El cazador y los conejos

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El cazador y los conejos
de Félix María Samaniego



Poco antes que esparciese 
Sus cabellos en hebras
El rubicundo Apolo 
Por la faz de la tierra, 
De cazador armado, 
Al soto Fabio llega. 
Por el nudoso tronco 
De cierta encina vieja 
Sube para ocultarse 
En las ramas espesas. 
Los incautos conejos 
Alegres se le acercan. 
Uno del verde prado 
Igualaba la hierba; 
Otro, cual jardinero, 
Las florecillas siega; 
El tomillo y romero 
Éste y aquél cercenan; 
Entre tanto al más gordo 
Fabio su tiro asesta; 
Dispara, y al estruendo
Se meten en sus cuevas 
Tan repentinamente, 
Que a muchos pareciera 
Que, salvo el muerto, a todos 
Se los tragó la tierra. 
Después de tanto espanto, 
¿Habrá alguno que crea 
Que de allí a poco rato
La tímida caterva, 
Olvidando el peligro, 
Al riesgo se presenta?
Cosa extraña parece 
Mas no se admiren de ella. 
¿Acaso los humanos 
Hacen de otra manera?