El pobre y el aparecido

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Nuevas fábulas
El pobre y el aparecido

de Felipe Jacinto Sala




Un embozado, en noche tenebrosa,
llamó a la puerta de un albergue humilde:
-«¿Quién sois?» -le preguntó su pobre dueño.-
-«Un dadivoso; no temáis: abridme.»-
El dueño vaciló.-«Presto, insensato;
»vengo a endulzar la suerte que te oprime;
»quiero sembrar tu vida de placeres,
»y poner fin a tu miseria horrible.»-
El dueño, entonces, entreabrió el postigo;
y al ver, cercado de tinieblas tristes,
lívido espectro de espantables ojos,
lanzó un grito de horror.
-«Calla; no grites.»
-le dijo aquél, y murmuró a su oído
no sé qué frase, al parecer terrible.-
-«¡Huye, Satán! Tu idea me estremece;
»tienes instinto y corazón de tigre;
»desvalido viví, mas viví honrado.
»Si hubo escaseces en mi mesa humilde,
»ellas nunca turbaron mi contento
»ni el goce de mis sueños apacibles;
»aléjate, ¡por Dios!»-
-«Toma.»-
-«¿Qué es eso?»-
-«Metal que rompe los más fuertes diques:
»imán potente que avasalla el mundo.»-
-«¿Oro tal vez?»-
-«Sí tal; toma...»-
-«Imposible.»-
-«Desecha esos escrúpulos cobardes.»-
-«¡Cielos, tanto!!»-
-«Y aún más; toma, infelice.»-
El pobre abrió la puerta sigiloso,
y el torvo protector, al descubrirse,
mostró agudo puñal teñido en sangre,
y un pecho de culebras... Era el Crimen.
La modesta vivienda de aquel pobre
trocola el huésped en palacio insigne;
y en breves horas, con tenaz misterio,
lo henchió de bienes y grandezas viles.
-«Adiós, -clamó después,- se acerca el día;
»y huyo su luz. No olvides cuanto dije:
»los medios más ilícitos son buenos
»con tal que puedas alcanzar tus fines.»-
Fuese y un rayo que brilló en las nubes
vistió su cuerpo de siniestros tintes.
El novel potentado, desde entonces,
fosco y sombrío en su palacio vive
tiene insignias y joyas y brocados,
tiene trenes y espléndidos jardines;
pero la calma de sus pobres lares
y la paz de su alma ya no existen.
¡Ay! los remordimientos son las sierpes,
que su culpable corazón oprimen.
Si anhela hallar olvido a los deleites,
allí el sangriento espectro le persigue;
si entre plumón y holandas busca el sueño,
a su deseo el sueño se resiste
y es haz de espinas su mullido lecho...
Que no hay blanda almohada para el crimen.