El ajedrez/Capítulo III

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CAPITULO TERCERO.




DE LOS PEONES.


 La escelencia de los peones consiste, á nuestro modo de ver, en su considerable número; en la proteccion que dispensan á las piezas á quienes sirven de vanguardia prudente y mesurada: en la fatalidad, misma de su marcha, que no les permite comprometerse mucho; en la defensa, á veces impenetrable, que oponen á las piezas; en su misma menor importancia que origina el que las piezas atacadas tengan que retirarse, y no defenderse, por miedo de caer en presa; en la irregularidad de su marcha y ataque, pues, avanzando de frente, establecen una barrera y, prendiendo de costado, cortan las avenidas por los flancos; en el sostén que unos á otros se prestan espontáneamente; en el sitio riguroso en que algunas veces tienen al juego enemigo; en la esperanza, que á todos alcanza, de coronarse; en el papel importante que al fin desempeñan, pues, jugados bien, ó han hecho gran daño en el contrario al perderse, ó se conservan en bastante número hácia la conclusion, siendo entonces la esperanza del juego. Por todo esto es por lo que ha podido decir Philidor que los peones son el alma de la partida.

 Entremos ahora en los axiomas que deben tenerse presentes con respecto á ellos.

 Son ocho para cada jugador, se colocan delante de las piezas, toman nombre de ellas, marchan un paso hácia adelante, toman al biés á cualquier peon ó pieza, y llegados á la base contraria, se convierten en dama ú otra pieza.

 Los peones de rey, reina y alfiles se llaman del centro, los de caballos y torres, de las alas.

 Los peones del centro son superiores en el ataque y defensa, y tan importantes, que constituyen la fuerza del juego: los de las alas tienen mas proba bilidad de llegar á dama y deben sostenerse como los del centro.

 El peon de rey, sostenido por el de reina, es el mejor, y no debe cambiarse por el del alfil real contrario: ambos peones deben sostenerse por los de los alfiles, para que estos les sucedan en caso de pérdida.

 No se debe tomar con el peon real, sino dejar que le tomen, para que le reemplace el que le apoye ó bien se adelante el atacado: tampoco no se tome con el de dama el del alfil, de la dama contraria, ni se permita la union del peon real enemigo con el de la dama propia.

 Debe procurarse no doblar un peon, esto es, no colocarlo delante de otro en línea vertical ó perpendicular, pues entonces se deja abierta una línea y el peon doblado no suele valer mas que por sencillo; pero se desdobla el peon cuando alguno de los dos come peon ó pieza: algunos dicen que un peon doblado en el centro es muy útil, y Philidor sostiene, en la esplicacion de su Primera partida, que, ligado con otros, no es desventaja cuando se acerca al centro.

 Debe intentarse tener peones pasados, esto es, sin peones enemigos que detengan su marcha hácia dama: debe, por lo mismo, evitarse que el contrario pase peones, pues estos suelen ser escelente apoyo á las piezas para el mate, además de la facilidad que ellos tienen para coronarse.

 No debe avanzarse el peon atacado por los dos peones del centro: vale mas defenderlo por no perder este punto, que es donde está la fuerza del juego.

 No deben pasar de su cuarta casa los peones del centro sino con ventaja conocida, porque desde el centro para atrás el juego está encadenado á la defensa, y avanzando demasiado los peones, el centro es presa del enemigo y los peones atacados por la espalda.

 Debe reforzarse el grupo mas numeroso de peones, y si llega á abrir calle sobre el rey, dá la partida.

 En cada grupo aváncese el peon del centro, el cual estará sostenido por los que queden detrás á su costado.

 Un grupo de peones avanzados es de tal importancia, que á veces conviene rendir pieza á su sostenimiento, ó dar una superior por otra inferior: Philidor, en una de sus partidas, hace que el blanco ceda una torre por un caballo para sostener así sus peones avanzados.

 El peon del alfil real debe avanzarse con precaucion y reservarlo para que reemplace, en caso contrario, al del rey: el del alfil de dama conviene que avance así mismo una sola casa.

