El Arte en 1869

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La Ilustración Española y Americana (1869)
El Arte en 1869
 de Antonio Arnao

Nota: Se ha conservado la ortografía original.

EL ARTE
EN 1869.

Luz de la inteligencia, estímulo del corazon, móvil que anima al hombre á soportar afanes, y espíritu que embellece la existencia de la sociedad, tal es el arte en medio del prosaismo práctico y de las inevitables agitaciones de nuestro paso por el mundo.

Él brilla como faro que guía a través de las oscuridades de la razón, haciendo que cuando esta es impotente para penetrar en ciertos senos del mundo moral, se eleve el alma en alas del sentimiento y descubra regiones inexploradas a las especulaciones científicas, con solo recibir las impresiones producidas por el alado poema, la armoniosa ópera, el cuadro pintoresco, la vida est, el edificio monumental.

El suaviza los instintos humanos haciendo amar, no la sangrienta gloria del guerrero que deja tras de sí honda huella de lágrimas, sino la benéfica influencia de genios privilegiados que, tal vez desconocidos entre los esplendores de la tierra, ó sumidos en el abismo del infortunio, publican y ensalzan en sus creaciones la nobleza de la verdad, el reposo de la virtud, las armonías de la belleza.

El aparta á las almas delicadas de los placeres turbulentos del mundo y remontándolas á las esferas del entusiasmo, endulza para ellas las amarguras del olvido, la privacion de la fortuna, las vigilias del trabajo.

Él, por último, reviste de agradables formas los usos sociales, consiguiendo que en objetos, costumbres, recreos y pasatiempos solo trasmitan los sentidos sensaciones suaves que atenúen las ásperas sensaciones que en la misma sociedad dimanan del choque de intereses diversos y caractéres encontrados.

Ahora bien, si tales son los principales rasgos distintivos del Arte, considerado en una acepción elevada, ¿no es su destino en el mundo mision verdaderamente civilizadora y de consuelo? Sí lo es, porque amenizando nuestra peregrinacion, cuyos caminos borda de flores, nos prepara en primer término al aprecio de la virtud por el orden y la belleza. En tal concepto, los artistas y los poetas que tienen clara nocion de su deber y de sus aspiraraciones

deben repetir lo que un cantor de la Italia contemporánea decia en uno de sus poemas:

...D'un sublime culto
Sacerdoti noi siam, quanti con l'opra
Della parola, de' color de' suoni,
Tentiano ricondur sopra la terra
Una etade che solo in noi ragiona
Oscura al volgo...

Dado este excelente destino, concedido por Dios al Arte en sus diversas manifestaciones debe tener como cualidades peculiares las más adecuadas para encaminarlo á la realizacion de sus altos fines. De la severidad de principios toma la severidad de los medios que emplea para conseguir sus efectos preconcebidos, sin autorizarse nunca á si mismo en esto de dirigirse á buen fin por malos caminos. Obligale la universalidad, que es su norte, á revestirse de formas llanas y conocidas, con el objeto de adaptarse á la comprension del mayor número posible de persomas , extendiendo así los límites del carácter que hoy se llama de género. Como ha de infiltrarse en el hogar de muchos, debe recibir de la economía pública los fecundos consejos que recomiendan una produccion acomodadas a las comunes fortunas y por último, habiendo de someterse á múltiples exigencias críticas que apenas conocieron nuestros antepasados y que hoy tantos abrigan, fuera será que así en el conjunto como en los pormenores de las obras de su dominio, aparezcan la verosimilitud y la Propiedad en todo aquello que sea compatible con la expresion convencional, inherente á las creaciones de lo bello.

Y bajando ahora de la esfera de la abstraccional mundo de la realidad, se preguntarán muchos á sí propios: ¿Qué vida goza hoy el arte en Europa? ¿Cumple severamente con las leyes de su naturaleza? Estas mismas preguntas se dirige tambien LA ILUSTRACION ESPAÑOLA Y AMERICANA al presentarse en el estadio de la prensa artístico-literaria.

Parece á primera vista que arrastra una vida desfallecida si se compara su actual florecimiento con el que alcanza la industria en todos sus ramos. En efecto, con ésta, símbolo de los intereses materiales dominantes en la época, nadie puede competir.

