El propósito inútil

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El propósito inútil


 Tiempo, adorada, fue cuando abrasado   
 al fuego de tus lumbres celestiales,   
 osé mi honesta fe, mis dulces males   
 cantar sin miedo en verso regalado...   
 

 ¡Qué de veces en lágrimas bañado   
 me halló el alba besando tus umbrales,   
 o la lóbrega noche, siempre iguales   
 mi ciego anhelo y tu desdén helado!   
 

 Pasó aquel tiempo, mas la viva llama   
 de mi fiel pecho inextinguible dura, 
 y hablar no puedo aunque morir me veo.   
 

 Huyo, y muy más mi corazón se inflama;   
 juro olvidarte y crece mi ternura,   
 y siempre a la razón vence el deseo.