Educación científica de Cervantes

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Liebig
El Museo Universal (1869)
Educación Científica de Cervantes
 de Nicolás Díaz Benjumea


EDUCACIÓN CIENTÍFICA DE CERVANTES.

En la tarea de reconstruir la biografía de nuestro incomparable Ingenio, ocupa un lugar preeminente la cuestión envuelta en el epígrafe de este artículo. La posteridad se asombra al ver la suma de conocimientos invertida en la composición de sus obras. ¿Quiénes fueron los maestros de Cervantes? ¿Qué ciencias aprendió? ¿Arrastró bayetas en las universidades? ¿Fué su enseñanza, por el contrario, autotélica? Scaliger no conoció las letras del alfabeto hasta los cuarenta años, y con todo eso fue un crítico profundo. El asombro de los eruditos, el gran Erasmo, no tuvo que agradecer á ningún maestro la gran copia de conocimientos conque nos admira. Butler, el celebrado autor del Hudibras, no se sabe que tuviese mas preceptores de superior enseñanza que la librería de la condesa de Kent; y, como estos, podríamos citar otros muchos ejemplos de genios estraordinarios que fueron maestros de sí mismos. No es, pues, fenómeno desconocido instruirse el hombre con la letra viva de la esperiencia en la escuela del mundo, ó con la voz muda de los libros en el aula silenciosa del retiro. En las obras de Cervantes hay mas indicios de haber cursado en estas escuelas en donde la palabra del maestro resuena en el interior desde la¡cátedra de la conciencia propia, que no en las otras en donde suele perderse en el espacio. No obstante, con loable intención, sin duda alguna, y poseídos del mismo espiritu que hace á los pueblos enaltecer sus orígenes y á los poetas elevar sus héroes, se ha pretendido por los biógrafos, que Cervantes tuvo estudios universitarios, como si el manejo de los Bártulos y Baldos añadiese algún mérito al que tanto alcanzó llevado de sus propias inspiraciones. Cierto es que tampoco le quita; pero los fundamentos mas sólidos son los que han de inclinar la balanza al uno ó al otro lado, y no el beneplácito y autoridad de los críticos. De otro modo, ¿cómo poner puertas al campo espacioso en que puede correr libre el humor vario de los escritores, cuando se sabe que no se sabe apenas de la vida privada de nuestro novelista? Así apareció un biógrafo de imaginación peregrina y por demás aficionado á lo pintoresco, que no vaciló en escribir las siguientes lineas: «Cervantes fue destinado para la Iglesia, ó para la profesión de la medicina; pero no teniendo la aplicación metódica que se requería de él, se aplicó á los versos.» Base de esta estraña aserción, han sido las contrarias opiniones de los nacionales, todas destituidas de fundamento, respecto á la enseñanza universitaria de nuestro Ingenio. Lo estraño es, que habiendo en su obras tantos aforismos jurídicos y tanto conocimiento de la fraseología forense, no se le antojase decir que probó también d estudiar la ciencia de Paulo y de Ulpiano. No queremos disminuir la responsabilidad de este escritor; pero bien examinado el caso, su versión solo peca por los detalles. Si estuvo en una universidad, no es gran cosa adelantarse á decir que estudió cánones, en el país en que se repetía á cada paso que todos los españoles eran frailes: mucho mas, autorizado con el ejemplo de nuestros célebres poetas tonsurados. No seria dislate el creer que hubiese saludado la ciencia de Esculapio, quien supo también pintarnos la melancolía; y mas si leyó el opúsculo de nuestro doctor Morejon, en que lo compara á un genio de la vecina Francia, célebre en los fastos de la medicina. Navarrete habia dicho antes, que estudió en Salamanca la filosofía, y en efecto, si á conocimientos vamos, habrá quien con razón pueda adornarle con el diploma de jurisconsulto, para que en las borlas de su bonete luzcan los cuatro colores, verde, amarillo, azul y encarnado con que se distinguen en claustro pleno los doctores.

