El avestruz y la perdiz

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Fábulas argentinas
El avestruz y la perdiz
 de Godofredo Daireaux


Un avestruz, las alitas hinchadas y el pescuezo estirado, recorría la Pampa como despavorido, yendo y viniendo por todas partes.

Se acercaba la primavera, y por todas partes, se veían teros, patos y perdices, palomas y demás pájaros aprontando los nidos, afanados en preparar todo lo necesario para la próxima empolladura.

Todos miraban admirados al avestruz, y como no entendían el porqué de sus andanzas, pensaban lo que cuando no se entiende se piensa, que se había vuelto loco. Como don Churri es persona de mal genio, nadie se atrevía a preguntarle qué motivo tenía para correr así, en vez de acordarse como la demás gente, de la estación que empezaba y de la nueva familia que había que formar.

Sólo una martineta con quien estaba en muy buenas relaciones, un día, le dejó entender que su conducta daba mucho que hablar. El avestruz le contestó que más extraña era la conducta de todos los demás pájaros que, sin ton ni son, sin saber lo que hacían, iban edificando nidos en todas partes y poniendo huevos sin contar.

-Que así lo haga la gallina -dijo-, todavía se comprende, porque si algo le falta, el hombre se lo da... (y ya se sabe por qué); pero nosotros, los pájaros Silvestres, sin más recursos que los que nos proporciona la naturaleza, debemos ser previsores y pensar en el porvenir. Este año es de sequía; poco pasto va a haber, y antes de formar familia, me parece necesario ver primero a dónde podré llevar a mis esposas, para mantenerlas bien, y cuántas podré mantener, y cuántos pichones podrá criar cada una. Y por esto es que, antes de decidirme, estudio el asunto.

Sistema recomendable, este, de calcular los recursos antes de empezar a gastar.