Discurso de José López Portillo con motivo de la Ley de Amnistía

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En 1978, de la crisis de conciencia que nos estremeció hace diez años, hemos devenido a la conciencia de la crisis.
En 1968, puestos en el escaparate mundial por la olimpiada, nuestras realidades fueron exhibidas por las nuevas generaciones, inconformes ante los frutos de nuestro movimiento social y la persistencia lacerante de algunas de las lacras, que con más vehemencia ha combatido. Ahí se abrió la etapa, que todavía nos alcanza, de las denuncias apocalípticas, que cimbraron nuestro ser nacional y nos obligaron a modificación y autenticidad. Nos fueron útiles, sobre todo, aquellas abiertas, responsables y legales; pero a fuerza de reiterarse, a veces se vuelven estériles; devienen en moda o búsqueda de prestigio hueco; otras desembocan en desencanto, apocamiento y pérdida de brío y seguridad. Proliferaron los voceros del autodesdén nacional y los que intentan hacer de la denuncia profesión y del fracaso, festín. Tiempo es ya de exigirnos madurez y con la misma fruición intelectual con que se denuncia, acometer acciones útiles. Ni tenemos todos los defectos, ni cargamos todas las culpas del mundo. Lo importante, lo valiente, es hacer todo mejor; cumplir con nuestras responsabilidades todas, grandes y pequeñas como única manera de estar en paz con uno mismo y con los demás. Rechacemos ya, a los profetas del desastre, que siembran vientos, por que nos negamos rotundamente a cosechar tempestades.

De la precipitación y el enfrentamiento, nadie saldría victorioso. Sólo, tal vez, los adversarios de México. Sigo apelando a la sensatez y a la reflexión antes de actuar y a la acción organizada y resuelta que, por el bien de todos, concentre nuestra atención, en las asechanzas que a veces se ciernen sobre nosotros, para poder, juntos, arrostrar con éxito los riesgos de la vida en común.

A finales de la década de los sesentas, invadieron la escena internacional, fenómenos desconocidos para los selectos grupos dominantes de las superpotencias; pero ancestralmente sufridos por los países pobres y explotados: falta de alimentos, ausencia de materias primas y escasez de energéticos; se aceleró la espiral inflacionaria y se precipitaron las devaluaciones competitivas; llegó a su término la expansión sin precedente, que la economía mundial había gozado desde la última guerra. La ruptura del precario equilibrio político, acompañó a la pérdida de la aparente estabilidad económica, que contenía en el fondo, elementos de injusticia y capricho, que fueron germen de su propia destrucción. La crisis, no obstante haberse engendrado durante muchos años, sorprendió, sin preparación para enfrentarla, a los Gobiernos y a los pueblos.
Ante la incertidumbre y el desconcierto de lo imprevisto, cada país y cada consorcio, desordenadamente trató de sacar el mejor partido. El diálogo y la negociación, dieron paso al enfrentamiento y a la arbitrariedad. Por la fuerza, los grandes sacaron ventaja a costa de los más débiles, que ya no pudieron seguir aguantando su carga propia y la escalada de los poderosos; pero al final de cuentas, todos salimos perdiendo.
Ningún país se sustrajo a este acontecimiento. México no fue la excepción y resintió sus estragos. También aquí hubo actitudes egoístas y arrebatos. Los más fuertes se defendieron; pero el daño afectó a la sociedad entera.
Para salir de esta situación, propuse una alianza … ampliase la representatividad ciudadana; … …
En el curso abierto por la Reforma Política, cabe destacar: el registro condicionado al resultado de las elecciones federales de 1979, otorgado por la Comisión Federal Electoral, a los partidos Demócrata Mexicano, Comunista Mexicano y Socialista de los Trabajadores, que ahora por primera vez nos acompañan. (Aplausos.) Bienvenidos a este foro de la democracia nacional. Hago votos porque aquí aprendamos juntos a sumar identidades; a estar de acuerdo en la posibilidad de disentir en todo, menos en que son las mayorías las que resuelven, y resuelto, todo, hasta los que la hicieron, queden obligados por la generalidad de la ley. Quince agrupaciones han solicitado su registro, (Aplausos), como asociaciones políticas. La Comisión Federal Electoral resolverá en los términos de la ley. El éxito de la Reforma Política en que estamos empeñados, en buena medida depende del funcionamiento de los partidos, de su respeto a las reglas que nos hemos dado y del comportamiento, que dirigentes y militantes, asuman ante la nueva legislación.
La creación de ciento cuatro distritos, adicionales a los ciento noventa y seis que existían, ha determinado la necesidad de que se reexpidan credenciales de elector a más de doce millones de ciudadanos. La tarea de registro se cumple contando con la estrecha y vigilante colaboración de los partidos políticos.
La Reforma Política, en su dimensión de acción estatal innovadora del orden jurídico será proseguida por el Ejecutivo a mi cargo, a través de dos Iniciativas de Ley, que próximamente remitiré a esta Honorable Congreso de la Unión.

