Don Manuel Bretón de los Herreros

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Museo de las familias (Madrid) (1843)
Don Manuel Bretón de los Herreros
 de Ventura de la Vega

Nota: Se ha conservado la ortografía original.

De la serie: Estudios biográficos.

DON MANUEL BRETON DE LOS HERREROS.

Estrechos son los límites á que forzosamente tiene que reducirse el que traza estos apuntes, para lo mucho que pudiera y quisiera decir acerca de la vida y escritos del señor Breton; si bien poco podría añadirá lo que con tanta exactitud como elocuencia refiere el señor Gil de Zarate en la biografía que escribió de aquel ingenio, y que forma parte de la colección que se publica en esta córte.

La íntima y casi fraternal amistad que liga al que esto escribe con el señor Bretón, desde la llegada de este á Madrid en 1824, le pone en el caso de ser quizá el que mas á fondo y con mas pormenores sepa todos los lances, aventuras, gozes, sinsabores y aun pensamientos que constituyen la vida pública y privada de nuestro eminente poeta cómico; y bien quisiera aprovechar esta oportunidad de consignarlos aqui, si no le detuviera la falta de espacio, y mas que todo el temor de que al interesado no le agradará ver sacar á la plaza minuciosos pormenores de la azarosa vida que corrió hasta la fecha arriba citada. Estos pormenores, sin embargo, serán un dia de sumo interés para posteridad, la cual, en sentir del que esto dice y de todos los que conservan sanos principios de buen gusto en materias literarias, reserva al señor Breton uno de los primeros puestos en el Parnaso español. Poco importa que críticos superficiales, en quienes los instintos literarios siguen sin discernimiento el caprichoso impulso de la moda, tuerzan el gesto á cada nueva produccion del poeta, o se desdeñen de examinar sus obras con la detencion y el respeto que sus altas bellezas reclaman; á estos críticos les está reservado el perpetuo ridículo que ha caido sobre los redactores de la Revista de Edimburgo, que en un artículo sobre Biron cuando este publicó sus primeros versos, dijeron con tono magistral:

«Este joven no hará nunca nada de provecho.»

El señor Breton tiene, entre otras muchas cualidades que le aseguran la inmortalidad, una que basta por sí sola, y que consiste en la originalidad: no la originalidad relativa, sino la absoluta, la que hace al poeta crear, no comedias de un genero inventado por otro; sino un género de comedias, inventado por él mismo; género cuya escelencia podrá quizá ser cuestionable; pero que es único, nuevo, peculiar del que lo creó; que distingue á un poeta entre todos los de su época, y señala un periodo de observación y de estudio en la historia literaria de las naciones. Cuántas veces los que con mas desden hablan de las producciones del señor Bretón, dicen cán­didamente, creyendo rebajar su mérito. «¡Qué fastidio! Desde que se oyen los primeros versos y aun desde que se lee el título, ya se sabe de quién es la comedia.» Y no falta quien añade: «Siempre nos pone en sus comedias lo que estamos viendo diariamente en nuestras casas. — Ahora bien, ¿cabe mayor elogio de un poeta cómico?

Ni es tampoco argumento de ningún peso la varia fortuna que sus obras dramáticas han esperimentado en su primera representación. Abstengámonos de hacer reflexiones para probarlo, y acudamos á hechos, á ejemplos. De las cinco comedias originales que compuso Moratin, quizá no hay mas que una, El SI de las niñas, que no le­vantase cruda borrasca en su primera representación, y acerbas críticas, y pullas y epigramas después entre los críticos de su época; y de las infinitas que escribió el des­venturado Camella, apenas hay una que no fuese acogida con entusiasmo y diese á los teatros largas y pingues entradas. El éxito de la primera noche podrá decidir de los resultados mercantiles de una obra dramática; pero los jueces de su existencia literaria fallan después, y el verdadero fallo es ese.

Mucho vá escrito, y alguno tal vez estrañará que nada se diga de la vida del señor Bretón como promete el título de este articulo; pero cuando la vida de un poeta no está enlazada con los acontecimientos públicos: cuando para relatarla seria preciso acudir á su vida privada, campo vedado en vida de la persona á quien hay que refe­rirse, ¿Qué otra puede ser su historia sino la historia del arte en que sobresale? Del señor Breton puede decirse que nació en Quel, villa de la provincia de Logro­ño, el dia 19 de diciembre de 1800: que vino niño á Madrid, e hizo los primeros estudios en la Escuela Pía de San Antonio Abad, donde ya manifestó su incli­nación á la poesía, haciendo composiciones en que brillaba el espíritu de independencia y patriotismo que despertó en España la agresión francesa de 1808; y este en­tusiasmo noble se desarrolló en su corazón de tal manera,-que en 1814 se incorporó voluntariamente á las filas del ejército y salió á campaña. El periodo de su vida, que comprende desde esta época hasta 1823, en que huyendo la persecución del poder absoluto, entro­nizado de nuevo, se refugió á Madrid, donde no era conocido, forma tan singular contraste con el que, dió entonces principio y hoy continúa, que no dejaría de interesar y dar materia á consideraciones dignas de atención. baste decir que aunque estas dos épocas de la vida del señor Bretón, la de soldado y la de poeta, presenten tan diversa fisonomía, tan fuerte contraste cual en pocos hombres pudiera hallarse, hay un lazo que las une, y que es la primera cualidad del hombre: la honradez y el pundonor. Asi vemos al señor Bretón siendo soldado, y habiéndose amotinado una noche la compañía contra el coronel, entrar solo en la cuadra donde reinaba el tumulto, y deshacerlo á cuchilladas, haciendo acos­tar en los camastros á los soldados, y salvando asi la vida del apocado gefe, que andando el tiempo llegó á general, y no volvió á hacer memoria del lance, ni á saludar á su libertador: y asi le vemos luego en su pa­cífica vida de poeta, por los años de 1826, partir el mezquino pecunio que el teatro le daba por sus obras con aquellos á quienes el cultivo de las bellas letras había ligado con él en fraternal amistad, y no pocas veces con el que escribe estas lineas y se honra haciendo esta confesión, que tanto realza las prendas morales de su amigo.

