El primer centenario del Templete: El monumento en nuestros días

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El primer centenario del Templete
El monumento en nuestros días
de Mario Lescano Abella


El Templete sufre desperfectos cuando el ciclón de 1844.— En 1851 se aisla su verja del castillo de la Fuerza. —Destrucción de una de sus lápidas.—El latín del doctor Dihigo.—El monumento al cumplirse su primer centenario.—Labor plausible del alcalde de la Habana, doctor Miguel Mariano Gómez.


PARECE que el Templete, luego de esas efervecencias de entusiasmo que hemos reseñado, vive en el olvi­do. Frente al Palacio del Virrey asiste, impertérrito, a los acontecimientos que se suceden. Un ciclón le inflige grandes daños en 1844 a la columna; derriba la Virgen, que es de plomo, rompiéndola, desprendiendo al niño Jesús de sus brazos y dañándole la corona y el pedestal. El ayun­tamiento, ante aquellos estragos, vuelve sus ojos al monumento y ordena su arreglo. Un tal Francisco García se ocupa de las re­paraciones. Pocos años después, en 1849, el Síndico Procurador General llama la atención acerca de que el edificio se encuentra en mal estado, por el tiempo transcurrido desde su construcción y porque no hay persona alguna que le cuide. Se gastan doscien­tos cincuenta pesos en arreglarle. Dos años después, con motivo del crecimiento de la ciudad, se acuerda separar la verja del Templete del castillo de la Fuerza, abriendo entre ambos la am­pliación de la calle de O'Reilly.

Desaparece entonces la puerta monumental construída en 1828 por el Cuerpo de Ingenieros, y en cuyo mainel había un escudo con las armas de la ciudad, rodeado de una orla que decía: "La siempre fidelísima ciudad de la Habana". Hubo interés en con­servarlo. La Comisión Superior de Policía Urbana or­denó que se le tratase con precauciones y se le pusiera a buen recaudo. El comandante de Ingenieros se quedó con él. En el Cabildo la protesta fué ruidosa. Hasta el Capitán General su­bió la queja y éste, en 1853, resolvió que el escudo en litigio pa­sase a ornar el Castillo del Príncipe.

El monumento vuelve a merecer la atención de las gentes en 1892, con ocasión del centenario del descubrimiento de América. Se dispone por el Cabildo que se le pinte. El Dr. Manuel Pérez Beato, desde las páginas de su revista "El curioso americano", pide que las lápidas que se encuentran cubiertas de cal, por lo que no se pueden leer sus inscripciones, sean descubiertas. Envía a cada concejal un número de su periódico para que su solicitud sea conocida de todos. No se le hace caso y una nueva capa de blanco las cubre. En 1903 se quiere rectificar y cuando van a ser limpiadas se quiebra en varios pedazos la que tenía la inscripción latina y que era de piedra. Entonces los ediles acuerdan repetir la leyenda en una losa de mármol. Se pone mano a la obra y el concejal D. Ramón Meza y Suárez Inclán nota que el marmo­lista cometió varios errores. El doctor Juan Miguel Dihigo recibe el encargo de rectificar éstos. Aprovecha la oportunidad para en­mendar otros que, según el referido catedrático, pudieran haberse cometido al grabar la piedra en época del gobernador Cagigal. Y contra esta profanación solo se alza una voz: la del doctor Gabriel Camps en "Cuba y América". A partir de entonces la lápida dice así en el pulido latín del escrupuloso profesor:
«SISTE GRADUM VIATOR ORNAT HUNC LOCUM ARBOR CEIBA FRONDOSA POTIUS DIXERM PRIMAEVAE CIVITATIS PRUDENTIAE RELIGIONIS PRIMAEVAE MEMORABILE SIGNUM SIQUIDEM EJUS SUB UMBRA APPRIME HAC IN URBE INMOLATUS SALUTIS AUCTOR, HABITUS PRIMO PRUDENTUM DECURIONUM SENATUS DUOBUS PLUS ABHINC SECULIS PERPETUA TRADITIONE HABEBATUR, CESSIT TAMEN AETATI. INTUERE IGITUR ET NE PEREAT IN POSTERUM HABANENSIS FIDES. ASPICIES IMAGINEM SUPRA PETRAM FUNDATAM HODIE NIMIRUM ULT, MENSIS NOVEMBRIS ANNO MDCCLIV. EL AYUNTAMIENTO DE LA HABANA ACORDO LA RESTAURACION DE ESTA LAPIDA EN 1o DE OCTU­BRE DE 1903.»