Hemos respetado escrupulosamente al derecho de reunión. Más de dos mil manifestaciones se han llevado a cabo en el país del 1o. de diciembre de 1976 a la fecha, sin que hayamos tenido que lamentar encuentros o choques. Confiamos en que las diversas ideologías, corrientes de opinión o intereses, no caigan en provocaciones y ayuden a evitarlas. Confiamos asimismo, que al ejercer este derecho, no restrinjan o quebranten otros, como el de libertad de movimiento, trabajo y desensión.

Antes de 1968 veíamos nada más, todo lo que había logrado la Revolución Mexicana: bases jurídicas, ideológicas y políticas, que permitieron construir, en poco más de medio siglo, una Nación cuatro veces más grande en su población, crecida en y por obra de la misma revolución y definida en su personalidad; capaz de brindar satisfactores a una proporción cada vez mayor de sus habitantes; una Nación que había afamado su posición independiente y pacifista; reparto agrario, derechos laborales, nuevas ciudades, carreteras, presas, fábricas, escuelas, hospitales, puertos, recursos materiales, crecimiento económico que duplicaba el de la población. En suma, el país triunfador de la primera revolución social del siglo XX. Después de 1968, todo fue descubrir y describir horror e insuficiencia, explotación y desgracia, desgarrarse las vestiduras. Nada está bien. Todo está mal. De un momento a otro, pasamos del milagro al malogro mexicano.
¡Basta ya! no persistamos en la aberración de negar lo más puro de nuestra historia. Nuestra revolución. Tampoco se crea que si ya se hizo, ya se acabó. Tenemos que realizarla y ganarla todos los días. Tiene causa y cauce; no la inmolemos ante nuestra incapacidad de hacerla vigente. Es valiosa, aunque seamos incompetentes para convertirla en realidad y júbilo. Es lo mejor que hemos hecho los mexicanos, desde que lo somos y para ser mejores. Luchemos para engrandecerla y merecerla. (Aplausos.)

Qué importante que nos preocupe, lo mucho que falta por alcanzarse; pero qué grave, que por lo que nos hemos hecho, desestimáramos las gestas heroicas del pueblo mexicano. Sus conquistas y su gallardía no son historia libresca, celebración alegórica o declaración de ideólogos; vienen de tiempos remotos y son sustento y sustancia de nuestra proyección transcendente; las vemos en el campo, en la ciudad, en las fábricas, en las casas, en las calles y en las caras del pueblo. Ahí nos miramos a nosotros mismos. Esa es nuestra vara de juicio y justicia.
En la historia, entonces virgen, de los movimientos sociales, emerge nuestra revolución, sin ortodoxias geométricas, ni moldes sofocantes, porque se origina en la entraña misma del pueblo; sin planear dictaduras, porque de combatir una, nace; sin admitir imposiciones extranjeras, porque en la descolonización, se explica; sin confabular con ninguna potencia, porque es antiimperialista, y encuentra la fórmula de hacer síntesis dialéctica de lo social y lo individual, y transformar la revolución en Constitución y la Constitución en instituciones dinámicas. Con ellas y con las leyes generales que democráticamente votamos, tenemos los instrumentos para proseguir con el reparto de la riqueza pública y el constante mejoramiento económico, social y cultural del pueblo.

La Reforma Política, es un paso adelante para consolidar nuestra democracia. No concede; reconoce incorpora al régimen de derecho a partidos políticos, suma voces aisladas, no impone, ni rechaza; abre el diálogo; si las próximas generaciones han de continuar perfeccionando nuestra vida política, será por la vía del cambio institucional, que transforme incluso a la propia Constitución y que por encima de las diferencias, busque la coincidencia y la unidad en lo esencial.
No dejemos que el egoísmo, la irracionalidad o la violencia sin proyecto nacional, sean los que conduzcan el cambio que habrá de darse en los próximos años. Asumamos con plena conciencia su dirección.
Los cambios propuestos y los efectuados, constituyen la Reforma Social que, en resumen, pretende afirmar la libertad del hombre y el poder del pueblo; a más poder del pueblo, mas libertad del hombre.
Instauramos la república sin cancelar totalmente el feudalismo. Su inercia incita coaliciones y obscuras pasiones de poder por el poder, o del poder por la riqueza. Pongámonos a tono con los nuevos tiempos. Ni ansias ni desafueros, cuentas claras a la Nación, categóricamente declaro: el poder republicano, es poder para servir. No vale, ni permitiremos, ningún otro. (Aplausos.) A quienes han querido ver nuestras decisiones, como cambio de las reglas del juego, les decimos: nuestra conducta no es de asociación delictuosa con camarillas de prepotentes. Hoy, como ayer, no tengo compromisos políticos, ni económicos con nadie. Sólo con la Nación. (Aplausos.)

