El gaucho y el potro

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Fábulas argentinas
El gaucho y el potro
 de Godofredo Daireaux


Un gaucho iba a domar un potro. No le faltaban huascas y hasta las tenía de sobra, pero se le ocurrió, para compadrear quizá, que lo ensillaría sin manearle las patas. El apadrinador le aconsejó de no hacerse el zonzo, haciéndole observar que el animal era bellaco y que sin manearlo antes, iba a ser muy trabajoso el lidiar con él.


El hombre no quiso entender nada, y como si hubiera sido apuesta, empezó la operación.


Por supuesto que diez veces volaron las bajeras y las caronillas y que para alcanzar a colocarle los bastos fue trabajo sin igual; pero fue peor cuando se trató de apretarle la cincha. El gaucho era vivo, fuerte, ágil; le conocía las mañas al más diablo, pero asimismo no pudo acabar de ensillar al potro y resultó pateado.


No hay duda que a veces bien se llegaría a ensillar sin manear; pero teniendo huascas, es pavada no usarlas.