El doctor Sánchez de Fuentes condena en su obra "Cuba mo­numental, estatuaria y epigráfica", las correcciones de su colega el Dr. Dihigo, aunque no con el ardor que hubiera inspirado al inmenso John Ruskin reparaciones de ese jaez.

El alcalde municipal de la Habana, doctor Miguel Mariano Gómez —el buen alcalde, como merecerá ser llamado en los ana­les de nuestra ciudad— ha dedicado al Templete cariñosa aten­ción. Uno de sus colaboradores más eficaces y distinguidos, el ingeniero y arquitecto señor Evelio Govantes y Fuertes, que desempeña las funciones de Jefe del Departamento de Fomento del Ayuntamiento y de Arquitecto Municipal, ha dirigido la res­tauración del monumento. (*)
(*) El Arquitecto Municipal señor Govantes, con motivo de las obras rea­lizadas por su iniciativa y bajo su dirección, dirigió al Alcalde la siguiente comu­nicación:
La Habana, diciembre 8 de 1927.
Señor Alcalde Municipal de la Habana.
Señor:
Cábeme la satisfacción de participar a usted que las obras comenzadas para restaurar el Templete han sido ya terminadas con un costo total de $2.470.24.
Con estas obras de restauración se ha procurado devolver al monumento toda su antigüedad, pues contra todo arte y contra toda lógica las distintas lápidas; la verja y la columna conmemorativa, desaparecían bajo una costra de repellos y de pinturas, que fué necesario raspar, así como la capa de aluminio que cubría la Virgen del Pilar, dándoseles a las piedras, que en algunos casos hubo necesi­dad de labrar de nuevo, una mezcla especial para imitar la pátina que el trans­curso del tiempo deja sobre ellas.
Se quitó el marco de madera que indebidamente encerraba la lápida del tím­pano y fué sustituido por otro de piedra.
Los pilares sostenedores de la cadena que rodean la columna se sustituyeron por otros de piedra de Jaimanitas debido a que el tiempo transcurrido amenazaba destruir la piedra de San Miguel de que estaban hechos.
En el interior del Templete se instalaron reflectores para iluminar científica­mente los cuadros allí existentes.
Asimismo las dos escalinatas de cemento que daban acceso al monumento, se sustituyeron por otras de piedra de Jaimanitas.
Terminadas las obras de restauración ejecutadas en el Templete, me permito sugerirle las siguientes ideas, esperando las acoja con el calor que Ud. dispensa siempre a todo lo que de alguna manera tienda al progreso urbano y al beneficio de este Municipio.
a) Nombrar un guarda del Templete con carácter permanente, que cuide de su entretenimiento y limpieza y que tenga a su cargo la vigilancia del mismo a fin de que evite cualquier profanación del monumento o acto que tienda a su deterioro.
b) Que dicho monumento permanezca abierto todo el año bajo la custodia del guarda mencionado, a fin de que pueda ser visitado por los habitantes de la ciudad, forasteros y, particularmente por los extranjeros que nos visiten.
c) Que se restauren los cuadros que existen en este lugar, de un valor histó­rico indiscutible, ejecutados por Juan Bautista Vermay discípulo de Goya y de David. Estos cuadros han sufrido dos restauraciones y es indispensable restau­rarlos nuevamente, pues en muchos lugares la tela está destruida y los colo­res se encuentran apagados.
d) Que se cuiden los canteros exteriores e interiores, sembrando césped y plantas de pequeño tamaño.
e) Que a virtud de estarse deteriorando la inscripción que existe grabada en piedra de San Miguel, y colocada en la columna o padrón, se haga una repro­ducción exacta de la misma en granito gris, sacando al efecto una plantilla de la actual, a fin de no omitir el más mínimo detalle. La lápida original podría remitirse al Museo Nacional para su conservación.
f) Que se construya otra lápida igual, grabada también en granito, de la misma forma de la existente, con el mismo tipo de letra pero redactada en latín y con la inscripción original, en sustitución de la que existe actualmente graba­da en mármol con letras de plomo. Estimo que esto fué un gran disparate que debe rectificarse.
Estas lápidas podrían hacerse en los Estados Unidos o en Noruega.
g) Imprimir en un folleto la historia del Templete y de la Ceiba y de la columna para repartirlo entre las bibliotecas nacionales y extranjeras.
h) Conmemorar con una fiesta el centenario de su construcción que se cum­ple el 19 de marzo del próximo año.
De usted respetuosamente, EVELIO GOVANTES, Jefe del Departamento de Fomento y Arquitecto Municipal. Libre hoy de la capa de cal y pintura que lo embadurnaba, muéstrase tal como fué inaugurado, con sus piedras desnudas, ahora prestigiadas por la noble pátina del tiempo, como aparece también por la inteligente gestión del se­ñor Govantes y del señor Cabarrocas, su vecino el Palacio del Se­gundo Cabo (hoy Senado de la República) y como se mostrará, en cercana fecha, su otro vecino el Palacio de los Capitanes Ge­nerales, hoy destinado a Casa Municipal. También las lápidas han sido restauradas, al igual que las verjas. Una tarja de bron­ce registra la piadosa labor con la inscripción que dice así:

"PARA CONMEMORAR EL CENTENARIO DE SU CONSTRUCCIÓN FUÉ RESTAURADO ESTE MONU­MENTO SIENDO ALCALDE MUNICIPAL EL DR. MIGUEL MARIANO GÓMEZ Y ARIAS Y ARQUITECTO MUNICIPAL EL SEÑOR EVELIO GOVANTES Y FUER­TES.—LA HABANA, 19 DE MARZO DE 1928."

Asimismo, por iniciativa del señor Govantes, sancionada entu­siásticamente por el alcalde, se festeja este año el primer cente­nario del Templete. Acostumbróse a mantener éste siempre ce­rrado, abriéndose solo al público en la festividad de San Cristó­bal, patrono de la Habana, que se celebra en Cuba el 16 de no­viembre, en vez del 25 de julio, por vieja disposición papal y para no embarazar la fiesta de Santiago, a la que se destina ese día. El 16 de noviembre las devotas habaneras, si quieren lograr tres gracias, deben salir, muy de mañana, de sus casas sin pre­ferir una sola palabra, desde que abandonan el lecho, para dirigirse a la Catedral a formular sus peticiones y elevar sus preces al santo que goza fama de ser hoy tan milagroso, como en vida fué corpulento y fornido. Por disposición del Dr. Gómez, en la actualidad el monumento permanece abierto toda la semana, ex­cepto el domingo, para que lo puedan visitar los turistas curio­sos y los habaneros que gusten de la evocación del tiempo viejo o del estudio de las tradiciones y la historia.

Y por disposición del ilustre alcalde, también, se ha escrito este folleto. No obedece a más propósito que el de vulgarizar la amable tradición de la primera misa y del primer cabildo, y todo cuanto se relaciona con la vieja columna de Cagigal y el Templete. La emoción que despiertan las piedras viejas es sagrada. Todo lo que sea producirla entraña labor plausible. Bien hace la primera autoridad habanera celebrando el primer centenario del monumento. La Habana, capital de la República, mira a la Ha­bana, capital de la colonia, satisfecha de sí misma, pero compla­cida de tener tradiciones. El amor a la patria empieza por el amor al lar. Los nuevos edificios, las amplias avenidas, los sun­tuosos monumentos, se ganan en el presente nuestro asombro y también nuestro orgullo. Pero cuando queramos sentirnos un poco soñadores habremos de ir junto a esos venerables vestigios del pasado. Allí recordando todo lo que fuimos, pensaremos en todo lo que podemos ser.

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