Frente a la ley no hay ley, Entendemos que en época de crisis surja la idea de obtener lo que se necesita al margen o en contra de ella. Lo entendemos, pero no lo admitimos ni lo justificamos.
Apartarnos del derecho es perder fuerza y legitimidad. A ningún grupo o persona se le ha permitido, ni ahora ni nunca, la violación del derecho. Sobre advertencia no hay engaño. (Aplausos.)
En la sociedad mexicana no hay heterodoxias. Todos y cada uno de sus miembros caben en la libertad, diciendo lo que piensan y pensando lo que quieren. Sean cuales fueran, las ideas que se profesen, se puede contribuir a la evolución democrática, siempre y cuando no se crea que, quien difiera de ella, no tiene derecho a hacerlo. Desconfiemos de los absolutistas y de los déspotas que se creen infalibles.
Ya nos conocemos y ya conocemos a los desnacionalizados, a los que ante cualquier parpadeo; frente al asomo del más mínimo riesgo, quieren asegurar sus posiciones y sus posesiones y traman llevarse su dinero. Que se vayan con él, a donde crean que más valga y supongan que ellos, valen algo (aplausos). Les hemos pedido que no nos estorben. Nosotros nos quedamos a seguir construyendo la Patria. Tal vez sus hijos se quieran quedar con nosotros.
Las condiciones que nos permiten visualizar un México en que se viva mejor, coinciden con la participación institucional de más corrientes ideológicas en las decisiones nacionales. Vale la pena abrir nuevas y libres oportunidades a quienes bajo la influencia de algún móvil político se encuentran recluidos o prófugos, porque incurrieron en delitos, o formando grupos de disidencia extrema, pero que no han intervenido en la comisión de delitos contra la vida o la integridad corporal. Con ese propósito enviaré a este Honorable Congreso, la Iniciativa de Ley de Amnistía, que beneficie a los que pensando en la solución de sus problemas y en la de los demás, surgidos de marginaciones sociales y económicas, que infortunadamente todavía existen, manifestaron su inconformidad, por la vía equivocada del delito. Con dicha Iniciativa busco que estos mexicanos, vuelvan a sus hogares, se reintegren a la actividad ciudadana que el país reclama y concurran a las responsabilidades del quehacer nacional. Renovemos con ellos, nuestros afanes. (Aplausos.)
Esto, señores, estaba escrito desde hace días, antes de últimos y reprobables acontecimientos. Hemos meditado cuidadosa y responsablemente en este grave asunto, en el que puede estar en juego la gran conciliación nacional; y al ver a las madres que entran en huelga de hambre buscando a sus hijos, y a otras enlutadas - hijos todos los mexicanos, todos los jóvenes, iguales que nuestros propios hijos, ¡nuestros propios hijos! - he ratificado mi decisión: los minúsculos los grupos o intereses, que todavía no desentrañamos en donde se arraiguen, no pueden frustrar la posibilidad de que el país, olvidando en todos los ámbitos, tenga el derecho a estrenar tiempos vírgenes. Por esa razón ratificamos nuestra voluntad de iniciar esta Ley de Amnistía. (Aplausos)
Tengo la seguridad de que hoy, como ayer, con Juárez, Lerdo de Tejada y Cárdenas, una Ley de Amnistía hará más sólida y productiva nuestra paz social y política. (Aplausos.)

No abrigamos la quimera de la desaparición de los problemas. Únicamente las sociedades muertas, carecerían de ellos, pues aun las sociedades que se estancan o se extinguen, los arrastran en su indefectible decadencia. Una sociedad de desarrollo, obviamente tiene conflictos; que no son otra cosa que sus signos vitales; pena y satisfacción, dolor y alegría. Nosotros tenemos vida y tenemos un reto, volver certidumbre la esperanza.
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Referencias[editar]

  1. FUENTE: Diario de los Debates de la Cámara de Diputados del Congreso de las Estados Unidos Mexicanos. L Legislatura, Año III periodo ordinario, Tomo III, número 3 viernes 1° de septiembre de 1978.