El remordimiento

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El remordimiento


 Perdona, bella Cintia, al pecho mío,    
 si evita cauto tu adorable llama;   
 que Fili solo su fineza inflama,   
 y él la idolatra aun en el mármol frío.   
 

 Si amarte intento, del silencio umbrío  
 su voz infausta por venganza clama:   
 «¿Así, me dice, ¡oh pérfido!, se ama?   
 ¡Ay!, ¡tiembla mi furor, impío!   
 

 Vuélveme a mi inocencia y a mi pura   
 candidez virginal; tú de mi pecho,  
 ¡aleve, aleve!, has la virtud lanzado.   
 

 Vuélveme a mi virtud...» Su sombra oscura   
 me sigue así; y en lágrimas deshecho,   
 me hallo en el duro suelo desmayado.