El astro errante

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El astro errante
de Olegario Víctor Andrade


A ELOÍSA
I

Perdido en los espacios infinitos,
como un ave en los mares sin riberas,
espectro de algún mundo fenecido
iba un astro de esferas en esferas.

Había extraños rumores en su seno,
mmores de huracán encadenado;
unas veces rodaba turbulento,
otras, con paso lúgubre y callado.

¿A dónde iba? Fantasma de los cielos
condenado a vagar eternamente,
parecía sentir que vacilaba
la corona de nubes en su frente.

Iba en pos de la luz y no la hallaba,
buscaba a Dios por el espacio mudo,
¡ y más allá ! el abismo le gritaba,
en su lenguaje misterioso y rudo.

Siempre girando en la extensión vacía,
siempre herido del vértigo y sin nimbo,
unas veces se alzaba, otras caía,
cual si quisiera amedrentar al mundo!

Una noche — que noche era su vida, —
noche eterna de luto y abandono,
en que soñaba hallar tras una nube
de la gloria de Dios el alto trono ;

Sintió como una ráfaga caliente
de lejanas esferas descendida,
beso de luz que acarició su frente
e hizo en su seno palpitar la vida.

Era la luz piadosa de una estrella
que en su camino de orfandad y duelo
arrojaba las flores de su lumbre,
mágicas flores del jardín del cielo !

Era la estrella plácida que al cabo
enviaba Dios al astro peregrino,
para alumbrar sus vacilantes pasos
en la noche sin fin de su destino.


II


Y desde entonces el astro fué rodando,
coronado de vividos fulgores ;
las nubes de su lado se alejaron,
callaron de su seno los rumores!

Yo era el astro que erraba en el espacio
al azar de los vientos de la vida,
y tú fuiste la estrella misteriosa
que me brindó su lumbre bendecida.

Sin tí, la eterna noche me rodeara
como al astro maldito del vacío,
y mi vida sin tí se consumiera
en perpetuo y estéril desvarío.

Tú me diste la fe que me faltaba,
me calentó la luz de tu mirada,
y esa luz que me envidian los extraños
es la luz de tu amor: ¡es luz prestada!