El aislamiento

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El aislamiento
de Jacinto de Salas y Quiroga



Allá lejos, al pie de la colina,   
marcha con pasos trémulos Fileno,   
cadavérico y triste, cual camina   
quien no bebió jamás sino veneno.   

Preparado tal vez en copa de oro,
y servido a la luz de mil bujías;   
que el universo juzga que un tesoro   
basta para dar penas y alegrías.   

Fileno lo dirá, que largos años   
de perlas y diamantes se cubriera, 
y no encontró en el mundo sino engaños,   
en pago acaso de amistad sincera.   

El pobre, en sus recuerdos engolfado,   
marcha como insensible hacia la altura,   
en donde dominando lo creado 
hallará el pecho triste más soltura.   

¡Oh Dios! Cuando contempla el alma mía   
de la cumbre del monte el universo,   
en mi rostro se pinta la alegría,   
y un verso canto y luego un nuevo verso.

Y versos de alabanza solamente,   
que para el alma libre no hay malvados;   
tal si brama a lo lejos el torrente   
ven el hervor al alto sosegados.   

«Mis riquezas (exclama así Fileno) 
¿de qué sirven? ¿Harán que no sucumba?   
No hay pobres en el mundo. ¿De terreno   
a quien faltan seis pies para una tumba?   

»Yo no tengo en la tierra un solo amigo;   
ni allí, ni allí mi voz será escuchada;
si muero aquí nadie será testigo   
de mi dolor... mi vida es ignorada.   

«Yo gimo solo, yo no tengo madre,   
no tengo hermanos que conmigo lloren;   
todos reposan con mi triste padre...   
¡Ah! Por mí todos en el cielo imploren. 

»Pero en la tierra, ¡oh huérfano infelice!   
Nadie suspira cuando yo suspiro...   
Nadie mi dicha con amor bendice...   
Nadie me mira cuando yo le miro.

»¡Oh! Yo quisiera, en trueque de mi oro,   
un solo amigo, un rústico, si es caso;   
¿De todo el mundo no es igual el lloro?   
¿Y se distingue un paso de otro paso?   

»Del Dios de amor jamás vi la sonrisa, 
porque si amé... ¡recuerdo desgraciado!   
Yo soy tan feo, que jamás mi Lisa   
juntó mi rostro al suyo sonrosado.   

»¡Oh Dios! Piedad, que gimo eternamente...»   
Dijo, y bramando con furor el trueno  
hizo temblar la tierra de repente...   
Y cayó al suelo el infeliz Fileno. 

(Lima 1832.)