Elegía IV

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Elegía IV
de Mariano Melgar


Mustio ciprés que viste
Crecer mi amor seguro
Y en cuyo viejo tronco
Escribí: "Silvia, ya mi pecho es tuyo".

Y Tú, claro arroyuelo,
Cuyo dulce murmullo
Acompañó sus voces
Al ofrecerme su corazón puro.

Oídme, ya no puedo
Callar el mal que sufro;
Ya Silvia en ira ardiendo,
Apagar quiere cuanto amor me tuvo.

Y obstinada porfía
Que le he sido perjuro;
Ya rabia y me aborrece,
Y su rabia y su enojo son injustos.

Volved por mí vosotros,
Decid si jamás hubo
Amor que como el mío
Fuera sincero, perdurable y puro.

Decidle cuántas veces
Mirasteis que confuso
Aquí llorar me hacían
Mis amores, mis ansias y mis sustos.

Decidle cuántas veces
Con ardor importuno
Quiso encender Melisa
La llama que apagué viendo su orgullo.

Y cómo yo leyendo
Estos rasgos profundos
Que grabó mi cariño,
Repetí: "Silvia, ya mi pecho es tuyo".

Decidle cuántas veces
Otro primor del gusto,
Otra pastora bella,
Con mil caricias quiso hacerme suya.

Y cómo yo, volviendo
A este tronco robusto,
Para huir el peligro
Leía: "Silvia, ya mi pecho es tuyo".

Decidle que no olvide
Que aunque con rigor crudo
Mi terrible destino
Lejos de ella tenerme propuso.

Yo abandoné mi suerte,
Y a ella con veloz curso
Volví, porque mi afecto
No padeciese menoscabo alguno.

Decídle que aun viendo
Los dolores agudos
Que me ha causado hoy mismo,
Protesto ante vosotros que soy suyo.

Haced así que vea
Que su rigor no es justo;
Que yo siempre la quiero;
Que el olvidarme infiel, es un perjurio.

Y si a pesar de todo
Sigue su rigor duro,
Decidle que me mata;
Que mata al que ella con su amor sostuvo.

Porque ¿cómo viviera
Sin su amoroso arrullo
Mi pecho, siempre amante,
Que en su pecho tiempo ha su nido puso?

¡Ay Silvia! Si me matas,
Si haces hoy este insulto
A un amor que no es digno
Sino de amor eterno, firme y puro.

Moriré, mas mi cuerpo
Haré que en negro luto
Sepulten mis amigos
En este sitio lóbrego y oscuro.

Para que cuando pases
Por este suelo inculto,
Que oyó tantas promesas
De ser firme a mi amor el amor tuyo.

Mi pálido cadáver
Desde el frío sepulcro
Haga temblar tus huesos
Diciendo: "¡Eres cruel!" Su eco profundo.