Desde el pastor suizo que emplea sus ócios en labrar juguetes infantiles, hasta el famoso prusiano que imagina colosales cañones de acero fundido para sepultar al primer disparo el jigantesco navío en los abismos del mar; desde el procedimiento más sencillo para abreviar cualquier uso doméstico, hasta la más completa máquina que roba al trabajo centenares de brazos, hay una dilatadísima escala de personas y una série casi inmensa de productos que hacen de la industria un imperio poderoso. Pero no impide esto que otra numerosa generacion de inteligencias ejerciten su poder en dar forma á las inspiraciones del arte. Alemania, Italia y Francia poseen con diversos caractéres obras y personas harto conocidas por su relevante mérito para que nos creamos en la necesidad de recordarlas á lectores ilustrados. Multiplicanse los centros artísticos, renuévanse las exposiciones, difunde la imprenta sus producciones pintorescas, y una forma estudiada se apodera muchas veces de los objetos de la vida familiar. Todo, pues, indica que el Arte florece en el mundo de la cultura, y que es errónea la apreciacion, nada rara, segun la cual ha perdido la belleza su poderío en este siglo.

No indica esto, sin embargo, que los artistas caminen siempre por sendas legítimas, pues harto vemos por desgracia que el deseo de un vil lucro, la relajacion de la moral y las veleidades de la moda han estendido por todas partes libros chocarreros, innobles caricaturas, composiciones musicales frivolas ó grotescas. Tampoco Puede asegurarse que el gusto esquisito sea la norma de algunos ingénios que sobresalen entre los contemporáneos, Pues hay notables producciones que hablan en contrario sentido, y si no se cree tal aseveracion, recuérdense el nuevo gran teatro de la ópera de París y la música del porvenir, hijos, uno y otra de hombres de mucho talento, como lo son Garnier y Wagner. Pero, de todos modos, siempre resulta que el arte vive, florece y tiene calor Propio.

Natural es ahora que concretemos aun más estas someras consideraciones y las refiramos al estado especial de nuestra patria, á la cual antes no hemos nombrado. ¿Prospera hoy en España el Arte? No puede ser muy lisonjera la respuesta, si juzgamos por la impresion que deja en el ánimo el año que va á espirar. Alguna que otra señal aislada de existencia, alguno que otro corazon que aun se abre à las impresiones de lo bello, alguno que otro autor entregado á propias inspiraciones, son los únicos indicios que revelan su vida, pero por lo mismo no puede decirse que sea ésta muy afortunada y floreciente. Y, sin embargo, la necesidad de que se restaure y se desarrolle existe. Gran número de individuos, que separadamente se lamentan de la decadencia, acuden presurosos á contemplar cualquier obra que aparece de las artes plásticas, á presenciar una produccion dramática que recuerda los buenos tiempos del teatro, á oir con entusiasmo las creaciones clásicas de los grandes músicos. Hasta la oratoria, que no es más que un artes seduce en ocasiones á entendimientos privilegiados, consiguiendo triunfos que la severa razon rechaza. Todo demuestra la influencia del arte y su necesidad.

En este aplanamiento momentáneo; cuando las exposiciones bienales se hallan suspendidas indefinidamente; cuando los coliseos de Madrid y de provincias en su mayor ría solo rinden homenaje á estériles y perjudiciales bufonadas; cuando en folletos, libros y periódicos imperan el epigrama y las ardientes invectivas de la política, se esperimenta dulce satisfaccion al ver demostraciones Públicas de opuesto carácter.

Un ilustrado magnate que construye un suntuoso Palacio da ocupacion á excelentes pintores y escultores españoles que van a dejar en él las huellas de su génio, Producir dose obras tan bellas como lo es, entre otras, la Prº estátua en mármol de Santa Teresa, ejecutada por el señor Martin. Publica un poeta distinguido un poema titulado El Drama universal, y un prosista que no lo es menos, una novela llamada Doña Francisca; y ambos autores, los señores Campoamor y Cutanda, revelan elevadas aspiraciones, separándose de los trillados caminos por donde va la multitud, entregada á la frivolidad y el pasatiempo. Se ejecutan y perfilan en cuartetos y conciertos, bajo la direccion y con el concurso de profesores excelentes, las grandes creaciones de los grandes maestros alemanes, oyéndose á veces en los recintos donde aquellas resuenan, resonar tambien otras de jóvenes compositores compatriotas nuestros. Por último, tres ó cuatro artistas y editores músicos de valía ofrecen de su peculio premios á óperas españolas, y el concurso se ve favorecido por algunas de no vulgar mérito. El arte español puede reflorecer.

Así encuentra LA ILUSTRACION el arte pátrio y el extranjero al aparecer en nuestra sociedad. Su intento, su noble propósito, se dirigen áfavorecer el que de cerca nos toca, en cuanto esté á sus alcances. ¡Quiera Dios prestarle su proteccion como dispensa á los campos la lluvia que los fecunda!

ANTONIO ARNAO.