 Es bueno dar el peon de alfil real por elpeon real, pues se conserva el centro con los peones de rey y reina, y enrocando por el lado corto, se tiene en juego la torre desde el principio.

 El peon real, ó el de alfil real puesto en lugar de aquel, vale por una pieza cuando va sostenido.

 Conviene llevar tres peones de frente: cuando se tienen en línea de batalla los de rey y reina, no debe avanzarse ninguno de estos, y sí esperar cambio.

 Importa mover los peones de suerte que no obstruyan la enfilada de los alfiles: si el peon del alfil real moviere , por ejemplo, dos pasos, dejaria casi sin juego al alfil de dama.

 Los peones de los caballos no deben adelantarse sino para sostener los de los alfiles cuando avancen mas de un paso.

 Se llaman peones de zancadilla los de dama y alfil real, y dan la zancadilla cuando avanzan dos pasos.

 La mejor salida es la del peon real dos pasos, ya porque se toma posicion en el centro, ya porque se da salida á la dama y alfil real.

 Una prueba de la importancia de los peones es que el que los tiene bien colocados y sostenidos, es superior y gana de hecho á su contrario por buen uso que haga este de sus piezas.

 El que tiene la salida gana; lo cual debe al hecho de anticiparse en posicion con los primeros peones. Segun algunos, á las nueve jugadas gana un peon, y á las trece un caballo.

 El mejor órden de peones convienen todos en que es la cuña de Vejecio ú órden oblícuo sobre el centro, retrayendo las alas, que es el que dicen que usó Epaminondas en la batalla de Mantinea. M. Jaensich no dá gran importancia á los peones del centro de que trata Ruy Lopez; pero aunque aprueba esta opinion el periódico La Regencia, no parece ser la mas conforme á razon ni á autoridad.

 Unos prefieren adelantar todo lo posible la cuña de peones, otros conservarlos en triángulos á la defensiva, otros sostenerlos en grupos despues de mediada la partida: todos dicen que dos peones de frente valen mas en la cuarta que en la sexta casa.

 Cuando se da un peon de ventaja suele ser el de alfil real.

 Procúrese no adelantar peones que obstruyan piezas, y aun á veces conviene rendir peon para desembarazar pieza: es útil tener los peones en color distinto del del alfil.

 Importa, segun algunos, no permitir dos pasos al peon enemigo del caballo de dama, pues, en general, los peones de los caballos avanzados conspiran contra el rey, sobre todo si movió el peon de torre.

 El peon de torre conviene que esté avanzado un paso: cuando se quiera dificultar el enroque se avanzarán los peones de las alas, que son los que mas daño hacen al rey enrocado; pero, en general, no deben avanzarse, para que elrey no enroque por el lado débil.

 Es muy importante desunir los peones enemigos para procurar movimiento á las piezas propias y tener contra el enemigo un alfil sostenido por un peon de su color.

 La salida primera del peon de alfil de dama dos pasos es defensiva, segun Philidor, para quien no tiene la mano, y buena para tantear al contrario.

 Los peones de las alas que, sin haberse movido de sus casas, defienden á veces al rey, sobre todo enrocado, no deben estar de frente, pues le obstruirian la fuga si se veia atacado (que seria de muerte) por dama ó torre; y por eso conviene avanzar uno de ellos; pero tampoco deben separarse de esa posicion, sino esperar á pié firme protegidos por el mismo rey.

 A una masa de peones enemigos enfilados contra el rey debe este oponer los suyos.

Debe especularse con los mismos peones contrarios, pues á veces uno de estos conviene como propio, para que evite la enfilada enemiga, sobre todo de las torres; y otras para cubrirse con ellos de las piezas mayores.

 Los peones reunidos al rey suelen, cuando no avanzar con éxito hasta coronarse, á lo menos defenderse hasta hacer tablas la partida.

 El peon que llega á la base contraria se convierte en dama, segun los mas[1] aunque esté la primitiva en el tablero. Esto es lo mas justo; pero lo mas usual y equitativo es no pedir dama si la hay, sino otra pieza.





  1. Entre ellos La-Bourdonnais.