuelo oscuro,
Si bien esplendor puro
De estrellas sustituye al parosismo,
Que en el mar sepultado el noble Apolo,
Sirve de templo el polo,
Y al túmulo mortal, porque lo aliñen,
Sombras enlutan, y blandones ciñen.

VI
En favor de la noche resplandece
Al Héspero luciente Citerea,
Que entre la sombra fea
Cuando se esconde el Sol, ella amanece,
Cuando amanece el Sol, escóndese ella,
Siendo a su gracia bella
El Oriente gentil Ocaso ardiente,
El Ocaso mortal hermoso Oriente.

Canción, también me esconde
Entre tinieblas de congoja tarda
La noche de la ausencia el Sol de Anarda.

Esta poesía forma parte del libro Música de el Parnaso (1705)