Refugiado á Madrid, como se ha dicho, el señor Bre­tón, en 1824, huyendo de la piíila acompañada de pa­lizas con que regalaban por esas provincias á los compro­metidos en el sistema constitucional, recordó que años atrás, hallándose en unos baños de Andalucía, habia compuesto sin mas pretensiones que las de pasar el rato , una comedia en prosa, en tres actos, á que puso por título: A ¿a vejez viruelas; y aunque con pocas esperanzas, buscó el manuscrito, y se presentó con él al señor Capeara, actor distinguido y director de escena entonces. Este que á la sazón no sabía qué función disponer para el dia 14 de octubre, cumpleaños del rey, leyó con brevedad la comedia del novel ingenio y no páreciémlole mala la puso en escena para esc dia, bien a gen o de creer que aquel paso valia tanto para el teatro español; pues varias veces ha confesado después el señor Bretón, que si no se le hubiese admitido aquella obra, nunca hubiera vuelto á pensar en dedicarse á la poesía dramática. La comedia tuvo un éxito feliz y se ejecutó con suma perfección; baste decir que el papel de la pro­tagonista estaba encargado á la eminente actriz Gertru­dis Torre.

Animado Bretón con este triunfo, compuso una co­media en verso, en cinco actos, titulada; Los dos sobri­nos, que se representó el año siguiente, de 1823; con cuyo motivo escribió un escelente artículo de crítica lite­raria don Pedro Gorostiza, y dijo que de la primera co­media á la segunda habia un salto, que ni el de Alvarado. Pero mayor fue sin duda el que dió nuestro poeta desde esta á la titulada A Madrid me vuelvo, que ya le alzó á una altura que él mismo apenas ha podido después superar.

Hé aquí la lista de las que hasta hoy ha dado al teatro, por el orden en que las compuso:

A la vejez viruelas.—Los dos sobrinos.—El ingenuo.— A Madrid me vuelvo.— La falsa ilustración.—Achaques á los vicios (en prosa).—Marcela.—Un novio para la niña.—Un tercero en discordia,—Me voy de Madrid.—Ele­na (drama).—Todo es farsa en este mundo.—El hombre gordo.—La redacción de un periódico.—Mérope (trage­dia).—El amigo mártir. —Flaquezas ministeriales.—Una de tantas.—Muérete y verás.—El pró y el contra.—El poeta y la beneficiada.—Don Fernando el Emplazado (drama).—Ella es él.—Medidas extraordinarias.—El hombre pacífico.—El qué dirán.—Un dia de campo. —El novio y el concierto.—No ganamos para sustos.—Una vie­ja.—Vellido Doliós (drama).—El pelo de la dehesa.—Lan­ces de Carnaval.—Pruebas de amor conyugal (para el Liceo).—El cuarto de hora.—Dios los cria y ellos se juntan.—Cuentas atrasadas.— Mi secretario y yo.—¡Qué hombre tan amable!—Lo vivo y lo pintado.—La pluma prodigiosa (de magia).—La batelera de Pasages.—La escuela de las casadas.—El editor responsable.—Estaba de Dios.

Ha traducido ademas muchas tragedias y comedias, españolizando algunas de estas últimas hasta el punto de parecer originales, como sucede con El amante prestado, La familia del boticario, y otras, en donde no ha quedado rastro de su origen estrangero. Si no bastára y aun sobrara á la gloria de Bretón la corona dramática que se ha ceñido, aun pudiera alegar títulos al dictado de poeta lírico, presentando un tomo de poesías que anda impreso, en el cual campean composiciones de primer orden. Descanse pues el señor Bretón, y consuélese de la poco meditada crítica de algunos contemporáneos, con la fundada esperanza de que suyo es el non omnis moriar de Horacio, y con el aprecio que merece á todos aquellos que se le tributan siempre al saber y la virtud.

Ventura de la Vega.