El lobo y el mastín

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El lobo y el mastín
de Félix María Samaniego



Trampas, redes y perros
Los celosos pastores disponían
En lo oculto del bosque y de los cerros, 
Porque matar querían
A un Lobo por el bárbaro delito 
De no dejar a vida ni un cabrito. 
Hallóse cara a cara
Un Mastín con el Lobo de repente, 
Y cada cual se para,
Tal como en Zama estaban frente a frente, 
Antes de la batalla, muy serenos
Aníbal y Scipión, ni más ni menos. 
En esta suspensión, treguas propone 
El Lobo a su enemigo.
El Mastín no se opone, 
Antes le dice: «Amigo, 
Es cosa bien extraña, por mi vida, 
Meterse un señor Lobo a cabricida. 
Ese cuerpo brioso
Y de pujanza fuerte,
Que mate al jabalí, que venza al oso. 
Mas ¿qué dirán al verte
Que lo valiente y fiero
Empleas en la sangre de un cordero?» 
El Lobo le responde: «Camarada, 
Tienes mucha razón; en adelante 
Propongo no comer sino ensalada.» 
Se despiden y toman el portante. 
Informados del hecho
Los pastores, se apuran y patean; 
Agarran al Mastín y le apalean. 
Digo que fue bien hecho;
Pues en vez de ensalada, en aquel año 
Se fue comiendo el Lobo su rebaño. 


¿Con una reprensión, con un consejo 
Se pretende quitar un vicio añejo?