Don Blas Nasarre fue el primero que apuntó la idea hasta ahora mas verosímil sobre la educación científica de Cervantes, haciéndole alumno del estudio de Hoyos. Otros, siguiendo la opinión de D. Nicolás Antonio, habían podido conjeturar que se doctrinase en Sevilla, de donde este erudito le hacia natural; pero se ha demostrado plenamente que nuestro escritor no visitó la Andalucía antes de su cautiverio, y al mismo tiempo está fuera de duda de que en 1368 concurría á oír las lecciones de aquel maestro. Ya se deja entender que á la edad de veintiún años, y no enseñándose en aquellas aulas facultades superiores, la ciencia que pudo adquirir Cervantes no pasaría del conocimiento de la lengua latina principalmente, y de algunas nociones sobre historia, religión y literatura, y aun estas fueron incompletas,si se atiende al corto número que medió entre la apertura del citado estudio, verificado en 29 de enero de 1568, y la época en que se supone que salió Cervantes de España, que debió ser hacía fines del siguiente. Esto no obsta para los aprovechamientos que pudiese hacer, en breve tiempo, una inteligencia tan viva y para congeturar «que antes debería creerse que estudió las humanas letras en la Universidad de Alcalá, donde acaso estaría enseñándolas el M. Hoyos que vendría á la oposición de la cátedra de Madrid, traído del amor á su patria;y hallándose con él su discípulo con motivo de las funciones reales ó con otro, escribió los referidos versos en nombre de todo el estudio.» Sobre esta congetura de Pellicer, pueden ocurrirse las siguientes reflexiones, no desvirtuadas por la prueba mas positiva que adujo Navarrete. <¿ue un maestro llame á uno (le. sus discípulos, caro y amado, no supone que éste halla envecejido en sus aulas. Los profesores, generalmente, se prendan muy luego de aquellos jóvenes que muestran buenas disposiciones y aplicación al estudio, moral recompensa que suelen estimar algunos en mas que los estipendios. En ocho meses, y aun en uno, es fácil conocer, qué terreno es fértil para el cultivo de la enseñanza; y como esta feliz disposición viene al cabo á ceder en honra y provecho de los preceptores mismos, engendra en éstos un cariño y noble orgullo, que inspira elogios como los que Hoyos públicamente tributó a Cervantes. Por otra parte, la ocasión y circunstancias en que se mostró su ingenio, no eran tales que requiriesen anterior doctrina recibida. Versos fueron la muestra que ofreció el discípulo, y ni el maestro Hoyos ni todos los maestros del mundo, pueden enseñar á ser poeta. ¡ Cuántas composiciones no habría hecho Cervantes, cuántas canciones no habrían salido de su pluma antes de pisar los umbrales del estudio de Hoyos; cuántos ensayos no formarían el aprendizaje del que escribió:

«Desde mis tiernos años amé al arte Dulce de la agradable poesía, Y en ella procuré siempre agradarte!»

El soneto, las cuatro redondillas y la elegía, contingente de Cervantes en el libro de la solemnización de la exequias, no son, pues, los trabajos que necesitasen de andaderas, porque no era novicia la pluma ni lega la imaginación del que lei;i los papeles rolos que en las calles encontraba.

Fernandez Navarrete tomó con grande empeño el esclarecimiento de este punto, y destruyó todo el edificio de congeturas levantado por su inteligente antecesor, con la respuesta que don Manuel de Lardizabal dió á su investigación sobre el particular, asegurándole, que habia examinado los libros y matrículas de la universidad de Alcalá, y que no hallaba la menor noticia de que hubiese cursado en ella Miguel de Cervantes ni que el M. Juan López sirviese cátedra alguna en su recinto. El señor Lardizabal, con acertada previsión, acompañó su respuesta con una certificación del secretario de la universidad, con lo que se quita todo fundamento para ulteriores congeturas dé los Alcaló—philos. Pero si la patria misma de Cervantes perdió el derecho á ser llamada maestra de su ilustre hijo, ganóle la de Salamanca.

