El modo de hacer pontífices

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El modo de hacer pontífices
de Félix María Samaniego


Un joven arriscado

de una soltera estaba enamorado

y el tiempo que a su lado estar podía

el dedo la metía

para saciar de amor su ardiente llama

sin que pierda su fama,

y ella, en tanto, la mano deslizando

por bajo de la capa

(que es quien urgencias semejantes tapa),

manejándole aquello, cariñosa,

le sacaba la savia pegajosa.

A este entretenimiento

puso fin de la iglesia el cumplimiento;

fue a confesar el joven, cabizbajo,

y contándole al fraile su trabajo,

en vano se disculpa

pues Su Paternidad siente que es culpa

su diversión muy grave,

y en tono de sermón dice que sabe

que el Espíritu Santo

maldice al hombre que con vicio tanto,

por su infame malicia,

en la tierra su jugo desperdicia

cuando, bien empleado en cuerpo humano,

quizá produciría

un obispo o pontífice romano;

Y que si le absolvía

era con condición de que volviese

pasada una semana

enmendado de culpa tan liviana

y que lo mismo hiciese

la cómplice infeliz de su delito.

Pasó el tiempo prescrito

y el penitente presentose ufano.

-Padre, le dijo, ya, porque no en vano

en la tierra se vierta la simiente

al tiempo que al salir se precipita,

mi amada, diligente,

la ha recogido en esta redomita,

que traigo para que haga lo que quiera,

echándola a su gusto en cuerpo humano;

pero si mi opinión prevaleciera,

sólo haría un pontífice romano.