Diego Velázquez (Retrato)

De Wikisource, la biblioteca libre.
Ir a la navegación Ir a la búsqueda
Nota: En esta transcripción se ha respetado la ortografía original.


D. DIEGO VELAZQUEZ.[editar]

DIEGO VELAZQUEZ DE SILVA.
Pintor del Rey Felipe IV: considerado como el Príncipe de los Profesores Españoles. Nació en Sevilla en 1594 y murió en Madrid en 1660.


Sevilla fue la patria de este eminente Artista que nació por los años de 1594. Su primer Maestro fue Francisco Herrera el Viejo, cuya condición impertinente no pudo sufrir, y se pasó á la escuela de Francisco Pacheco, hombre que poseía todos los conocimientos teóricos de la pintura sin la mayor destreza para practicarlos. Velazquez en su estudio se afirmó en el dibuxo con la continua observación del natural, y se dedicó desde luego á la imitación de escenas extravagantes y caprichosas, género en que no ha tenido igual alguno ya se considere la verdad de la representación, ya la valentía del pincel, ya la ingeniosidad de la composición. Decíanle que por qué no se ocupaba en objetos de mayor nobleza y hermosura á imitación de Rafael y de Ticiano; y él respondía, que mas quería ser el primero en aquellas groserías, que el segundo en la delicadeza.
Este dicho manifestaba ya toda la ambición del jóven Artista, que aspiraba al principado de la pintura. Incansable en el estudio, reuniendo á la práctica y á la Imitación de los mejores artistas de su tiempo, principalmente de Tristan, la muchedumbre de conocimientos necesarios para la excelencia; cinco años estubo cultivando sus talentos en el silencio, para después desplegarlos en un teatro mas grande y con toda la gloria que á su mérito se debía.
El Conde-Duque valido de Felipe IV, y en cuyas manos estaban entonces las riendas de la Monarquía, extremadamente apasionado de las artes y de los artistas, le llama á la Corte y le da el encargo tan deseado por Velazquez de retratar al Rey. Poseía él con eminencia el arte de retratar: ninguno ha sabido apoderarse con mas facilidad de la fisonomía y ademan de los semblantes; ninguno darles el ayre nacional que los distingue. El retrato eqüestre de Felipe IV pasmó á la Corte y á los profesores que entonces la seguían. El Rey admirado mandó que se recogiesen todos sus demás retratos, quedando solos los que executase Velazquez, y le hizo su Pintor de Cámara. Carduchi, Nardi y Caxes, tres célebres pintores, reconocen en esta y otras obras su primacía, y él queda con la reputación del mejor profesor de España.
Quando Rubens vino de Embaxador del Rey de Inglaterra, con ningún artista trató sino con Velazquez, á quien ya conocía por cartas. Juntos fueron al Escorial, y juntos contemplaron las maravillas de las artes depositadas allí. Entonces fue quando Velazquez, lleno de las obras de los grandes pintores italianos, se afirmó en el deseo de pasar á Italia y considerar en su fuente tantos y tan ricos mineros del talento.
Dos fueron las veces que estubo en aquel pais. La primera solo por afición y con el objeto de estudiar: la segunda con una comisión del Rey cerca del Papa Inocencio X, y con el encargo de adquirir una colección abundante de modelos antiguos y modernos, que pudiesen servir de escuela á los artistas españoles. Velazquez atravesó la Italia colmado de honores debidos á su celebridad y á sus talentos, y estudiando por todas partes aquellas obras clásicas que con tanta ansia iba buscando. De allí volvió rico con los conocimientos que había adquirido, y con el precioso caudal de tantos monumentos envidiables, que fueron colocados en Palacio y después en gran parte devorados por el fuego.
Seria superfino señalar aquí los muchos honores y gracias que Velazquez recibió del Príncipe á quien servia, los muchos destinos en que fue empleado. La envidia atenta siempre á degradar el mérito ya que no le pueda derribar, la envidia decía que toda su habilidad se reducía á saber pintar una cabeza. Dicho á que replicó Velazquez, que no conocía quien la supiese pintar. No hay vista mas grosera ni mas injusta que la de la envidia: ella en esta ocasión aparentando hacer justicia á los admirables retratos de Velazquez, se olvidaba de tantos y tan bellos quadros historiados como salieron de su mano. ¿Tan limitado acaso era el ingenio del pintor que compuso el quadro del fingido Baco coronando á sus sequaces; el de la Rendicion de la plaza; el de las Hilanderas; el Crucifixo que se ve en San Plácido; y, por no mentar mas, el de la Infanta Margarita, monumento admirable de ingenio y de verdad, que Jordán llamaba el dogma de la pintura?
Velazquez llegó en su carrera al alto punto á que aspiraba. Él es el primero de los pintores naturalistas, que no tanto se empeñan en mejorar sus tipos, como en representarlos fielmente. Nadie le ha igualado en la inteligencia de la luz y de la sombra, y de la perspectiva aérea, partes las mas esenciales para presentar la verdad á los ojos. Nadie tampoco le ha superado en determinación y en manejo. El quadro ya citado de las Hilanderas, decia Mengs que no estaba pintado con la mano, sino con la voluntad. De este modo Velazquez si en sus obras se elevó pocas veces hasta la belleza ideal, objeto que parece el primero de las artes de imaginación, goza la gloria singular de ser el mas fiel imitador de la naturaleza.
Murió en Madrid el año de 1660 á los 66 de su edad. Hombre verdaderamente grande por su habilidad, por su ingenio, y que hará época inmortal en la historia de las artes modernas. Habíase casado en su juventud con la hija de su Maestro Pacheco, el qual se gloriaba mas de haber tenido por discípulo á Velazquez, que de todos sus conocimientos y trabajos.


Véase también a Diego Velázquez en Wikipedia


◄  Anterior
Siguiente  ►