Discurso: 25 de diciembre de 2004

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Buenos Días.

En este Día de Navidad, al juntarnos familias en nuestros hogares en todas partes de la Nación para celebrar, Laura y yo extendemos a todos los estadounidenses nuestros mejores deseos para las fiestas. Esperamos que esta Navidad sea un tiempo de alegría y paz para cada uno de ustedes - y esperamos que les ofrezca una oportunidad para descanso y reflexión, al esperar con anticipación el Nuevo Año venidero.

La temporada Navideña nos llena el corazón con gratitud por las muchas bendiciones en nuestras vidas. Y con esas bendiciones viene la responsabilidad de extender la mano a los demás. Muchos de nuestros conciudadanos todavía padecen los efectos de la enfermedad o de la pobreza.

Otros luchan contra crueles adicciones, o soportan la división en sus familias, o sufren pena por la pérdida de un ser amado.

La Navidad nos recuerda a cada uno de nosotros que tenemos un deber hacia nuestros conciudadanos - que tenemos un llamado a amar a nuestro prójimo, de la misma manera que nos gustaría ser amados. Al ofrecer nuestro tiempo y nuestros talentos donde más sean necesarios, ayudamos a curar a los enfermos, dar alivio a quienes sufren, y traer la esperanza a los que desesperan - un corazón y un alma a la vez.

Durante las fiestas, también pensamos en y rezamos por los hombres y las mujeres de nuestras Fuerzas Armadas - en especial los que están lejos de sus casas, separados de sus familias y sus hogares por el llamado del deber. En Afganistán, Irak, y en otras partes, estos estadounidenses llenos de habilidad y de valor están luchando contra los enemigos de la libertad, y protegiendo a nuestro país contra el peligro. Al traer la libertad a los pueblos oprimidos, nuestras tropas están ayudando a ganar la guerra contra el terror, y están defendiendo la libertad y la seguridad de todos nosotros. Ellos y sus familias están haciendo muchos sacrificios para nuestra Nación - y por esto, todos los estadounidenses les estámos profundamente agradecidos.

Vivimos en tiempos de muchos desafíos para nuestro país. Y en tales tiempos, la historia de la Navidad trae particular confort y confianza. Durante dos mil años, la Navidad ha proclamado un mensaje de esperanza: la paciente esperanza de hombres y mujeres a través de los siglos, quienes escucharon las palabras de profetas y vivieron con expectativas llenas de alegría. la esperanza de María que acogió el plan de Dios con gran fe. y la esperanza de los reyes magos que emprendieron un largo viaje guiados sólo por una promesa trazada en las estrellas. La Navidad nos recuerda que los más grandes propósitos de Dios pueden encontrarse en los lugares más humildes. Y nos da la esperanza de que todo el amor y los regalos que nos llegan en esta vida sean las señas y los símbolos de un amor y un regalo aún más grandes que llegaron en una noche santa.

Gracias por escuchar, y Feliz Navidad.


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