Discurso: 24 de diciembre de 2005

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EL PRESIDENTE: Buenos Días. En esta víspera de Navidad, Laura y yo enviamos nuestros mejores deseos a familias en todo Estados Unidos que se están juntando en sus hogares para celebrar las fiestas. La Navidad es una época de alegría y de paz - y esperamos que la temporada navideña les traiga a todos ustedes alegres reuniones con familia y amigos y tiempo para descansar y reflejar al mirar adelante hacia un nuevo año.

En la Navidad damos gracias por el regalo del nacimiento de Cristo, y por las bendiciones que nos rodean cada día del año. En esta gran y próspera tierra tenemos tanto que agradecer - y la Navidad nos recuerda de nuestra obligación de compartir estas bendiciones con los demás. Hay entre nosotros quienes están adoloridos y requieren una mano de ayuda. En el nuevo año, mi deseo es que los estadounidenses buscarán maneras de brindar su tiempo y talentos donde sean más necesarios. Al dar la mano a un vecino necesitado hacemos de nuestra Nación un lugar más justo y compasivo.

Esta Navidad, recordamos a nuestros conciudadanos que sufrieron debido a huracanes y otros desastres que azotaron a nuestra Nación este año pasado. Rezamos para que tengan fuerza mientras continúan recuperándose y reconstruyendo sus vidas y sus comunidades.

Durante la temporada festiva y todo el año, pensamos con orgullo en los hombres y mujeres de nuestras Fuerzas Armadas que mantienen segura a nuestra Nación y que defienden la libertad en todo el mundo. En Irak, Afganistán y otros lugares, están protegiendo nuestra libertad al diseminar la libertad en todo el mundo - y todos los estadounidenses están agradecidos a nuestras tropas por su valentía y su dedicación.

También agradecemos a sus familias. Quedarse atrás cuando un miembro de la familia se va a la guerra es una carga muy pesada - y particularmente dura en Navidad. Rezamos por nuestras familias militares - y le pedimos al Dios Todopoderoso que confiera su protección y su cuidado a sus seres queridos mientras ellos protegen a nuestra Nación contra graves peligros.

También recordamos a los heroicos hombres y mujeres que hicieron el sacrificio máximo para la libertad de nuestra Nación. Pedimos que Dios traiga consuelo a los seres queridos que dejaron atrás. Los sacrificios de esas valientes tropas han rescatado a millones de personas de vidas de tiranía y tristeza y han hecho más seguro a Estados Unidos. Siempre conservaremos la memoria de cada uno de nuestros hombres y mujeres de las Fuerzas Armadas caídos - y lo consideraremos un privilegio ser ciudadanos del país que ellos sirvieron.

Vivimos en tiempos que han traído muchos desafíos a nuestro país. Y en esos tiempos, la historia de la Navidad trae especial consuelo y confianza. La Navidad nos recuerda que podemos confiar en la promesa de Dios de paz en la tierra y buena voluntad para los hombres. En una noche hace más de dos mil años, un ángel del Señor trajo buenas noticias de gran alegría: el Dios del Cielo había venido a la tierra y Él estaría siempre con nosotros.

Gracias por escuchar, y !Feliz Navidad!


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