Según la opinión de Navarrete, Cervantes recibió la educación y los primeros estudios en Alcalá, cursó las humanidades con el referido Hoyos en Madrid 5 fuera de la corte, y estudió dos años de filosofía en Salacamanca.

Lo primero no es dudoso. La condición de sus padres no era tan estrecha que no pudiese proporcionar á nuestro escritorios beneficios dé la enseñanza primaria, que verosímilmente recibió en Alcalá. El hallarse Cervantes a muy poco en Madrid no está suficientemente explicado, aunq ie hemos leído en alguna biografía, que se trasladó con sus padres a h corte, cuando solo contaba siete años de edad. Nosotros no aceptamos esta opinión, porque no hay dato ni documento que la justifique, y en la imposibilidad de averiguar en qué época ó por "qué causa se trasladó á Madrid su familia, debemos creer que Cervantes, lleno de confianza y de ilusiones, alentado por su fé, seducido por su imaginación aventurera, y tal vez no queriendo ser gravoso á sus padres, marcho á la córte á buscar ventura, lugar en donde por un camino ó por otro era mas fácil hacer su suerte. No decimos esto para míe se nos crea por nuestra propia palabra; pero nadie (iud irá que esta congetura se hermana bien con la idea que tenemos de su carácter, empresas y sucesos.

Respecto al segundo estremo de la opinión de Navarrete, nada hay que replicar en lo relativo á la enseñanza de Hoyos, antes de su cátedra pública. No es necesario localizarla en otro punto fuera de la córte porque, como el mismo biógrafo observa, pudo tener estudio privado en Madrid, antes de ganar por oposición el público. El señor Capmany y Montpalau, que actualmente escribe la historia monumental de Madrid, examinando algunos papeles y documentos en los archivos del convento de las Trinitarias, encontró una noticia relativa á cierto incidente ocurrido entre los discípulos del maestro Hoyos, entre los cuales se hacia referencia á Cervantes. Si al hablar de ese suceso se hace mención de fechas, no seria cuidado perdido confrontarla con la de la época en que este profesar obtuvo su cátedra pública.

Tocante al tercer estremo, la cuestión varía de aspecto. Navarrete destruye en buena guerra crítica la opinión de Pellicer, que sólo era una probable congetura, y sustituye en su lugar no una nueva opinión, sino una aserción irreplicable, el dogma incontrastable é infalible, en vez de las fluctuaciones propias de las conjeturas. Inclinado también á creer, que ocho meses no era tiempo suficiente para que Cervantes sobresaliese entre sus condiscípulos, halló una solución satisfactoria en la noticia que oportunamente le comunica el canónigo don Tomás González, de que nuestro novelista estudió dos años en Salamanca, matriculándose en su Universidad y viviendo en la calle de Moros. Cualquiera daría por cierto, que ese biógrafo que no escusaba diligencia para esclarecer los hechos, y había escrito al señor de Lardizabal para corroborar la opinión de Pellicer, hubiese solicitado un apante ó nota certificada del secretario de la Universidad de Salamanca, coa un traslado exacto del contenido de las matrículas, para unirlas al precioso cúmulo de sus ilustraciones y documentos, cono uno por estremo curioso para nacionales y estranjeros; pero al examinar esta parte de su apreciabilísima obra, en vez de la copia certificada ú otra especie de documento, nos encontramos con uno á modo de apunte biográfico de dicho señor González, en el cual se dice, que fue provisto pira un canonicato en Plasencia y comisión id i después para arreglar el archivo de Simancas; com> si esto fuera óbice pira obtener la mencionada certíficicion, ya que no la remitió á una con su noticia, mientras regentaba la cátedra de retórica en dicha Universidad de Salamanca; como si González desde Plasencia ó Simancas y Navarrete desde cualquier punto de España, no hubiesen podido dirigir dos letras al rector o secretario de este colegio, para aumentar con este documento el número de los ya recogidos.

(Se continuará.)

Nicolás Díaz Benjumea.