Discurso: 26 de mayo de 2001

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<Discursos del Presidente George W. Bush


Buenos días.

La mayoría de los norteamericanos están disfrutando de este fin de semana largo, y espero que cada uno de ustedes esté disfrutando el suyo. Y que encuentren tiempo para compartir el homenaje que rinde nuestro país en el Día de Conmemoración a los Caídos, cuando tomamos una pausa para reflexionar sobre el costo de la libertad que disfrutamos hoy.

Yo celebraré el día en la Casa Blanca junto a veteranos de las Fuerzas Armadas, quienes conocieron y recuerdan a nuestros jóvenes que no regresaron de las guerras. Después iré al Cementerio Nacional de Arlington para colocar una ofrenda floral en la Tumba de los Desconocidos. Este será un alto honor para mí, y lo haré en nombre de todo el pueblo de los Estados Unidos. Más tarde, me uniré a veteranos en Arizona para una conmemoración y un momento nacional de recordación.

La mayoría de nosotros conocemos a veteranos de guerra. Yo tuve el privilegio de haber sido criado por uno. Por lo general, son reservados con respecto a sus experiencias. Con frecuencia les resulta difícil recordar los nombres y rostros de aquellos que no sobrevivieron para ser llamados veteranos. Sin embargo, en el Día de Conmemoración tenemos la obligación de hacer precisamente eso. Recordar el heroísmo, las dificultades, los logros nacionales y las pérdidas personales que han provocado las guerras en las que hemos luchado.

Los Estados Unidos han recibido tanto. Pero, de todos nuestros bienes, recursos y fuerzas, ninguno es más valioso que la valentía mostrada por jóvenes soldados en el combate. En momentos anteriores de guerra, las decisiones importantes se tomaron aquí en la Casa Blanca. Sin embargo, cuando se emitían las órdenes y se recibían en el otro extremo del mundo, la victoria siempre estuvo en manos de quienes volaban los aviones, dirigían los barcos y llevaban el rifle y la mochila. Los que navegaron los mares, cruzaron los ríos, escalaron colinas y montañas y cubrieron los cielos. Nos defendieron, murieron por nosotros y nunca nos decepcionaron.

Tenemos una deuda con ellos que no puede pagarse ni con toda una vida de Días de Conmemoración. El sacrificio de ellos nos trae un deber que continuará por generaciones: el de honrarlos con nuestros pensamientos, nuestras palabras y nuestras vidas.

Cada Día de Conmemoración a los Caídos tratamos de entender la magnitud de esta pérdida y el significado de este sacrificio. Pero las palabras nunca son suficientes. Al final, todo lo que podemos hacer es mostrar nuestro agradecimiento. Todo lo que podemos hacer es recordar, y siempre valorar el precio que se pagó por nuestras propias vidas, y nuestra propia libertad.


Gracias por escuchar.


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