El pensamiento del Caudillo (1920)

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REGIO AUTOGRAFO
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EL PENSAMIENTO DEL CAUDILLO

«Hablad de Mí—nos dice—como soy y seré siempre, con la gracia de Dios: no como un simple Jefe de Partido o pretendiente ambicioso de una Corona, sino como Representante de una Comunión inmortal, con la que estoy plenamente identificado: como R. legítimo y Padre amorosísimo del caballeresco pueblo español, sin acepción de personas ni de fracciones políticas.»



 Mi querido Izaga: Cuando se me propuso tu nombre para la Dirección de EL CORREO ESPAÑOL, conocedor de las cualidades que te caracterizan y distinguen, lo acepté confiando en que demostrarías la eficacia de tu intervención en lo intelectual y material del periódico. Ahora, que veo y aplaudo los adelantos que has conseguido en tan breve tiempo, a pesar de las muchas dificultades que te rodean, me congratulo de la elección que hice en tu persona y te felicito por la pura doctrina, bella forma con ilustraciones adecuadas y variada y práctica información de que le has dotado.

 Sigue, animoso, la ruta que has emprendido. No olvides que España, como todos los pueblos mundo, se halla en uno de los períodos más solemnes de su existencia, en el que se conmueven los seculares cimientos de su Historia y sufren pavoroso eclipse los principios esenciales de orden, de justicia, de autoridad y de progreso legítimos.

 Sostened y difundid íntegramente nuestros ideales religiosos, políticos y sociales, llevando a la inteligencia de cuantos nos desconocen la convicción de que ellos son el único punto de convergencia espiritual fecunda de los españoles honrados, una vez que nuestra inmaculada Bandera, conciliando a todos los corazones generosos y armonizando las antiguas instituciones gloriosas con las modernas necesidades, pueden traer la verdadera felicidad a nuestro amado país, salvándole de la profunda crisis que abate los alientos y pone en peligro inminente la vida nacional.

 Presentad a la Causa tradicionalista con la bondad indiscutible de las doctrinas que la informan y la patriótica generosidad de las aspiraciones y sentimientos que la inspiran, y hablad de Mí como soy y seré siempre, con la gracia de Dios: no como un simple Jefe de partido o Pretendiente ambicioso de una corona, sino como Representante de una Comunión inmortal, con la que estoy plenamente identificado; como R. legítimo y Padre amorosísimo del caballeresco pueblo español, sin acepción de personas ni de fracciones políticas, que siente todas las responsabilidades de su nacimiento, cumple todos los deberes de su misión sin compromisos extraños y acepta todos los sacrificios que le señala su vehementísimo deseo de restaurar a su Patria, con el concurso de todos los hombres de recta voluntad.

 Ardua y transcendental es la empresa que te encomiendo; pero me tranquiliza la esperanza de que encontrarás cooperadores y auxiliares cultos, abnegados y decididos en todos los que forman la Redacción del Diario, en la que deben reinar la fraternidad y compenetración efusivas de sentimientos y convicciones, naturales en quienes profesan una misma Fe religioso-política. Y a fin de que en ningún momento peligre esta disciplina, impuesta por la necesidad y basada en el afecto, confiérote amplias facultades para nombrar y separar libremente a los Redactores que estimes indispensable u oportuno, y para adoptar las normas que conduzcan a la prosperidad de EL CORREO ESPAÑOL con provecho de la Causa y según Mis vigilantes instrucciones.

 Dios te guarde, mi querido Izaga, como de corazón lo desea tu afectísimo,

       Jaime.



 París, 5 de Octubre de 1920.

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