En hora felice venga

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En hora felice venga
de Manuel Botelho de Oliveira


En hora felice venga
A regir esta Ciudad
El fuerte, el justo, el discreto,
El siempre ilustre Don Juan.

Parabién os dan los nobles,
Parabién la plebe os da:
Que como sois para todos,
Todos os deben amar.

Las luces, y las campanas
En tanta festividad
Hablan con lenguas de fuego,
Y por voces de metal.

Prometísteisle el remedio
De su dolencia mortal,
Que de Político Apolo
No os falta la actividad.

Cumpliste vuestra promesa
Con tanta facilidad,
Que aun visto el bien a los ojos,
Los ojos dudando están.

Lo difícil emprendisteis,
Y lo quisisteis buscar,
Que a un corazón generoso
Brinda la dificultad.

Al mar entregáis la vida,
Y para mayor piedad
La vida ponéis a riesgo,
Para la cura aplicar.

Llegasteis mandando luego
El remedio ejecutar,
Que es útil la medicina,
Cuando se apresura al mal.

Con la moneda, que esperan,
Ya se empiezan a alentar
De los ricos la codicia,
De los pobres el afán.

Si el dinero de los hombres
Sangre se suele llamar,
También les dais nueva vida
Cuando la sangre les dais.

Al Mercader que en su trato
Peligra más su caudal,
Le dais cambios más seguros
Contra los riesgos del mar.

Los Molinos del azúcar
Con tanta ventaja, ya
No serán vasos de miel,
Que vasos de oro serán.

Portugal, y nuestro Estado
No sé cuál os debe más,
Aquel os debe la gloria,
Este, la felicidad.

Nuestras memorias ofrecen,
Con que os quieren venerar,
Holocausto a vuestra imagen,
Y templo a la eternidad.

Sois Príncipe de la sangre,
De cuya estirpe real
Se esmalta vuestra nobleza
Con lumbres de Majestad.

Vivid, Señor, como Fénix,
Porque en la posteridad
Vida de Fénix merece
Quien Fénix es singular.


Esta poesía forma parte del libro Música de el Parnaso (1705)