El canto de la esposa

De Wikisource, la biblioteca libre.
Ir a la navegación Ir a la búsqueda
El canto de la esposa
Imitación del Cantar de los Cantares
 de Ventura de la Vega



LA ESPOSA      
Ven a tu huerto, Amado;
que el árbol con su fruto te convida,
y el céfiro callado
espera tu venida:
tú al céfiro y al huerto das la vida.

La aurora nacarada
desdeña esquiva la purpúrea rosa,
a la tierra inclinada:
la abeja silenciosa
ni en torno gira, ni en la flor se posa.

Ni a su consorte halaga
el ruiseñor, sin ti cantando amores;
ni mariposa vaga
entre las gayas flores,
desplegando sus alas de colores.

Ven a tu huerto, Esposo;
ven a gustar las sazonadas pomas
en mi seno amoroso;
ven, que si tú no asomas,
sin ti mi seno es huerto sin aromas.

Ven, que por ese prado
el sol ardiente tus mejillas tuesta:
aquí el roble copado
blanda sombra nos presta,
y en mi regazo pasarás la siesta.

Yo duermo en mi morada;
mas del Esposo, el corazón velando,
espera la llegada.
Ya oí su acento blando;
el Esposo a mi puerta está llamando.


EL ESPOSO      
Abre, Esposa querida;
no te detengas, no, consuelo mío;
ábreme por tu vida;
que yerto estoy de frío,
mis cabellos cubiertos de rocío.


LA ESPOSA      
¡Ay que el desnudo pecho
temo al aire sacar, Esposo amado,
de mi caliente lecho!
¡Ay que el pie delicado
temo llegar al pavimento helado!

Sus dedos el Esposo
entró por los resquicios de la puerta:
a su tacto amoroso
mi corazón despierta,
y toda tiemblo avergonzada, incierta.

Alceme presurosa
para abrir al Esposo que esperaba,
y mirra muy preciosa
mi mano destilaba,
que corrió por los gonces de la aldaba.

Mas el Esposo amado
no me esperaba, ¡ay triste!, y era ido
celoso y despechado.
Mi acento dolorido
llámale, y no responde a mi gemido.

Los guardas me encontraron
que la ciudad custodian, y me hirieron,
y el manto me quitaron,
como sola me vieron,
y ramerilla pobre me creyeron.

Doncellas de Judea,
si por dicha encontráis mi fugitivo,
decidle que no sea
con su adorada esquivo,
que ya morada y lecho le apercibo.

¿Conocéis por ventura,
castas doncellas, a mi Esposo ausente?
Gallarda es su figura
como el cedro eminente,
y bruñido marfil su tersa frente.

Conoceréis quién sea,
si al verle os encendéis con fuego vivo.
Doncellas de Judea,
traedme al fugitivo;
que amor y esposa y lecho le apercibo.


1825