El libro de los Cantares: 03

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El libro de los cantares
La primera verbena​
 de Antonio Trueba


3
LA PRIMERA VERBENA

La primera verbena
que Dios envía
es la de san Antonio
de la Florida.

              I
Entre flores y ramas
tienes tu ermita,
glorioso san Antonio
de la Florida;
ramas y flores
te dan, Santo bendito,
¡tu dulce nombre!

Bien haya el arquitecto
que edificara
tu templo entre las flores
y entre las ramas,
hermoso emblema
del patrón de los niños
y las doncellas!

Tras las floridas lomas
de Sumas-aguas
se hunde el sol entre nubes
de oro y de nácar;
su luz postrera
brilla en el santo muro
de la Almudena!

Siempre que el sol se esconde,
virgen María,
melancólica y triste
queda tu villa…
¡Santa Patrona!,
que el sol para tu villa
nunca se esconda!

Sobre el dorado alcázar
que el cerro ocupa,
vertiendo resplandores
sale la luna,
y en las tranquilas
ondas del Manzanares
sus rayos brillan.

Repican las campanas
de san Antonio;
todos los corazones
laten de gozo,
todos los labios
publican de las almas
el entusiasmo.

Ya bajan por la cuesta
de san Vicente
doncellas y mancebos
cantando alegres;
ya el pueblo invade
la florida ribera
del Manzanares.

Virgen de la Almudena,
¡santa Patrona!
¡que la luna esta noche
su luz no esconda,
pues ilumina
la primera verbena
que Dios envía!

              II

¡Oh qué azul es el cielo
de nuestra patria!
Azul como tus ojos,
niña del alma,
virgen hermosa,
débil enredadera
¡que en mí te apoyas!

¡Oh qué serenas brillan
luna y estrellas!
¡Qué bien huelen las flores
de la pradera!
¡Qué perfumadas
a refrescar mi frente
vienen las auras!

Gloria al Señor que puso
mi pobre cuna
donde hay estas estrellas
y hay esta luna
y hay estas flores
y hay estas dulces auras
y hay estas noches!

Todos se regocijan
en la verbena,
todos, mozos y ancianos,
varones y hembras,
cantan y bailan,
comen, beben y ríen
o amores tratan.

Para tratar amores
unos anhelan
las misteriosas sombras
de la arboleda,
los otros buscan
las praderas en donde
brilla la luna.

Y en el prado florido
o en la arboleda,
a la luz de la luna
o en las tinieblas,
¡qué bien, Dios santo,
se comprenden los pechos
enamorados!

El oriente se inunda
de resplandores,
estrellas y luceros
su luz esconden,
las aves cantan,
aquí suenan clarines,
allí campanas.

Y por ver los encantos
de la ribera,
y escuchar los cantares
que en ella suenan,
los moradores
del alcázar se asoman
a los balcones.

¡Oh qué hermosa es la vida,
pues la engalana
cada veinticuatro horas
una alborada!
¡Oh si tuviera
cada veinticuatro horas
una verbena!

              III

Repican las campanas
de San Antonio,
el templo abre sus puertas
a los devotos…
¡Bendito sea
el patrón de los niños
y las doncellas!

De agradecidas madres
son donativo
esas flores que adornan
el santo niño,
el niño hermoso
que sonríe en los brazos
de san Antonio.

Y en el altar pusieron
esas guirnaldas
las tiernas doncellitas
enamoradas,
que al Santo deben
el ver correspondido
su amor ardiente.

¿Veis esa hermosa joven
que llega al templo
conduciendo en sus brazos
un ángel bello?
Pues es la madre
con quien todas las noches
sueña ese ángel,

y a cumplir viene un voto
que al Santo hizo
estando moribundo
su dulce hijo,
sin esperanza
viendo el fruto bendito
de sus entrañas!

¿Veis esa hermosa virgen
cuya mejilla
se pone colorada
cuando la miran?
¿que al altar llega
cargadita de rosas
y de azucenas?

Pues sabed que en la villa
cuentan que un voto
hizo al Santo bendito
si hallaba novio,
y desde entonces
va un mancebo a su reja
muerto de amores.

Hijos de la armonía,
nobles hermanos,
ofrenda de cantares
traed al Santo,
que hoy es la fiesta
del patrón de los niños
y las doncellas.